Omega de sangre pura

1697 Palabras
Tony Stark miraba atento los hologramas que presentaba Jarvis frente a él y de vez en cuando escribía con rapidez algunos códigos para desencriptar los archivos encontrados en la red de la empresa. Se sentía un poco ansioso pues deseaba averiguar lo que su padre ocultaba tan celosamente.   Desde hace un par de días, Howard se había estado comportando de una manera extraña en casa, siempre estaba molesto y regaba su intenso humor en cada rincón haciendo que Tony se sintiera frustrado al no poder siquiera levantar la mirada para encararlo. Era una verdadera pesadilla ser omega porque por más que su mente pudiera razonar con lo ilógico que resultaba sentirse doblegado por los alfas, tampoco tenía la fuerza física necesaria para oponerse. Intentó ignorar su pesar y concentrarse en los códigos, pues por más que intentaba, no podía desbloquear los archivos encontrados.   Tony era hijo único, un omega de sangre pura nacido de la unión de un matrimonio alfa. Howard y María intentaron por muchos años procrear un alfa que heredara las industrias Stark, pasaron diez años intentándolo y al final se rindieron, María no lograba quedar embarazada y estaba llegando al final de su vida reproductiva. Grande fue la sorpresa del matrimonio cuando lograron un embarazo que, a sus más de cuarenta años, resultaba ser de alto riesgo.   Howard puso a disposición de María los mejores médicos para lograr a su tan anhelado heredero y el esfuerzo había consumado en un omega de sangre pura. Tony siempre se sintió una decepción para sus padres pues no podría seguir con el legado Stark, solo sería el medio para entregarlo a un alfa con los mismos intereses del fundador.   Tony creció escuchando todo tipo de conversaciones donde la sociedad lo veía como una peste. La compañía Stark era una de las más poderosas del mundo y se iría en declive cuando Howard muriera, pues no le quedaría más opción que entregar a su hijo a un alfa que lo protegiera, al igual que a su amada empresa donde había dejado su vida entera. La situación familiar no era muy agradable tampoco, pues al sentirse tan deprimido, su salud siempre fue muy inestable, obligando de esa manera a María a estar siempre a su lado para cuidarlo.   Y a pesar de toda la crítica social, su madre siempre le mostró mucho amor y dedicación, a ella no le molestaba quedarse en casa a cuidarlo. Evitaban lo más posible cualquier reunión con extraños pues Tony era muy sensible a los estímulos externos y continuamente necesitaba del calor y protección de su madre.   Con el pasar de los años su círculo aumentó un poco. Howard fue capaz de asignarle un guardaespaldas beta para que de esa forma María tuviera la oportunidad de hacer su vida, aunque fuera solo por unas horas. Después le fue permitido estudiar porque a pesar de ser un omega de sangre pura, Howard no quería que su hijo se mantuviera ignorante. Tony siempre se esforzó mucho por destacar, lo cual le ayudó a obtener muchos logros académicos que lograron unirlo un poco a su padre. Al terminar sus estudios con menciones honoríficas, Tony obtuvo un carácter y autoestima muy similar a los alfas, no se dejaba pisotear por nadie, aunque a veces pecaba de ególatra al no medir sus acciones y llegar a ponerse en riesgo; pues a pesar de tener los argumentos y la sabiduría para defenderse, seguía siendo un omega de sangre pura, débil físicamente y con necesidades básicas de sentirse protegido.   Ahora, a sus veinte años, su vida se resumía en trabajar en proyectos para las industrias Stark sin llegar a salir mucho de casa. Y cuando necesitaba estar fuera, pasaba la mayor parte del tiempo en la gran torre de su padre, aislado de los demás trabajadores para evitar confrontaciones de cualquier tipo. Usualmente su guardaespaldas beta “Happy” se mantenía cerca para asegurarse de que no escapara, solo bajaba la guardia por las tardes, cuando lo visitaba su amigo Bruce, un alfa que conoció en la universidad y con quien logró una gran amistad, era prácticamente su hermano con quien compartía sus innovadores proyectos.   