Capítulo 4

2030 Palabras
-Buenos días.- Saludé seria a Camilo, quien ya se encontraba en mi oficina organizando sus cosas. -Buenos días Melany. Perdón, señorita López.- Caminé a mi máquina de cafés tras dejar mi cartera en el asiento. -Lo de Melany está bien.- Comenté, sorprendiéndome.- He aceptado, seremos colegas.- Dije sin mirarlo, más concentrada en llenar mi taza con un Latte de Vainilla. -Ah, pues bien, quiero decir, si es lo que querías... está bien. -Lo que digas.- Tomé mi taza y me senté en mi cómodo asiento de cuero. Ya estaba dentro de este caso, ahora tocaba hacer mi trabajo como tantas veces hice antes. Por lo que puse la música que me ayudaba a concentrarme y empecé por las cosas que ya sabía: Se estaba vendiendo ketamina a universitarios. Tenía que ir a los orígenes de ésto. ¿Como nos enteramos de todo? Fácil. A un joven se le confiscó dicha droga, el chico era estudiante de la Universidad Estatal de la ciudad y había dicho que ahí la había obtenido. ¿De quién? He ahí nuestro primer problema, nuestra primera incógnita, pues el muy maldito no quiso decirlo cuando lo interrogaron. Tomé un papel con adhesivo y anoté: Llegar al proveedor. Pegué la nota en el borde de la pantalla del computador, como recordatorio. Lo extraño del 'Nuevo enfoque' era que no sabíamos a ciencia cierta a qué grupo debía... ¿Infiltrarme? Teníamos sospechas, pero nos quedábamos en eso. Lamentablemente las leyes no me permitían tomar prisionero a alguien por el simple hecho de ser sospechoso, así que tendría que tener pruebas . Esa era la primera etapa y a eso es a lo que me dedicaría. Faltando poco para la hora de almuerzo, Christopher entró a la oficina, llamando la atención de ambos. Lo primero que hizo, fue dejar una carpeta en mi puesto. Alcé una ceja, preguntándole indirectamente qué significaba eso. -Es sobre tu caso. Cristina Jorquera. Llamaron al 911, fue encontrada muerta en su habitación, por sobre dosis de ketamina.- Fruncí el ceño. ¿Una muerte tan rápido? -Eso quiere decir que Forense ya se encuentra en el lugar.- Dije descalzándome los tacones y cambiándolos por una manoletinas negras. Tomé la carpeta, mi equipo, el cual consistía en un chaleco antibalas y mi preciosa pistola Jericho 914FS, y salí de ahí, pero cuando iba en la puerta... -Sí, los médicos forense ya están ahí. ¿Dónde crees que vas? -Te creía más inteligente. Me acabas de dar un caso. Voy a terreno.- Contesté aunque sabía muy bien a lo que se refería. -Sí, vas a terreno, pero con Camilo. Él es tu guardaespaldas y te acompañará donde sea que vayas. -¿Estás de broma? El lugar está cerca, no necesito niñero. -¿Quieres que te recuerde lo que pasó en el caso Andrea?- Todo mi cuerpo se paralizó. Mi pecho se oprimió y sentí como mis manos comenzaban a sudar. Inclusive, la carpeta casi se cae de mis manos. No podía creer que haya sacado ese caso a relucir. Ese tema había sido demasiado... ya ni siquiera sabía cómo describirlo. Borré todo rastro de terror de mi cara y lo miré a los ojos. -No te atrevas a sacarla a relucir. Y no revuelvas las cosas, eso fue tratar con una mente enferma desde un comienzo, esto son drogas. Iré sola. Fin de la historia. -Irás con Camilo y soy tu jefe, es mi última palabra.- Miré al susodicho, quien estaba sonriente al lado mio, listo para salir.- Estás perdiendo tiempo precioso, Melany.- Bufé y me giré, indicándole a Camilo que me siguiera rápido. Era cierto. Cada segundo que pasaba, era un segundo en donde los sospechosos estarían más lejos del lugar del crimen. En el estacionamiento del cuartel, saqué mis llaves y me fui a mi Mercedes, pero Camilo no me siguió, sino que se montó a una camioneta bastante destartalada. -Sube linda, yo conduzco. -Estás en un error si pensaste por un nanosegundo que me subiría a esta cosa. -Es una camioneta. -Ya sé lo que es.- Bufé, no queriendo perder más el tiempo.- ¿Estás seguro de que este cacharro no pone en peligro nuestras vidas?