DESOBEDIENCIA

1914 Palabras
Narrador. Luigi emprendió su viaje junto al rey vampiro llevando únicamente lo que tenía puesto; el rey vampiro le había sugerido que no era bueno que llevara nada entre sus manos, ya que los esclavos no cargan pertenencias y debían ser lo más convincente posible, incluso el artefacto con el que Luigi le quitaría los poderes a Angelina, debía ocultarlo con su magia y no volver a utilizarla hasta que no se le presentase la oportunidad. — Es momento de que ocultes tú runas y poderes, por el hecho de que los otros dos esclavos no deben verte en tu forma original, sino que estaremos perdidos, recuerda que esa mujer puede leer las mentes y ver dentro de las personas sus más íntimos secretos— le pidió el rey vampiro, sin embargo, Luigi como lobo Alpha arrogante y prepotente no le gustaba seguir órdenes, sumando a eso que no confiaba en el vampiro, puesto que creía que él, estaba fingiendo y trabajaba para ese ángel maldito que dice llamarse emperatriz del mundo; así que hizo un gesto de desagrado. —No sigo órdenes de nadie— escupió con fastidio. El vampiro respiró furioso, no le gustaba la actitud de ese príncipe heredero que se creía superior a todos, no obstante inspiró profundo controlando la furia que emergió de él porque era peor soportar a esa mujer que quiere gobernar en su reino, — Estoy arriesgando mi pellejo por creer en el rey de los lobos al enviar para una tarea tan compleja aún niño pretencioso que a la primera oportunidad echara nuestra única esperanza a la basura, si no puedes con esto lárgate, y pásame el artefacto, ya buscaré alguien inteligente que sepa cuándo bajar la cabeza para obtener lo que quiere—, todo eso el rey vampiro lo decía para empezar a mostrarle parte de lo que viviría dentro de ese palacio, pues en realidad no había nadie que pudiera realizar esa hazaña, todos los seres fuertes no sabían ocultar sus poderes pareciendo humanos y Angelina no aceptaba a nadie con poderes y si casualmente lo hacía esa persona debía ser menos poderoso que ella. Luigi soltó un gruñido comprendiendo que será fuerte, pero si quiere el trono no tiene de otra, de manera que hizo unos movimientos místicos y sus runas fueron desapareciendo una por una y su aroma a lobo desapareció. —Debes quitarte la túnica y desgarrar el pantalón, haz que se vea viejo—, en eso no puso objeción, quedando con el torso desnudo y rasgó su pantalón más para arriba de las rodillas, dejando ver sus muslos fuertes. El vampiro lo olfateó, notando claramente que no había diferencias entre el aroma qué ahora emana el príncipe al que emana un cuerpo humano. Lo encadenó junto a un elfo doméstico y a un brujo sin ritual de iniciación, así que sus poderes eran nulos y el elfo por naturaleza era dócil no podría lastimar a una mosca. Empezó a jalarlo, haciéndolos caminar hasta el palacio del ángel caído, dejando el suelo áspero para entrar a un lugar con alfombra pulida. Antes de entrar al salón de la emperatriz miró por última vez a Luigi notando como él mantenía su rostro al frente sin bajar la cabeza como los otros dos. —Esclavo inútil que baje la cabeza ante mí — le gritó fingiendo furia, Luigi apretó los puños y la mandíbula, obligando a su propio orgullo a bajar la mirada observando el piso pulido, pues era fácil enfrentar al rey vampiro, pero justo como le dijo él no va a desaprovechar la única oportunidad que tiene de destruir a esa mujer, pues no piensa dejar que ella lo gobierne y tras sopesar mejor su situación calculo que de todos modos sería su esclavo lo único que estando allí era un sumiso con una intención clara "asesinarla". El vampiro entró manteniendo la cabeza agachada, cosa que a él también le enfurecía, se acercó a Angelina, y le reverenció ante ella. Ese salón era tan grande que su castillo podía caber allí, los grandes ventanales eran exagerados como el palacio en sí, las paredes blancas impecables y los esclavos que usa como su guardia real solo por simple placer también vestían de blanco, la mayoría musculosos. Ella extendió su mano y él besó el dorso de la misma —, mi reina hoy le he traído un pequeño regalo, que he capturado exclusivamente para usted— ella sonrió conforme. No necesitaba ningún regalo, pero eso demostraba la lealtad que el rey vampiro tiene hacia ella. Ella estaba casi acostada en su cómodo asiento elaborado con material suave, tan suave como lo son las plumas de sus alas negras. Los tres esclavos fueron empujados por los guardias del vampiro, obligándolo a tirarse al piso arrodillado frente a esa mujer; dos luciendo sucios y malolientes, aunque con buenos cuerpos. Luigi estaba demasiado limpio para parecer un esclavo, su piel blanca y sin imperfecciones le pareció delicada. Ella medio cerró los ojos buscando algo diferente en él, y sí, había mucha diferencia, empezando por su belleza única, su estatura; era demasiado grande para ser humano. Luigi también miraba que ella posee un cabello n***o, muy largo y brilloso, que resaltaba sus ojos grises como un día sin sol, y su piel parecía bronceada, dándole un aire controlador que no iba a juego con ese rostro tan hermoso y angelical. Su cuerpo era cubierto por un vestido de seda largo, tan largo que se arrastraba, al igual que la túnica negra con bordado color oro, haciendo el juego con los brazaletes de sus brazos y la enorme corona que llevaba puesta en su cabeza. A diferencia