Lo introdujo en su boca, succionándolo casi completo, con unos movimientos que nublaron la razón de Mateo por unos instantes. El placer fue tanto que no pudo hablar adecuadamente, apenas le pidió que se detuviera, y ella no parecía dispuesta a hacerlo. Empezó a emplear también sus manos y su lengua, remeneando la última de maneras que lo hacían sentir en el cielo. Pero la sensación de que no debía de hacer eso, continuaba en su mente aún. Ni siquiera conocía la razón, pero suponía que era una especie de lealtad que guardaba con Valeria, pero ¿guardaba ella lealtad con él?, Se preguntó Mateo, ciertamente, dolido por el hecho de que era muy probable que no, que ella no guardara ninguna clase de lealtad con él, con esos pensamientos en la cabeza, adicionado a los movimientos expertos de Mari

