MIEDO A LOS SENTIMIENTOS.

1873 Palabras
Narrador. Luigi seguía disfrutando de su sueño matutino cuando sintió que le arrojaron un balde de agua helada— joder, les arrancaré las malditas cabezas— gritó con voz gutural y Angelina en su aposento tomando un baño caliente lo escuchó con su sentido agudo. —haasss—chilló haciendo un estruendo en todo el palacio provocando el miedo de todos, hasta los esclavos que se encargaban de la cocina temblaron, ella salió de la tina, se puso un vestido largo de esos que se arrastran por el piso; fue hacia él con el pelo n***o totalmente mojado, con los ojos tan dorados como el fuego y con las uñas del mismo color que habían crecido mucho, en ese instante. Cuando se enfada suelen salirles muy largas. — Primero osas desobedecer mis leyes y ahora gritas en donde nada más yo lo puedo hacer— le reclamó furiosa, acercándose a él, clavando sus filosas uñas en el cuerpo del lobo, quien no emitió dolor alguno, sino que la miró penetrante, manteniendo una mirada amenazante, — te voy a demostrar cuan sumiso serás ante mí–, removió sus uñas dentro de su pecho, empujando más adentro con perversidad y sin compasión, codiciando escuchar un lloriqueo de dolor, pero él seguía tenaz sin bajar la mirada. La mano de Angelina pasó del pecho a su cuello apretando con malicia, dejando salir las alas con la cuales aleteó haciendo que ambos quedaran en el aire y como él no posee sus poderes, claramente empezó a sentir que le faltaba el aire; sin embargo, Angelina no escuchó sus quejidos, y eso la hacía. Enfadar más, porque no quería matarlo, por el contrario, mientras apretaba su cuello, lo que sentía era placer, uno inigualable. Era como si el contacto piel con piel quemará la suya y le enviará millones de toques eléctricos. —¿Estás excitada mi reina?, yo puedo resolver ese pequeño problema—, se burló, porque no necesitaba de su poder para verla jadear, a pesar de que hablaba con su último aliento. —Para entrar a mi cama, ¿aceptas ser mi esclavo?, — preguntó irónica, pensando en que los humanos y por demás hombres eran muy susceptibles al sexo. — No estoy aceptando ser tu esclavo, estoy aceptando cogerte duro—, ella lo dejó caer desde la gran altura que ambos tenían, provocando que se le rompieran varios huesos, los cuales no debían sanar de una vez porque lo dejaría en evidencia; no obstante, su actitud lo estaba poniendo en más que evidencia porque un humano no aguantaría tanto. Entonces cuando se dió cuenta de su falla empezó a soltar gritos lastimeros, todo para no aceptar que falló, entonces ella sonrió satisfecha, — buen chico, de esta manera me gusta más, pero eso no te hará entrar en mí, debes esforzarte—, Angelina acercó tanto su rostro que ambos desearon besarse, tuvo que alejarse rápido para no terminar estampando sus labios con los de él. De camino a su recámara se mordió el labio inferior hasta sangrar, suprimiendo ese deseo, que ningún esclavo ha producido en ella. Narra Angelina. Debía investigarlo porque nadie me podría hacer sentir nada que yo no desee y por supuesto que no quería sentir nada por un esclavo tan desobediente como él. Mis esclavas personales me ayudaron a prepararme con un vestuario elegante y debía ir en busca de respuesta, antes de que esto se saliera de mi control. —Señora mía, ¿qué haremos con los esclavos nuevos? — preguntó la humana que tengo encargada de atenderlos. —Al desobediente enciérralo en el pozo, no le den nada de comer o lo dejen salir de allí hasta que yo así lo ordene—, algo dentro de mí me indicaba que no debía y que estaba siendo demasiado dura con él, puesto que no aguantaría ese castigo por más de diez horas con las costillas rotas. «Pero qué Averno significa esto» me recriminé a mí misma, no podía sentir lástima, no soy de tener compasión por nadie y menos por él. Mi esclava Indra seguía esperando mi orden: — el brujo, a pesar de tener cuerpo de hombre ya formado, no pasa de unos dieciocho años, debo anular cualquier poder que pueda existir en él, a ese, prepáralo para verme, después de recibir al esclavo Buy y Aron, a ellos los usaré está noche, también a Tania—, ella asintió en respuesta a mi pedido, y se fue mientras Alondra seguía realizando un peinado en mi cabello largo. Luego pedí que se me dejara sola, y utilizando unos de mis poderes me trasladé. En el momento que llegué a Navarra, tierra de nadie, un aquelarre recóndito en lo último de la tierra, donde viven los hechiceros; todos me miraban asustados haciéndome disfrutar de esa grata sensación que me causa percibir "el temor de los demás" —Que honor me causa tener en mi humilde morada a la emperatriz del mundo— parloteó Anaga con tono tosco cuando entré a su maloliente choza. —Deja tu hostilidad bruja maldita, tengo para decirte que vengo aquí a solicitar tu ayuda, si eso te hace sentir mejor—, ella se echó a reír. —No cambiarás nunca Angelina, creo que el creador se equivocó contigo, debiste nacer como demonio