Capítulo: 11

2323 Palabras
Dejó su mochila sobre la isla de la cocina y empezó a rebuscar en la alacena. —¿No deberías estar en la escuela?— le preguntó su pequeña prima entrando dando pequeños saltitos. —¿Y tu?— —Morgan le gritó a una niña de mi salón y le han hablado a mi papá para que pase por mi— señaló la pequeña. —¿Y si fue por ti?— preguntó el rubio sin apartar su vista del interior de la encimera. —El señor Murphy ha pasado por mi— contestó la pequeña, —Iba con su esposa— —No le digas eso a tus padres— —¿Por qué no?— —Por qué tus padres reprenderán al señor Murphy por estar con su esposa en horario de trabajo— Aydan se dio por vencido y dejó de rebuscar en la alacena. Se dirigió al refrigerador sin mirar a su prima. —La escuela— volvió a mencionar la pequeña. —Nos han dado como tres clases libres para el examen de al rato— contestó Aydan sacando una botella de jugo de naranja del refrigerador. —¿Eso qué significa?— —Significa que tengo que volver en dos horas— mencionó —Justo a tiempo para hacer mi examen de historia— La pequeña asintió. Aydan dirigió su mirada a ella y comía un chocolate con un envoltorio dorado. Suspiró. —No puedes comer azúcar— la reprendió —A mi tía no le gusta que lo hagas— —Te doy la mitad si no le dices— —Bien— El rubio se sentó al lado de la pequeña, quien le extendió la mitad de la tableta. —Oye Darcy— la niña alzó su mirada cuando dijo su nombre —Bueno... asumamos que me gusta una chica— —Marisol— dijo asintiendo. —Bien, asumamos que no sabes el nombre de la chica— dijo —¿Que podría hacer para llamar su atención?— —Yo solo tengo que pedirle que juegue conmigo— mencionó dándole una mordida a su trozo de chocolate. —¿Por qué no lo haces?— —Porque no quiero que Marisol juegue conmigo— Aydan rio por lo bajo al darse cuenta en lo bajo que había caído. Le estaba pidiendo consejos amorosos a una niña de tres años. —Hola, Aydan— saludó Imogen entrando a la cocina, —Hola, Darcy— La niña engulló de un mordisco el resto del chocolate al igual que el rubio, por debajo de la isla, vigilando que la castaña no se diera cuenta, le pasó a Aydan el envoltorio. Este lo guardo en el bolsillo de su pantalón. —Hola, Imogen— Aydan tomó una servilleta y de una manera algo tosca limpió el rostro de la más pequeña. —¿No deberías estar en la escuela?— —Nos dejaron estas horas libres para poder estudiar para el examen de historia— —¿Y que están viendo?— preguntó la chica de los rizos mientras se servía agua en un vaso. Aydan miró a Darcy, quien abrió mucho sus ojos y se alzó de hombros negando con su cabecita. —Revolución industrial— —Era mi tema favorito— mencionó la chica. —Por supuesto que sí—apenas murmuró Aydan mientras Darcy reía. —¿Y tu, Darcy?— —Morgan le gritó a una compañera y no me dejaron seguir en clase— —¿De verdad lo hizo?— preguntó la chica incrédula —¿Que acaso no tiene modales? ¿Sabe lo malo que es para la imagen de la familia?— La pequeña frunció su entrecejo y miró a Aydan. —Creo que Darcy y yo iremos por allá— —Aydan, aguarda— le pidió la chica de piel color almendra —¿Crees poder hablarle a Cayden?— —Si— apenas dijo el muchacho. Y tanto él como Darcy salieron casi corriendo de la cocina. * Apenas y el muchacho lograba concentrarse en el examen que tenía frente a él. Pasaba sus manos por su rostro concentrándose en que los ruidos provenientes del estómago. —No has contestado nada— dijo Sterling. Ni siquiera apartó la mirada de su propio examen. —Creo que Darcy me dio un chocolate de Morgan— admitió el rubio mirando en dirección a la maestra, quien estaba demasiado distraída en su celular. El chico tuvo que reprimir una carcajada. —Tira tu examen al suelo— ordenó el otro. El chico de los rizos rubios obedeció, entonces el otro al inclinarse a recoger su examen del suelo dejó el suyo sobre el escritorio de Aydan. —Gracias— —Tu nos salvarás en física— le respondió. Aydan asintió. El resto de la hora, fingió que contestaba su examen, pero realmente solo estuvo rezando por que su estómago no hiciera algún ruido demasiado fuerte que lograra llamar la atención de alguien. No, no ocurrió. * El rubio volvió a hacerse una coleta, recogiendo los mechones que habían caído de esta y soltó un suspiro. —¡Ve esas armas!