Capítulo 30

1349 Palabras

Con movimientos ágiles, Erick rodeó con firmeza la cintura de Valeria con sus grandes manos, controlándola con facilidad. En sus ojos alargados apareció una sonrisa encantadora. —Esta vez tendré cuidado. ¿De acuerdo? Sin saber por qué, la Valeria borracha despertaba en él una sensación de protección y posesión, y le resultaba imposible enfadarse con ella. Consciente de que no podía liberarse de su control, Valeria frunció el ceño y, tras dudar un momento, murmuró: —Entonces… debes cumplir tu palabra. —De acuerdo —respondió él. … A la mañana siguiente, Valeria despertó en el dormitorio, vestida con una camisa negra de hombre. El dolor que recorría todo su cuerpo le dificultó incorporarse. —¿Qué pasó ayer…? —pensó. Fragmentos dispersos comenzaron a surgir en su mente. Parece que me

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