- Comenté dudosa guardando las llaves en mi cartera y aproximándome a su... transporte. Me miró como si le hubiese lanzado el peor de los insultos y desde su asiento me abrió la puerta del copiloto. -Haré como que no escuché eso. Mejor sube y dame esa dirección. Eso preferí hacer. Me subí a la camioneta y le entregué la dirección, esperando llegar con vida. En el camino, verifiqué que mi 941FS estuviera cargada, dado que la experiencia me había enseñado a que uno nunca sabe qué se puede encontrar. Justo cuando guardaba las municiones en el chaleco antibalas, llegamos al lugar. Camilo, sorprendiéndome, se adelantó en bajar y me abrió la puerta antes de que yo tuviera tiempo a hacerlo con mis propias manos. Hice como que no noté ese peculiar gesto y me bajé sin dar las gracias. La casa era un caos. Forense estaba invadiendo el lugar, la familia lloriqueaba en el living y policía del 911 cercaban el lugar. Intercambié mirada con uno de los oficiales. Creo que se llamaba Víctor, la verdad no recordaba. Era un profesional en lo que hacía y una vez compartimos cama. Fue hace mucho, cabe mencionar. Su mirada me indicó que las cosas no estaban bien, por lo que supuse, la familia se encontraba histérica. -Melany, dime qué hacer y lo hago. -Sólo haz tu trabajo, Camilo. No dependes de mi para ello.- Saqué mi placa y me acerqué a la familia. Padre, madre y hermana adolescente. Les enseñé mi identificación y comencé con la rutina.- Melany López, agente del FBI. Los interrogaré por separado, comenzando con usted, señora. Por favor sígame.- La guié hacia su propia cocina e hice que se sentara. Tras varios minutos de entrevista, no encontré nada que pudiera llamar mi atención, lo mismo con el testimonio del padre. Eran los típicos progenitores que ponían sus manos al fuego por su inocente pequeña y tapan todos sus errores bajo el pretexto de que era una estudiante ejemplar. Luego, continué con al hermana menor, de quince años. Fue ella quien encontró a Cristina, por lo que su relato me interesaba levemente más que el de los otros. -¿Podrías contarme cómo sucedieron las cosas? -Llegué del colegio, fui a su habitación y la encontré tirada en el piso.- Su voz, aunque triste, sonaba segura. -¿Y tus padres?- Justo en ese momento, Camilo entró a la cocina, indicándome con sus ojos que había algo importante que ver. Seguí con la entrevista. -Habían salido, no sé a donde.- Las historias coincidían. -¿Sabes quién pudo haber estado con tu hermana antes de esto? -Con su amiga, o su novio.- Novios... son un problema para la sociedad. -Necesito que me escribas sus nombres en esta hoja.- Le entregué un papel en blanco.- ¿Qué hacia tu hermana aparte de estudiar? -Vendía zapatos exportados. Sus compañeras le compraban, o sus compañeros para sus novias. Le iba bien en el negocio.- Camilo tosió, llamando nuestra atención. Con la mano, le indiqué que me esperara un poco más. -¿Y hace cuánto compraba drogas?- Mi pregunta la sorprendió, pues abrió desmesuradamente los ojos. Mi experiencia me había dicho que quienes tenían esa reacción, escondían algo. Ya había visto demasiados casos parecidos como para equivocarme con eso. -No... no sé.- Bingo. Si sabía. -Mira,- Me reacomodé en el asiento de madera.- Llevo cinco años en este sistema. Sé distinguir cuando una cría quinceañera me está mintiendo. Si hablas, será mejor para todos. -No sé nada. -Harías bien en saber que no soy muy paciente, niñata. -¡No se nada! ¿Vale? Mi hermana acaba de morir. ¡Ya déjame en paz! Ya dije lo que tenía que decir, y si no te sirve, no es mi problema. Respiré hondo, intentando calmarme. No funcionó. -Melany.- Era Camilo. Casi me olvido que estaba allí. Avanzó hacia mi y puso su mano en mi hombro.- Te necesitan arriba. Forense se está marchando y necesitan corroborar algunos datos. -Tú. Acompáñanos.- Le indiqué a la adolescente. Los tres subimos las escaleras hacia la habitación de Cristina, en ella, la jefa de Forense, Sofía Miranda, trabajaba meticulosamente en escena del crimen. La chica era responsable y en casi todos los casos que estaba yo, estaba ella también. -¿Y el diagnóstico?