Capítulo 9

1577 Palabras
        Esas fueron las últimas palabras que escuché antes de dormirme sobre un atractivo y buenorro policía. Cuando abro los ojos por el ruido del despertador, me doy cuenta de que estoy en la cama. Estiro el brazo con cuidado, pero Ian no está aquí. Me pongo una camiseta que cubre completamente mis muslos, después cojo las gafas y agarro mi pelo en un moño alto. Me asomo al salón para ver si Ian sigue aquí y me sorprendo cuando veo una nota en el sofá, donde estuvimos ayer. Sólo sexo. Aceptas? Ian. En este momento me encantaría patearle en sus partes hasta dejarle estéril, pero no vale la pena. Con toda la mala leche que tengo, rompo la nota y la tiro a la basura mientras decido mentalmente que lo mejor para mí, es alejarme de él. Después del día de ayer, no ha cambiado nada y aunque me molesta, se que lo mejor para mi es romper la relación de raíz. Ian no podrá ser solo sexo para mi. Me visto con rapidez, me maquillo de forma sencilla y salgo corriendo, es tarde. Cuando llego al trabajo me quedo de piedra al ver a mi hermana allí. —¿Ame? ¿Le ha pasado algo a las niñas? —No.. —frunce el ceño—. Me dijiste que viniera hoy, ¿no te acuerdas? —¡Ah si! Este fin de semana he estado un poco.. —se me encoge el estómago al pensar en Ian—. Ocupada. ¿Aún te interesa el puesto que te ofrecí? —¡Claro! Si Martina está de acuerdo.. —Yo soy la jefa. —respondo de mal humor—. Y te recuerdo que voy a ser tu jefa también. —¿Se te ha subido el cargo a la cabeza? Lu.. ¿Qué te pasa? —Nada, no me pasa nada. Vamos a averiguar si te puedes quedar.. Después de hablar con Martina y con mi jefe, el dueño de la empresa, mi hermana empieza a formar parte de E.L.I. Mi humor empeora conforme pasa el día y es rematado cuando encuentro un correo de Ian en mi sss. ¿Cómo sabe este idiota mi dirección de correo electrónico? maldigo en voz alta, lo que llama la atención de Martina pero no me pregunta. Dios sabe que es mejor no hablarme cuando estoy de mal humor. Lo abro resoplando y flipo en colores cuando leo el correo. De: Ian Parks. Para: Lucía Sellers. Fecha: 30 de mayo de 2016, 11:01 Asunto: Notas en el sofá. Lucía, espero que hayas encontrado la nota que dejé en el sofá. ¿Qué me dices? Ian. ___________ Mosqueada con él, conmigo y con medio mundo, respondo. ___________ De: Lucía Sellers. Para: Ian Parks. Fecha: 30 de mayo de 2016, 13:00 Asunto: Gilipollas. La respuesta es no. Lee el asunto, espero que te guste. __________ Todo mi cuerpo se queja al enviar esa respuesta. Estaba claro que quería decirle que sí y seguir gritando que sí mientras teníamos nuestros encuentros, pero también me conocía y sabía que no lo iba a pasar bien si esto continuaba así. Por primera vez quería algo más con alguien y pasaba completamente de acabar mal. Otro aviso en el correo me sacó de mis pensamientos, pero al ver que era él, cerré el correo y seguí con mi trabajo. —¡Nena! —Martina entra gritando—. ¡Enhorabuena! Por lo visto la editorial Salamandra ha cerrado y la traductora Alicia Dellepiane, le ha recomendado a J.K nuestra editorial y en especial.. ¡A ti! —Espera, espera.. ¿J.K? ¿J. K. Rowling? ¡¿Joanne Rowling?! —¡Si! —¡Siii! ¡SI! ¡SIIII! —me pongo a dar saltos como una niña pequeña. —Quiere que traduzcas su nuevo libro.. Harry Potter and the cursed child. —dice leyendo el título. —¿En serio? —me tiro sobre mi butaca mientras me doy aire con unos folios—. No puede ser real.. —¡Y tanto que lo es, Lucía! Lo tengo aquí mismo. Martina me entrega los documentos y se va. Me deja con cara de flipada. Ojú, ¡esto no puede estar pasándome a mí! Es increíble. Sacaremos un buen dinero de esta publicación, todo el mundo querrá comprarlo.. Sacudo la cabeza. ¡Ya está bien de soñar! Me riño a mí misma, y me pongo a trabajar. IAN —¿Qué te pasa hoy colega? —grita Israel desde la cinta de correr. —Nada. —Te hace falta un buen polvo. —dice Marcos mientras deja caer las mancuernas en mis manos. Sonrío al pensar la noche anterior con Lucía, en nuestro paseo y nuestro polvo. —No me hace falta nada. —gruño al acordarme de su mensaje—. Solo necesito una misión especial. —Tío das miedo cuando vas a las misiones. Algún día vamos a volver sin ti. —Puede ser. —me encojo de hombros. Suelto las mancuernas y cansado de mis compañeros tocapelotas, me meto en la ducha para aclarar las ideas. Cuando salgo