SIENNA El estado de ebriedad de Miley no se comparaba con su nivel de nerviosismo, lo que me ponía aún más ansiosa de lo que ya estaba. Caminaba rápidamente de un lado a otro, murmurando cosas que eran inentendibles. Su desaliñado pelo rubio y su ropa arrugada le daban un aspecto improlijo que pocas veces vi en todos estos años de amistad. —Miley. Para. Parecía no escucharme, ni siquiera se inmuto con mis reiterados llamados. Agarre uno de los almohadones que estratégicamente cobijaban mi abdomen y lo lance con una puntería demasiado precisa. Una de las esquinas golpeo su cabeza, haciendo que su cuello se doblara un poco. Lleve mis manos a la boca por la sorpresa, nunca imagine que iba con tanta fuerza. Saliendo de su propio trance, como una poseída de esas películas de terror, dio vuel