de sus esclavas no mostraba ninguna parte de su cuerpo y eso la hacía lucir más provocativa y seductora porque hacía querer descubrir qué se escondía debajo de tanta tela de jerarquía. «No posee ningún poder» pensó para sí misma, olfateando su esencia, y en medio de su escudriñamiento lo vio observarla a los ojos. Se levantó y fue hacia él, se agachó dejando una fuerte bofetada sobre su rostro, —como te atreves a mirarme a los ojos estúpido esclavo— escupió furiosa, y sintió miedo de acercarse a él, siendo esta la primera vez que teme al estar cerca de un hombre, le atrajo demasiado. Uno de los guardias tiró del cabello de Luigi, quien apretó los dientes para no gruñir sin necesidad de tener a su lobo despierto Dio un paso atrás colocando una mano sobre su mentón, alejando las sensaciones que sintió al golpear su rostro. Para Luigi su golpe no dolió, lo que le irritó fue la humillación y únicamente tuvo que respirar casi de manera silenciosa y bajar su cabeza. La vio tan pequeña que aún le cuesta creer que esa mujercita sea la que dice que gobernará al mundo porque sentiría vergüenza de perder una batalla ante ella. Después su mente le jugó sucio y empezó a imaginarse follando ese diminuto cuerpo, en cómo la podría romper a la mitad sin mucho esfuerzo. El apuro empezó cuando se endureció su m*****o y encadenado, no sabía que hacer, nada más le quedaba apretar los ojos con fuerza y controlar esa erección que lo haría ver mal si la supuesta reina lo llegaba a notar. —Mi reina este humano me lo he encontrado de camino y me pareció que su fuerza le serviría de algo, — el vampiro supo que Ángela estaba dudosa. Ella asintió sin mirar a Luigi, lo evitaba, volteó su mirada hacia los otros dos a quienes tocó, inspeccionó sus rostros notando que eran hermosos, dos hombres de piel canela, uno de pelo largo trenzado al estilo élfico y el otro con ellos bajitos, pero ambos lucían bien, cada uno tenía su gracia. Sin agradecerle al vampiro, la reina ordenó a sus guardias llevarse a los esclavos al recinto en donde viven todos sus esclavos. — la reina aborrece vernos sucios o mal olientes, así que les recomiendo tomar un baño para que no la hagan enfadar—, les sugirió una esclava humana que está a cargo de mantener el orden en ese lugar y ordenarle a cada uno cuál debe ser su trabajo. Luigi no puso atención a él, nadie le diría que hacer, además de que esa puta que dice llamarse reina lo ha golpeado, acabando de conocerlo pensaba que por qué demonios debía estar limpio para ella, por el contrario, ella debía estar lista para él. — Voltéate— le exigió un guardia y él lo miró con evidente amenaza; loco por gritarle que debe guardarle respeto, pero esas palabras murieron en sus pensamientos, donde morirían muchas más hasta que pueda cumplir con su objetivo, el cual disfrutará hacerlo porque Angelina se había ganado su odio al golpearle la cara, nunca le habían tocado el rostro ni mucho menos golpeado. —He dicho que te voltees esclavo—, el guardia tiró de las cadenas y Luigi resabioso quiso arrancarle la cabeza—¡quieto esclavo!, no cause problemas para que la reina no te ponga como puta de sus leones— dijo la encargada. Él sonrió burlón en su interior, calculando que la puta de los leones sería la loca enana si seguía molestando, — has lo que ella dice, solo date la vuelta por favor— le pidió el elfo con evidente miedo en su mirada— y por primera vez el miedo de alguien le condolió, se giró y dejó que le quitaran las cadenas. Luego la humana encargada de los esclavos, le colocó un brazalete en el cuello, sin dejar de mirar su rostro, sintiéndose maravillada y algo atraída como todas las demás, en ese lugar. Cuando la reina le permitía podían follar con algunos esclavos elegidos por la reina, para darle un gran espectáculo en el que ella disfrutaba de verlos fornicar, a esas fiestas se les nombró por los esclavos las celebraciones de las lujurias. Incluso algunos humanos de buenas posiciones económicas y gobernantes del mundo asistían por invitación de su emperatriz, quien los dejaba disfrutar de algunos esclavos. Cuando le mostraron cuál sería su colchoneta, se acostó cruzando una pierna sobre la otra mostrando su postura elegante y los demás esclavos lo observaban extrañados por su comportamiento altanero en el hogar de la suprema. Se fue quedando dormido mientras el brujo y el elfo cumplían con el mandato de su ama, sin embargo, él seguía allí echado, mientras que los esclavos que morían por el favor de la reina no dudaron en ir a comentarle de la desobediencia de Luigi. — Ama, uno de los tres esclavos, no quiere seguir la regla y actúa con engreimiento—, ella levantó la vista y observó a la chica que se había arrodillado a su lado. Se quedó en silencio por unos segundos y le ordenó. — Ve y resuelve, si continúa avísame que lo haré desear no llevarme nunca la contraria—, Angelina se controlaba por no ir ella misma y darle su merecido castigo porque se propuso mantenerse lejos de ese esclavo hasta saber qué era eso tan raro que le hacía sentir o porque su figura no salía de su mente. Él era el más hermoso entre todos sus esclavos, pero esa no era razón, puesto que en el empíreo había ángeles iguales de hermoso con los cuales se apareaba y a ninguno le causaba nada, incluso sus bellezas le parecían normales porque estaba acostumbrada.
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