y me seco con la toalla miro su correo cinco veces más. Gilipollas. No hay palabra que me defina mejor. Simplemente te da miedo el compromiso. Esa palabra lleva conmigo desde ayer por la tarde, soy un puto cobarde y ella tiene toda la razón, tengo miedo al compromiso. No puedo sacármela de la cabeza y estoy empezando a cabrearme de verdad. Esta semana no he podido dejar de recordarla. La arruga de su nariz al mentir, su sonrisa traviesa, la forma en la que se coloca el pelo detrás de los hombros, cómo sonríe, cómo se muerde el labio mientras piensa una respuesta ingeniosa.. Sí, me estoy volviendo loco. Ahora solo me queda el último cartucho. Estoy en la fachada de su trabajo esperando a que salga para comer como un puto acosador, ¿qué hago aquí? Sabiendo cómo es no va a querer escucharme. De todas formas.. ¿Qué voy a decirle? Me rasco la nuca incómodo mientras pienso. Estoy deseando volver a verla.. Al final decido entrar cuando veo a su hermana sentarse en la silla de la recepción. ¿Trabaja con ella? ¿No es abogada? Cuando entro frunzo el ceño al no reconocer la editorial, sin duda han tenido que hacer una reforma. La hermana de Lucía me mira con la boca medio abierta, se estará preguntando qué hago aquí. —Hola Amelia. —confirmo su nombre en la chapa de su americana azul marina—. ¿Está Lucía? —Buenos días. ¿De parte de quién? —intenta fingir que no me conoce, y me entra la risa—. No tengo toda la mañana, señor. —Ian, Ian Parks. ¿Está tu hermana? —repito ignorando su torpe intento de aparentar que no me conoce. —Sí, está en su despacho, espera un momento. —coge el teléfono y marca dos números—. Lucía.. Ya, ya lo sé.. Ya se que debería llamar a Martina.. ¡Calla maldita sea! Está aquí.. ¡Lucía no me hagas gritar! Está aquí Ian Parks y pregunta por ti. —Amelia me mira y frunce el ceño—. Querrá verte.. ¿Lo paso? ¿No? ¡Venga ya Lucía! Vale está bien. —cuelga. —¿Cuál es su despacho? —No quiere verte, Ian... Su despacho está en la segunda planta, primera puerta pasillo de la derecha. —me guiña un ojo y sacude la mano para que me vaya. —¡Te debo una Amelia! Recorro la planta de abajo buscando los ascensores, y a pesar de que es la hora de comer, hay gente que corre de un lado para otro mientras llevan papeles o atienden teléfonos. Entro en el ascensor y aprieto el segundo botón cuando una joven morena entra corriendo, esquivando las puertas. Nos bajamos en la misma planta y se coloca detrás de un mostrador, ¿será esta la famosa Martina? —Buenas tardes. —dice cuando me ve pasar de largo. No contesto y me voy justo donde me ha dicho la hermana de Lucía, abro la puerta despacio y me quedo paralizado al verla. Está concentrada escribiendo en el ordenador. Lleva su pelo recogido en un moño con un bolígrafo y se muerde el labio mientras escribe con rapidez. Levanta la vista cuando escucha el sonido de la puerta al cerrarla y se queda petrificada. Está tan guapa como la primera vez que la vi. Se limita a mirarme con el ceño fruncido y los labios entreabiertos y no sé si eso es una respuesta buena o mala. —Buenos días Lucía. —Ian.. —susurra confundida. —¿Cómo estás? —vienes hasta aquí y preguntas cómo está. Bien Ian, bien. Se levanta y doy un repaso a su cuerpo. Lleva una camisa ajustada, que deja su canalillo a la vista y un vaquero oscuro ceñido. Es toda piernas, cintura pequeña, tetas perfectas y piel morena, y espero que sea toda mía. —¿Qué haces aquí? —me espeta. Me acerco a ella lo más rápido que puedo y hago lo que llevo deseando hacer una semana. Agarro su nuca con una mano y la acorralo contra la pared cuando la beso. Ella se deja, introduce la lengua en mi boca y me besa con ganas. Ganas de mí, las mismas ganas que tengo de ella. ¿Qué me has hecho Lucía? No puedo estar sin ti. —Mmm... Me encanta tu sabor. No puede ser más dulce. —susurro mientras le mordisqueo los labios. Lucía asiente. No puede responder. Deslizo las manos por su espalda y le pego más a mí, vuelvo a besarla. Le deseo más de lo que recuerdo haber deseado a alguien o algo, y eso me da miedo. Miedo que con los ruidos que ella hace, se va escondiendo en algún lugar de mi cuerpo. Unas voces se acercan y haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad, me alejo de ella. —No.. Vuelvas.. A tocarme. —me grita tras darme una bofetada.
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