Para el lunes, 30 de mayo, y habiendo pasado ya casi dos meses desde que su padre la llamó para decirle que era un hecho que se haría la inseminación, Isabella estaba sólo a la espera de la confirmación de su padre para ir al lugar indicado. Al menos no debía acostarse con ningún tipejo cualquiera y sería solo un negocio para ambas partes, pues su padre le dijo que les darían una mensualidad. El pensar en eso la hizo calmarse levemente, pues serían al menos unos nueve meses de estabilidad económica, los suficientes para encontrar alguna editorial que le diera la oportunidad. “O eso espero… espero que este hombre mande una cantidad suficiente para no tener que preocuparme tanto por los gastos” —pensó preocupada. Durante todo ese tiempo, su padre la había llevado a hacerse diversos estud