más no como un ángel—, me reí chistosa de su lógica y con la única que no puedo enfadarme es con Anaga, ella es mi única amiga y está es nuestra manera cariñosa de saludarnos. Me mostró un sillón para qué me sentara. —Todos aquí me tratan mal por tu culpa, ¿A qué has venido a visitarme? —, me puse una mano sobre el pecho de forma dramática y mostré ofendida. —Vamos Anaga, después de tanto tiempo ese es el recibimiento que me haces, ¿Ya quieres que me vaya? —, ella asintió y las dos nos echamos a reír, — ven a vivir a mi castillo, podrás vivir en la grandeza—, ya le he propuesto esto, miles de veces y nunca quiere, pero yo no pierdo las esperanzas de que un día acepté. —¿Quieres que el mundo me odie?, ya mi gobernante me aborrece solo porque soy tu amiga imagínate si viviera en tu pomposo castillo—levantó las dos manos negando mientras reía burlona y agregué. —No serás la primera por qué ese puesto es mío, aprenderás a disfrutar del odio del mundo, mírale el lado bueno. Me acosté sobre el sillón mientras ella se había levantado para ir en busca de algo, y al regresar venía con dos tasas en las manos. —Ya lo he olido, sabes que detesto tu té verde— le dije poniendo cara de desagrado. —Lo sé, por eso te lo brindo, ¿quién es él? Miré para los lados buscando a esa persona por la que ella pregunta, — ¡estás loca!, dicen que los hechiceros terminan loquillos, ¿ya te pasó? —, acercó la tasa a mí con una clara advertencia de "debes tomarlo todo" —Angelina no te hagas la tonta, veo en tu vida a un hombre al cual le temes y no eres de las que huyes por nada. —Es un nuevo esclavo— musité bajo y avergonzada. —Y qué papel le darás a ese esclavo en tu vida—, la miré riendo incrédula de cejas alzadas. —Ninguno, solo será un esclavo más, y listo— respondí con exasperación. —Yo no lo creo tan sencillo, pero si tú así lo dices, vamos a dejar qué todo fluya sin interrupciones—, solté un bufido porque vine a ella en busca de respuesta y lo que me dice es que de plano dejará que el futuro me dé esas respuestas. —Si no me piensas ayudar, me largo de aquí —, me paré con brusquedad. —Lo harás cuando termines el té, no despreciaras lo que te brindo, puedes ser una hija de puta con el mundo si eso quieres, pero conmigo no, o no me busques más—, puse los ojos en blanco y agarré de mala ganas la taza bebiendo todo su desagradable contenido y tras finalizar apreté los ojos y arrugué el rostro por el mal sabor. —En serio haces un té muy malo, me sacrificas cada vez que me lo brindas—, le confesé y ella rió graciosa. —En algunos años mejoraré y te brindaré mejores tés, ahora ¿solo viniste porque no sabes lidiar con un hombre? Me eché a reír con fuerza. —Ahora sí que este hedor y miseria te ha vuelto loca, yo no tengo que lidiar con nada, ni nadie, es el mundo el que tiene que lidiar conmigo —formulé con todo el desdén que siento por este condenado mundo y Anaga me observó sonriendo con malicia. —Sin embargo, te hizo venir acá, no sabes qué hacer con lo que él te hace sentir, sé que a cualquiera puedes acabarlo. —Dime de una vez que has visto, ¿por qué todos los hechiceros creen que es interesante mantener todo en misterio? —Ah, porque es algo sexi, ¿no te parece? —me dijo la muy maldita, y me levanté con obstinación. —Dime que ves de una maldita vez. —¿O qué?, ¿me matarás? — Le di la espalda, ella sabe perfectamente que no le haré nada, no podría dañarla, es la única persona que me acepta aun sabiendo que soy malvada. —Todo depende de ti Angelina, pero ni siquiera tú dejas de ser vulnerable a lo que sientes, estás viva y solo los muertos no sienten. —Tu charla filosófica no me sirve de nada, quiero saber que tiene ese esclavo, debe ser algo sobrenatural, ejerce magnetismo en mí, pero no percibo poderes en él, puesto que es un simple humano —expresé esto último con asco. —Pues a tu problema le han dedicado mucha filosofía, existen muchas teorías y no aceptarás ninguna. Me eché a reír muy contenta porque ahora si la tengo en mis manos. —Cuántas teorías hay sobre ángeles caídos sintiendo… —me callé, quería hacerla cerrar la boca y me embauqué a mí misma. —Amor…, ¿eso ibas a decir? —me dijo mirándome ladeando el rostro. —Otra cosa que no sea odio, yo literalmente renuncié al amor, al sacrificio y todas las patrañas que se me exigían, no necesito de nada de eso, ahora soy la reina del mundo, ¿quién con más poder que yo?, ¿quién puede doblegarme? —En el universo nada permanece igual, emperatriz —manifestó negando con la cabeza y mirándome con suficiencia. —Pues menos mal que puedo matar con suma facilidad a cualquiera que ponga en riesgo mi reinado. —Ve a tu castillo de una vez y prepara un espacio para mí, —, abrí los ojos mostrando asombro, pues no han pasado diez minutos en los que ella me dijo de no venir conmigo. —¿Por qué el cambio de opinión? —pregunté con interés. —Las cosas se pondrán buenas en tu castillo.
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