—Maldita—espetó entre dientes mientras su agresiva mirada lo recorría todo. Pudo haberse marchado allí mismo hasta que notó que una de las cortinas se ondeaba un poco por la entrada de una ráfaga de aire que se coló por la puerta abierta. Sabía que nadie se interpondría así que descaradamente la dejó de par en par. La sombra de Elif quedó al descubierto y entonces el hombre comenzó a reír. —¿No sabías que es de mala educación negarse a las visitas? Sus pasos se fueron acercando cada vez más. Idiota. —Solo quiero divertirme un poco, Elif. No es Haram hacerlo. Con esas palabras intentó sujetarla en medio de la oscuridad, pero la mujer fue más rápida y se escabulló de entre sus brazos con rapidez. El hombre tropezó con uno de los muebles y soltó una queja en medio de la persecución. L

