MÁS ENAMORADO.

1802 Palabras
Narra Luigi. Esta cosilla me la está poniendo difícil al crear tal alboroto en mi nombre, y creía que no me castigaría, ya que ella dijo que nadie me pegaría. Pero me sorprendió cuando hizo una de sus señales raras y sentí el picor en mi espalda, me empezó a azotar uno de sus torturadores, después de dos golpes ya no sentía nada; seguí mirándola fijamente y la muy desgraciada tomó un látigo preparado, se veía que era exclusivamente de su uso personal, porque se notaba la diferencia entre los látigos que utilizan estos animales al suyo. —Ven aquí querido, — le pidió al elfo y algo en mí hirvió, sentía que quería estallar, dejar salir mi poder y golpear a este idiota que me pegaba e ir a ella, quitarle el puto látigo, y romperlo en mil pedazos. Vi cómo se inclinó alcanzando su tamaño, entonces decidí sacar mi furia con palabras— busqué un alzapié, mi reina, le falta tamaño—, ella volteó tan rápido que pareció una ráfaga de viento, entonces sonreí porque había logrado mi objetivo. —Veo que te fascina, que te castigué—, me mordí el labio inferior sin dejar de sonreír, aunque sentía como la sangre rodaba por mi espalda porque estás malditas personas, no dejan que sanen mis heridas. —Tal vez—respondí pícaro con el enorme deseo de que pida que me lleven a su aposento; sin embargo, ella se volvió a girar hacia el elfo y lo agarró del grillete. —Te necesito ahora— le dijo y se lo llevó tirando de las cadenas que tenía en sus manos. A mí no me quedó más que apretar las mandíbulas y empezar a respirar profundamente para calmarme, puesto que mi lado lobuno quería salir en un arrebato y mis runas se mostraban muy transparentes, pero lo hacían, no obstante; gracias al cielo los esclavos estaban tan molestos conmigo que ni volteaba a mirarme. Narrador. —Mi reina está usted muy estresada— habló el elfo con voz temblorosa cuando llegaron a la gran habitación de Angelina, ella lo veía tan tierno y a pesar de que no le provocaba lo que Luigi, él le causaba ternura, por su naturaleza sumisa y dulce. —Si lo estoy— le respondió con normalidad. —Puedo cantar para usted mientras masajeo sus piernas—, Angelina al principio arrugó el entrecejo, pero después de pensar que no perderá nada se acercó a él y utilizando magia desprendió sus grilletes. —Acuéstese por favor— pidió con voz sutil el elfo, de tez clara, con orejas puntiagudas, decoradas con aretes y su pelo largo trenzado, musculoso, pero no tanto como Luigi y con un collar en su cuello de piedras naturales, (que solo se encuentran en el reino de los elfos) Angelina se acomodó sobre su suave cama, y el elfo se arrodilló a su lado, empezando a cantar algo melodioso que la hacía querer llorar, pero a la vez le causaba paz, al mismo tiempo que sus grandes, pero delicadas manos se paseaban por sus piernas. —Siéntate sobre la cama— pidió ella no con tono autoritario. El elfo obedeció sin detener su dulce canción, era exactamente el tipo de esclavo que Angelina deseaba que fuera Luigi. Las manos tímidas del hombre no pasaban de sus rodillas, y temblaban cada vez que llegaban a ellas, — ¿por qué te limitas? — le preguntó la reina. — Porque no quiero sobrepasarme mi ama, — dijo con la cabeza agachada. Angelina sonrió con ojos cerrados. —Se atrevido, tócame más arriba—, el elfo tragó grueso, no porque le pareciera incómodo, sino porque ha soñado con tocar a la reina desde que llegó y a diferencia de todos los demás, él estaba allí porque quería estarlo más que nada en el mundo. Fue subiendo sus manos, llegando al muslo, masajeando sin ejercer fuerza, arrancándole a Angelina varios jadeos de satisfacción. Sonidos que lo hacían sentir excitación s****l. Angelina lo olió y con una de sus manos, jaló una de él llevándola a su entrepierna. —Masajea aquí también—, él gimió tras sentir el caliente de la entrepierna de su reina, interrumpiendo así su cantar; la tocó viendo cómo ella se apretaba los senos y le pareció lo más hermoso que ha podido ver en su existencia, su m*****o palpitó dentro de sus raídos pantalones en respuesta a la hermosa visión de Angelina tocándose los redondos y apetitosos pechos perfectos y la resbaladiza carne tierna entre sus manos, la otra mano de él fue directo a su entrepierna a acomodar su falo y manipularse. —No te he dado permiso de tocarte —expresó Angelina con autoridad y el elfo quitó ambas manos, uniéndolas y bajando la cabeza arrepentido; Angelina sonrió al ver su absoluta sumisión, aun cuando su v***a amenaza con romper la tela del pantalón. —Tócame a mí, eso quiero que hagas. —El elfo agradecido regresó su mano a su dulce y anhelante v****a, se sentía insaciable estos últimos días, ella disfrutaba del sexo, de perderse en el placer que todos morían por darle repetidas veces, pero la imagen del rebelde es la que ve al cerrar los ojos, es a él quien anhela que caiga de rodillas ante ella y se sienta agradecido por servirla, se concentró en las sensaciones que le daban