- Pregunté a su lado. -Sobredosis de ketamina. No hay señales de forcejeo, lo que nos hace pensar que se drogó sin estar bajo presión. Encontramos huellas parciales en velador que ya fueron enviadas al laboratorio. -¿Algo interesante? -Puede ser. Cristina tenía los zapatos embarrados, por lo que pudimos ver su recorrido por la habitación. Se dirigió al armario, donde sólo hay montones de zapatos femeninos en sus respectivas cajas.- Miré a la hermana de la víctima y luego a la propia Cristina. Estaba sentada en el suelo con la espalda y cabeza apoyada en la cama. Su cuerpo totalmente inerte. Ya no me afectaba tener que ver estas cosas. Cinco años eran demasiado, en los cuales había visto mil cosas peores, y en los cuales había vivido mil cosas peores. El caso Andrea era un ejemplo. -Perfecto. Si encuentras algo más, no dudes en decírmelo y envía a mi oficina los resultados del laboratorio lo antes posible. Pueden llevarse el cuerpo.- Asintió, y con su grupo, hizo lo que le pedí. Lo primero que hice, fue poner mis guantes de látex, no quería dejar mi huella en ningún lugar, y comencé a registrar su escritorio. Pude ver que Camilo seguía mis movimientos con su mirada, lo que me inquietaba. No me gustaba cuando las personas me miraban. Me acerqué a él, de mi bolsillo saqué otro par de guantes y se los entregué. -Busca cualquier objeto extraño, corta punzante, algún dato, número telefónico fuera de lugar, y muéstramelo, por favor.- Abrió sus ojos en sorpresa. -Pensé que sólo en mis sueños te escucharía pedir algo con tanta amabilidad.- Quise preguntarle si es que estaba declarando que soñaba conmigo, pero no lo hice. En su lugar, reprimí la sonrisa que quiso salir producto de sus palabras y me volví a lo mío. -¿Me puedo ir ya?- Preguntó la hermana pequeña. -Tu no te mueves de ésta habitación.- Respondí a la vez que abría un cajón con una libreta de contactos. ¿Quién en el siglo XXI anotaba sus contactos en una agenda? La dejé sobre la cama. -Puedo denunciarte. Por malos tratos, ¿Sabías? -Adelante, hazlo. Quiero ver a quien le da la razón el juez. ¿Estás segura que no tienes idea de que tu hermana consumía drogas? -Segura.- Me chocaba cuando la gente mentía deliberadamente. -Entonces... no te importará si Camilo revisa tu habitación. -Mientras sea él. -Camilo, haznos el favor de revisar la alcoba de la señorita. -Andando.- Cristina junior se encaminó a sus aposentos, pero la detuve. -Un par de preguntas más y eres libre.- Le sonreí con cinismo.- ¿Cómo era el ánimo de Cristina estos últimos días? -Bien, digo, estaba con sueño, pero supuse que era por la Universidad. -¿Y por qué otra razón pudo haber sido? -Pues... no sé... Pasaba tiempo con su novio. -Háblame de él. ¿Cuánto tiempo llevaban? -Cuatro o cinco meses. -¿Nunca te comentó cómo se conocieron?- Ojeé la libreta de contactos. Sólo números, nada de nombres. -En una fiesta. -¿Y tu madre qué opina de su novio? -Dice que es un buen chico. -¿Supo lo que le pasó a su chica? -Sí, pero no podía venir, estaba ocupado.- ¿Ocupado? ¿Era en serio? ¿Qué podía ser más importante que una novia muerta? Sonreí internamente, burlándome de los novios que juraban amor eterno. ¿Dónde estaba ahora el noviecito de Cristina? Por eso, no hay que tener novios. Sólo compañeros. -Melany, tienes que ver esto.- Guié mis ojos a los de Camilo, y otra vez, la oscuridad de ellos llamó mi atención. -Tú primero.- Indiqué a la quinceañera, quien volvía a estar nerviosa. ¿Cómo lo sabía? Sus cejas estaban levemente fruncidas y apostaba a que sus muelas mordían la cara interna de sus mejillas. Fuimos a la habitación de enfrente, y lo primero que dije me sorprendió más a mi que a los demás. -Buen trabajo, Camilo. -Y eso que no has visto lo mejor.- Tomó de mi antebrazo y me guió al armario de la chica, de esos que son pegados a las paredes. En él, Camilo había sacado las prendas y dejado sobre la cama. En la pared de al fondo, cerca del piso, había una trampilla abierta. En su interior, se podía observar claramente kilos y más kilos de ketamina en bolsitas. Me giré sobre mis talones para observar a la recién entrevistada con una sonrisa de sabionda. -¿Sigues estando segura de no saber lo del tráfico de drogas?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR