AMOR DE ESCLAVOS

1808 Palabras
Narra Luigi. Estoy en el más asqueroso e inmundo lugar, un viejo pozo vacío, o mejor dicho sin agua, la vena de río que lo surtía ya solo da paso a un hilo de agua que solo sirve para hacer el hogar de una viscosa sustancia verde pegada a las piedras, sapos, extrañas larvas y ahora yo, en este momento me duele todo y es que al concentrarme en esconder mis poderes debo arrojarlos a lo profundo de mí; los daños están por despertar a mi lobo, pero no debo permitirlo para no regenerar los daños, mi cuerpo al no tener nada de magia se siente como si fuera un humano normal; qué terrible es ser humano, ¿cómo pueden vivir los desgraciados?, es lo más horrible ser débil, pero ya he metido mucho la pata, si utilizo mi magia regeneradora ahora y algún sobrenatural adulador de la pinche pedacito de mujer que dice llamarse reina me percibe estaré acabado, sé que debo comportarme, qué debo doblegarme, pero es difícil y más cuando solo deseo darle unos azotes en el culo a la linda reina y no sé por qué sospecho que me lo permitiría, es una desgraciada arrogante y jactanciosa; si pudiera demostrarle mis poderes no estuviera aquí, cualquiera que pueda volar y suelta a un triste humano por el aire lo mata, no es la gran cosa, pero si se enfrentara a mí con mi poder de manifiesto sería distinto. Mi mente pone detrás de mis ojos, imágenes de ella, bajó mis manos, doblegada por completo ante mí, pero de inmediato la imagino con ese lindo trasero y a mí clavándola como se lo prometí, me rio y me duelen las costillas rotas. —Ay, maldita sea, me duele —musito bajo y una rata pasa por mis piernas, —debes aprender a cerrar la boca Luigi —, me digo a mi mismo, trato de entretenerme para estar alerta y tratar de dejar el dolor en un segundo plano, ya que mi magia es parte natural de mí y con cada segundo que la reprimo mi cuerpo sin magia se resiente y debo estar alerta a no permitirme curarme, si me duermo o me distraigo, mi magia tomara el control, es algo que sencillamente es parte de mí. —La reina ha salido, no sabemos cuánto tardará, pero no ha de ser mucho, así que todo tiene que estar listo y reluciente —oí a alguien decir y es la voz de la estúpida humana que se cree embajadora porque le dieron la inútil labor de dominar esclavos, ¡por favor!, dirigir ejército de bestias sí es un trabajo no dirigir cretinos débiles y asustadizos, en eso pienso que es mi oportunidad, respiro profundo y mis costillas y columna vuelven a su forma correcta haciendo un chasquido, solo ruego que nadie haya escuchado, resisto y no regenero los huesos de la clavícula y las piernas, pero ya con la columna y las costillas reparadas puedo respirar bien, mi poder tiene el suficiente balance para no ser descubierto y mantener el dolor del resto de mis huesos rotos a raya, después de todo puedo fingir dolor por las costillas rotas, pues nadie me las verá. El día se hizo noche y el sol dio la vuelta de nuevo. Esto será un problema, no sé si un cuerpo humano aguante tanto, si lo que quiere la reina presumida es dejarme morir, no lo haré y me descubrirá; tendré que escapar y matarla de una vez, de hecho es una buena idea, ahora nadie debe estar vigilándome, algo me golpea la cabeza y eso enerva mi sangre, últimamente me andan golpeando más de lo que me han pegado en mi vida, y que recuerde nunca ha sido posible porque al que se atreviera a poner un dedo sobre en mí se quedaba sin brazos, y ahora por esta puta misión, tengo que ser el saco de boxeo hasta de los más débiles. Con enfado solté un resoplido, antes de mirar hacia arriba; es de noche y a metros de mí está el círculo por el que veo hacia afuera, uno de los esclavos que llegó conmigo es quien me ha lanzado algo, lo tomo y es un pedazo de pan, me lo como y en eso recuerdo que no le di las gracias, yo no doy las gracias a nadie nunca, pero debo entender que ahora no soy un príncipe, si quiero hacer a estas personas creer que soy un humano, debo de comportarme de manera tan patética, como lo hacen ellos; en medio de la charla interior que estaba teniendo en mi fuero interno, recuerdo que está bien, que no debo decirle nada por qué con esta oscuridad se supone que un humano no pueda ver y si le digo algo solamente me pondría en evidencia. —Espero que esté vivo —lo oigo susurrar, casi le pido que me lance una jarra de vino, y una pierna de faisán asada, pero me muerdo la lengua, y me hace sentir menos molestó saber que al menos alguien se acordó de mí; ahora solo espero que se largue, por qué será esta noche que acabaré con toda esta locura, ya me estoy cansando, hasta hoy llegó la reina. No importa lo que digan los demás, yo siento que esa mujer no es oponente para mí y lo voy a demostrar cuando pueda estrangular con mis manos su pequeño cuerpo que parece frágil. Narra Angelina. Cuando llegué a mi castillo, los esclavos que había solicitado me esperaban en mi aposento, vistiendo unas túnicas de seda, y la hermosa Tania me miraba ansiosa. —Saludos, reina— dijeron los tres inclinando sus cabezas, mostrando cuán sumisos son para mí. —Báñenme—Ordené y corrieron a mí, me temen por la mala fama y bueno cuando debo ser dura lo soy, no perdonó que falten o violen las normas. Llenaron mi tina con agua caliente y me desvistieron, con delicadeza, con suavidad lavaron cada parte de mi cuerpo. —Desnúdense— les ordené y sus túnicas cayeron al suelo casi al mismo tiempo, ellos están listos, se ven desesperados, pero esta noche no me apetecen. —Esta noche quiero verlos brindarse placer— digo saliendo de la tina y uno de ellos ya tiene mi bata lista, me la coloca y volvemos nuevamente a mi habitación; los veo con la mirada triste. Y me acerco a Aron, toqué su rostro con suavidad, lo delineé con las yemas de mis dedos, lo miré ensimismada y acerqué mis labios a su boca, lo besé despacio como quisiera hacerlo con el nuevo esclavo, pero no me supo tan interesante, como me imagino que será con él. Noté el asombro del esclavo y de los dos que estaban parados a la espera, claro, nunca he besado a ninguno. —¿Te gustó? — pregunté y él me sonrió ampliamente. —Mucho, mucho, soy el esclavo más afortunado de su harén, mi emperatriz — dijo eufórico, esperaba algo más, pero me aparté. —Ama podré ser su perro— se arrodilló frente a mí. —Sabes lo que es ser un perro— él asintió, puse gesto de desagrado, — no me gustan los perros, nada que tenga que ver con animales con pelajes—, mostré cara de asco mientras me acomodaba en mi sillón. —Mi señora me refiero a comportarme como uno y lamerle para causarle placer con la boca—, me estaba agradando su propuesta, así que abrí las piernas, metió su cabeza entre ellas, recorrió mi sexo con su lengua mojada y un jadeo salió de mis labios. En cuanto cerré los ojos me lo imaginé a él, ese jodido esclavo que me trae más preocupada que de costumbre y aunque el placer que estaba recibiendo era exquisito, solté un gruñido de fastidio. — Ve sírvele de perro a Tania— le ordené y cerré las piernas, él me miró con asombro mezclado con miedo. —¡Qué espera! — grité irritada. —Perdón, mi señora, no sé qué hice mal—, le dediqué una mirada cargada de amenaza y me entendió a la perfección por qué corrió a cuatro patas hacia Tania y empezó a lamerle su intimidad justo como me lo estaba haciendo a mí, por momentos me parecen patéticos estos esclavos, pero disfruto de verlo corresponder a mi mandato. Mientras Aron pasaba su lengua por la apertura de su entrepierna, Guy besaba sus silenciosos labios y luego de que la hicieron temblar con un orgasmo que provocaron entre los dos, le untaron su cuerpo con aceite por todo el cuerpo, mientras yo me deleitaba viéndolos, me quería unir, sin embargo, temía que al hacerlo pudiera volver a pensar en él. «¿Yo sintiendo miedo?, que ridiculez» pensé fastidiada. Los muchachos, incluso le cepillaron el liso y brillante cabello castaño y masajearon las nalgas y la espalda con sus sabios dedos, la adoraban como a una diosa. Tragué con dificultad cuando esos seis pares de ojos me miraban con lascivia, invitándome al pecado, vivo constantemente en él, pero es distinto a ser seducida hacía él, mis pezones se endurecieron con anticipación. Sus órganos palpitaban, parecían esperar mi aprobación para seguir, así que asentí. Aron no duró mucho para hincar su v***a en el pequeño nido de Tania, que lo recibió gustosa, incluso un gemido de satisfacción salió de sus labios rosados y Guy miró hacia mí. ¿Qué espera?, me pregunté. Entonces, tras ver que no hice gesto alguno, le abrió la boca con su lengua a la esclava, y con las manos apretaba sus voluminosos pechos, luego abandonó sus labios para chupar los pequeños pezones rosados, y a mí me agradaba verla sonrojada de palpitante placer mientras ellos la llevaban al éxtasis. —¿Mereció la pena, querida mía? —pregunté a Tania cuando terminó jadeando y exhausta por la buena follada que le han dado los dos esclavos. —Sí, mi ama, mereció la pena —contestó con voz entrecortada. —Te amo mi reina— dijo Aron mirándome con adoración y me dejó sorprendida, ¿por qué me ama?, acaso estaba loco, levanté las cejas. —¿Qué te hace amarme? — pregunté interesada, pues quiero saber que significa el amor, al menos para ellos. —Me hace amarle, su belleza, rendirme ante usted por completo, incluso anhelo sus castigos, — me dijo con una sonrisa en los labios. «¡Qué locura!» no sabía que mis esclavos me amaran, más bien pensé que me despreciaban y que cumplen con mis peticiones por miedo. Pedí que Anaga se encargará de eliminar toda magia en el pequeño brujo, ya me aburría, aunque doblegar a nuevos esclavos es mucho más interesante que tenerlos ya educaditos y sobre todo como dicen esto que me aman.
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