—exclamó Sterling al golpear uno de los brazos de Aydan. —¿Qué tal todo con Harley?— preguntó Aydan tomando una de las mancuernas para continuar con su entrenamiento. —Las cosas siguen demasiado subidas de tono, así que puedo asegurar que vamos de maravilla— contestó su amigo siguiéndolo. —¿Y tú y...?— —Creo que me rendiré— admitió Aydan por primera vez en voz alta. Sentado en aquel banquillo alzó un poco su mirada y se topó con un Sterling horrorizado. —¿Qué?— —Lo que escuchaste— dijo el rubio acomodándose. —Creo que es algo que tarde o temprano debo afrontar— —Yo creo que deberías cambiar tus jugadas— —¿Y cómo lo hago?— quiso saber el chico mientras continuaba con su ejercicio. —Deberías invitar a alguien más a salir— sugirió. —No creo que sea buena idea— admitió —Creo que incluso se alegraría— —¿Cuál fue el último regalo que le diste?— preguntó. Y la manera en que el rubio frunció sus labios fue respuesta suficiente, —Maldita sea Aydan— —¿Qué esperabas?— le preguntó soltando la pesa —Que después del regalo que le dio Cayden, yo llegara con chocolates y le dijera: Si quieres podemos usarlo juntos— —Hace unos dos años de eso— le reprochó —Vamos Aydan, ni siquiera deberías de seguir atormentando con ello— —Le he intentado pedir consejos a Darcy hace rato— —Demonios Aydan, eso sí es deprimente— soltó el chico pasando una de sus manos por su cabello. Apenas y lograba sentirlo, ya que el día anterior lo había rapado. —No, en definitiva debes cambiar tu forma de intentar salir con Marisol. De otra forma terminarás solo y deprimido— —Te he dicho que lo mejor...— —Una vez me dijiste que un Tremblay nunca se rinde— Aydan soltó un suspiro. —Bien, tu ganas— —Tu y yo planearemos algo estupendo— soltó el chico con una enorme sonrisa decorando su rostro —Pero primero báñate, hueles a perro mojado— * Las manos de Aydan temblaban demasiado cuando bajó de su vehículo. Repasaba mentalmente el cómo iniciaría con aquella conversación de acuerdo a lo que Sterling le había aconsejado. No debía de hablar de más. Para él, aquella situación era da vida o muerte. Algo exagerado; sí. Pero el chico era consciente que ya había agotado casi cada uno de los cartuchos que tenía. Si continuaba, lo más probable era que la chica se hartara. Prefería ser él quien se retirara con dignidad. Y aquello... Aquello no era más que un intento desesperado. Uno de los últimos, de acuerdo con él. Así que con sus manos y piernas demasiado temblorosas emprendió ese camino que ya se sabía de memoria. Aunque iba a un lugar más en su casa, se sentía como un intruso. Pero recordaba lo que le había aconsejado Sterling. Después de todo él tenía una relación, seguramente sabía lo que hacía. Debía hacerlo. Pero, mientras avanzaba, no podía evitar pensar en que tal vez aquello era demasiado. Desde el hecho que se había puesto aquella camisa, que el otro chico le había insistido que resaltaría sus ojos; hasta las orquídeas blancas que llevaba. Probablemente, Marisol se preguntaría cómo sabía cuáles eran sus flores favoritas. Como pudo se armó del valor necesario para atravesar la cocina con paso seguro, después apoyarse ligeramente en la isla central. Al igual que le había indicado Sterling dejó las flores en esta sin decir nada. Después intentó ocultar el temblor en sus manos y las llevó hasta la cajetilla de cigarrillos que guardó en el bolsillo de sus pantalones. —Pero no fumo— le había dicho a su amigo. —Pero te hará lucir maduro— había insistido. Y todo iba bien. Ni la señora Alana o Marisol sabían que ocurría. Hasta que Aydan colocó el cigarrillo al revés y la madre de la chica soltó una carcajada. De los nervios, el cigarrillo cayó y el muchacho tuvo que apresurarse a recogerlo. —Maldita sea— susurró mientras lo tomaba y volvía a colocarlo en sus labios. —¡Pero si eres un encanto!