los dedos largos y amables, dos dentro de ella a la vez, dando un ritmo constante dentro y afuera, la piel de ambos se veía sobrecalentada y perlada de sudor, él apretaba su mandíbula y se acercó a ella sin dejar de masajear su sexo. —Oh reina mía, podría permitirme el honor de adorarla con mis labios. —Solo si usas lengua y dientes —respondió ella autoritaria y los ojos del elfo brillaron de satisfacción, ella los miró sintiéndose adorada y eso por si solo era un placer. Él comenzó pasando sus labios en su abdomen y ascendió acariciándola con gusto utilizando su lengua hasta rodear un duro pezón, Angelina gimió extasiada y el elfo metió un tercer dedo en ella, hizo torque hasta dejar su palma hacia arriba y sus dedos se introducían y salían a ritmo rápido, Angelina abrió más sus piernas y el elfo concentrado introdujo el cuarto dedo en ella mientras con el pulgar acarició en forma circular el clítoris, con su boca besaba, chupaba y mordía sus pechos, Angelina cerró los ojos ahora perdida en las sensaciones que sentía, ella sintió una ráfaga de placer y expulsó abundante líquido como cascada de su sexo, era lo que anhelaba el elfo que se arrodilló y ahora con su rostro junto a su sexo abrió la boca alimentándose de esa fuente, continuó manipulándola con los dedos y utilizó su boca para chupar el clítoris. Angelina empezó a gritar mientras más líquido emanaba de ella, él sacó sus dedos y abarcó su sexo con la boca, lamió de arriba abajo. —Eres exquisita mi ama, es lo más puro y delicioso que han degustado mis labios, permítame regalarle otro orgasmo, por favor se lo suplico, — ahora con calma él continuó, pero solo con su lengua con toques delicados en su hinchado clítoris, la follaba con la lengua y no le pedía usar otra cosa, él estaba más que satisfecho, eso complació a Angelina. —Puedes tocarte, quiero verte. El elfo solo hizo una inclinación de cabeza y sacó su falo, era largo y grueso, con venas abultadas y cabeza rosada y brillante, él lo empuñó y movió su mano en él mismo arriba y abajo, mientras comía su coño, en cuanto ella estaba de nuevo al borde del placer, él llevó el dedo medio de su otra mano al agujero posterior a su sexo y lo introdujo ayudado de su lubricación, en cuanto lo hizo por completo Angelina tuvo otro orgasmo sensacional y el elfo se dejó ir en sus manos, avergonzado limpió su cimiente con su ropa de manera apresurada. —Perdón, mi ama, no me dio permiso de acabar, puede castigarme, lo merezco. — Angelina se sorprendió de la disposición. —¿Acaso disfrutas de que te castiguen? —preguntó Angelina, tenía varios esclavos que sentían gratificación mientras ella los hacía sentir dolor en el momento que tenían sexo y Angelina evitaba castigarlos, ya que eso era lo que disfrutaban. —No mi ama, no disfruto del dolor, disfruto de servirla, hacer su voluntad es mi más grande placer. —¿Cómo te llamas Elfo? Él la miró maravillado, la reina se había interesado en su nombre y eso era si se quiere mejor que besar sus labios. —Ashley, mi ama, ese es mi nombre. —Me has dado satisfacción hoy Ashley. —La reina se acercó a él y tocó su cabello que era hermoso y brillante, Ashley inclinó el rostro, la reina tocó su pecho y sintió que él es bueno, su corazón era demasiado puro y un nudo en su garganta le impidió tragar al sentir la grandeza de su bondad, no pudo retirarse, encontrar tal belleza en alguien era tan difícil que por un momento lo disfrutó, incluso más que su perversidad, ahondando en esos lindos sentimientos pudo ver algunas vivencias de Ashley, entonces claramente lo vio en un cercano pasado, echando un trozo de pan al pozo del rebelde. Angelina levantó su mano y sus uñas brillaron doradas, creciendo y cortando la piel del cuello de Ashley mientras apretaba. —Tú ayudaste al rebelde a salir del pozo —dijo ella afirmando. —No, mi reina se lo juro —dijo apretando los dientes de dolor mientras chorros de sangre rodaban por su pecho. —¡No me mientas! —exigió Angelina. —Le juro que no lo hago, yo no lo ayudé a salir, solo le di un trozo de pan cuando nadie lo alimentó durante dos días. —Ella miró sus lindos ojos que eran dorados como el trigo y había verdad en ellos, él era leal a ella, solo que era un ser noble, de modo que lo soltó. —Retírate y no oses volver a cuestionar mi autoridad. —Gracias mi reina… —dijo el elfo Ashley, impresionado por no haber sido duramente castigado, la bondad que mostró la reina al interesarse en su nombre y no castigarlo por haber desobedecido, lo hicieron sentir humilde; la grandeza y belleza de Angelina era tan impresionante y sobrenatural como lo era ella, como lo que describen los navegantes como sirenas, ella hipnotizaba con su gran belleza y el haber probado de su esencia era adictivo y sublime como el más rico de los manjares, antes se sentía enamorado y admirado a estar cerca de ella; sin embargo, ahora que ha probado de su cuerpo sentía amarla.
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