Lacey tomó una almohada, la puso contra su pie y enterró el hocico del Colt en el material. —Sí que puedo. —Apretó el gatillo. Hubo un ruido sordo y un revuelo de plumas. Volvió a mover el pie. —Una advertencia. La próxima vez, me aseguraré de que te quite el pie. Levantando las manos delante de él, se sentó. —¿Haces esto porque te he pegado? —Ven al baño. —¿Por qué? —Se levantó de la cama y estiró su enorme musculatura; había una pausa entre las canciones, así que ella oyó cómo crujían sus articulaciones. Se giró para mirarla. ¿Qué hay ahí? Esto está mal, sabía que era raro, pero parece casi... despreocupado. Se giró y ladeó la cabeza como para examinarla. —Te he preguntado qué pasa en el baño. Ella dio un paso atrás. —Sígueme y te lo enseñaré. —¿Y si no lo hago? Ella ba