— exclamó está tomando al chico de sus mejillas y plantándole un beso en una de estas. —Lo has puesto al revés— Aydan se sonrojo. Demasiado. —Si, bueno yo...—rascó su nuca. —Me iré a contarle un cuento a Darcy para que duerma— se disculpó la señora Alana, disponiéndose a abandonar a los chicos —Espero solo sean flores esta vez Aydan— —Solo son flores— aseguró mientras ella salía de ahí riendo a carcajadas. Aydan tomó el cigarrillo de sus labios y lo tiró en el bote de basura. Resignado. No estaba sorprendido ante el hecho de haber arruinado otra oportunidad con la chica. —¿Son para mí?— quiso saber Marisol extendiendo su mano indecisa, preguntándose si debía o no tomar las flores. —Eso no importa ya— dijo Aydan dándole la espalda, dispuesto a irse a buscar consuelo en Morgan. Quien probablemente se burlaría de él. —¿Por qué?— —Por qué no importa lo que haga— respondió el chico girándose y dejando caer sus manos a sus costados. —No te gusto y esta bien, creo que ya es hora de que avance y...— —Nunca dije eso— apenas y murmuró la chica. —¿Qué?— —Nunca te dije que no me gustaras— señaló la chica desviando su mirada —Tú fuiste quien dedujo eso— —¿Qué esperabas que pensara?— se atrevió a preguntar —No importa cuánto me esfuerce o insista, siempre evades el tema. Pero esta bien, en serio. Creo que será mejor que deje de intentarlo— —Aydan, yo...— —¡No!— se apresuró a interrumpirle —Está bien, no soy tan idiota como crees. Me he dado cuenta de cómo huyes de mí o él como evitas estar sola conmigo. Y lo siento, no te das una maldita idea de cómo lamento el maldito día en que creí que masturbarme con una foto tuya era buena idea. Y me arrepiento más de haberle pedido a Cayden que me ayudara a resolverlo— Silencio. —¡De verdad lo hago!— exclamó el rubio, —No te das una idea de que tan miserable me he sentido desde entonces. Pero esta bien, no es tu culpa. Fue mi culpa por creer que alguien tan perfecta como tu podría fijarse en alguien...— Se detuvo al notar que la chica estaba a punto de llorar. —¿Estas bien?— —Si me gustas, Aydan— soltó la chica pasando una de las mangas de su blusa blanca por debajo de sus ojos para limpiar las lágrimas que se asomaban. —Pero tengo que pensar en mi madre y en mi— Él no comprendió del todo. Y ella soltó un suspiro al percatarse. —Si nos enojamos o si llegamos a cortar...— el muchacho comprendió con aquellas palabras a dónde se dirigía —¿Quiénes crees que deberán irse?— Él miró a sus manos. —Te juro que me iría yo— —No abandonarías a tu familia— —Solo me mudaría— admitió. Se alzó un poco de hombros —No sería la gran cosa— El corazón de Aydan sentía que se estrujaba con cada vez que Marisol pasaba su manga por debajo de sus ojos. —Por favor deja de llorar— le pidió. —Es que a mi también me duele—la chica era demasiado temblorosa —Pero yo nunca te reprocho eso. ¿Crees que no capto tus indirectas?— —Pensé que no lo hacías— —Si las capto Aydan— El rubio no pudo evitarlo y se acercó a Marisol. Con delicadeza utilizó la manga de su camisa para limpiar algunas de sus lágrimas. La chica soltó una pequeña risita. —Será mejor que vaya a buscar a Morgan—señaló al apartarse. —Aydan— lo llamó Marisol. Él alzó un poco sus cejas a manera de respuesta. —¿Un café?— —¿Ahora?— —Mañana— le respondió riendo un poco. —Podemos ir...— —¡Si!— —A los jardines— dijo ella entre risas. —Sí— contestó el chico intentando no perder la compostura, —Si— —Bien. Con una gran sonrisa se fue en busca de su prima, pero decidió no contarle nada. Ya le diría.
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