—Gracias, Shan. —No me agradezcas. Ambos sabemos que solo estamos atrasando tu infierno, pero es agradable saber que al menos la estas pasando agradable… ¡Pero quien no lo pasaría agradable conmigo! Nos vemos mujercilla. Iré a jugar una parta de mángala esta noche. Cerró la puerta. La semana había sido muy calmada. Como el Ramadán inició, las ocupaciones de los hombres se tornaron más fuera del Kale que dentro. El tatuaje y la ausencia dentro hizo que Elif pudiera acoplarse a la presencia de Shan y a la morada que amablemente le ofreció. El hombre insistió que lo hacía por el tatuaje y porque no deseaba que se arruinara, sin embargo, ella sentía que le guardaba un poco de empatía o al menos de curiosidad, pero en ningún momento dejaba de repetir que tarde o temprano el Kale la reclamar