Tony trabajaba incansablemente en la empresa de su padre para demostrarle que era capaz de dirigirla sin necesidad de entregarse junto a todo su patrimonio a un estúpido alfa. Aun así, la herencia no era lo único que preocupaba la mente ocupada del anciano Howard, el futuro de su hijo estando expuesto como un pedazo de carne que cualquiera podría devorar, era algo que no lo dejaba dormir por las noches, por lo que optó por asegurar un matrimonio arreglado para cuando él llegara a faltar. Tony había sido prometido al alfa Justin Hammer, un poderoso empresario que se dedicaba al desarrollo de armamento militar.   Howard no estaba de acuerdo con el rubro de su futuro heredero, pero no tenían grandes opciones cuando tanto él como María ya rondaban sus setenta años y Justin era el único que se mostraba preocupado por la salud de Tony cada vez que visitaba la mansión Stark. Ese sujeto siempre se mostraba dulce y gentil, aunque un aura de deseo salvaje expulsada por el tipo, lo hacía desconfiar un poco. Siempre que estaba a solas con él se sentía como un pequeño conejito que sería devorado por el despiadado depredador, pues su insistencia por una gran familia siempre era el tema de conversación principal.   Y a pesar de su nada esperanzador futuro, no se quedaba con los brazos cruzados. Después de mucho rogarle a su madre, ella le había otorgado unas horas a solas lejos de la insistente mirada de su guardaespaldas para poder trabajar en sus propios proyectos científicos. Había aprovechado cada segundo de ese tiempo libre para desarrollar distintos prototipos de armaduras que le permitían escapar de la mansión por las noches para intentar averiguar uno de los mayores secretos de Howard.   Entre los muchos informes que Jarvis le había presentado, encontró uno donde describía que su padre había hecho una visita al Atlántico Norte y había encontrado a un súper soldado alfa. Su padre había encontrado al famoso Capitán América quien por poco logra destruir a Hydra, la asociación terrorista más poderosa de hace algunas décadas. Tony creció escuchando las historias de aquel valeroso super héroe y lo mucho que Howard lo quería, pues él en persona lo había visto convertirse en aquel alfa gracias a la fórmula del súper soldado.   «¿Qué quiere mi padre de un muerto?» Se había preguntado confundido al ver fotografías donde el cuerpo había sido trasladado a la torre Stark.   Tony había intentado en varias ocasiones averiguar los proyectos secretos de las industrias Stark preguntando directamente a su padre. Sin embargo, bastaba solo una negativa con el tono amedrentador del alfa para hacerlo callar y guardarse sus dudas. Odiaba ser omega y estar expuesto de esa forma a los alfas y lo peor, no ser capaz de defenderse a sí mismo.   Afortunadamente tenía a Bruce cerca, el único alfa en el que podía confiar y el único que lo respetaba por quien era.   «Ya basta», sacudió la cabeza para continuar revisando sus códigos, debía extraer la información lo antes posible.   Según algunas pistas encontradas en la red, esos archivos revelaban un gran secreto del mercado n***o. Al parecer los omegas de sangre pura eran muy valiosos para la compra-venta, y más específico, para Hydra. No había mucha justificación de ello, solo se mencionaban armas que la corporación buscaba.   — ¿Terminaste de trabajar? —Escuchó la voz de su guardaespaldas provocándole un sobresalto, de inmediato cerró los documentos con un manotazo en sus hologramas.   — ¿Acaso no te enseñaron a tocar? —Siseó enojado hacia ese burlón hombre, odiaba ser interrumpido de esa forma.   —Toqué, pero no respondiste. Tu padre está pidiendo tu presencia en la torre Stark y sabes que no podemos hacerlo esperar.   —Ya sé —bufó fastidiado colocándose la chaqueta de cuero que llevaba ese día.   —No, no, no —canturreó Happy obligándolo a quitarse la chaqueta y ponerse un saco gris demasiado flojo para su pequeña constitución.   —Ya bastante ofensivo es que te presentes con esos pantalones desgastados como para que te pongas una chaqueta de delincuente. Apúrate, vamos tarde.   Tony entornó los ojos y se adelantó a la salida para no seguir escuchando las absurdas críticas. A veces lo hacían sentir como un viejo anticuado vistiendo de forma impropia a su edad. Con paso apresurado se subió a la limusina y se despatarró en aquel amplio espacio ganando una mirada reprobatoria de su nana personal al acomodarse frente a él.   — ¿Ahora qué quiere mi padre? —Preguntó con desdén cuando la limusina comenzó su recorrido.   —Hoy será el día en que descongelen al Capitán América —anunció el beta con emoción— y tu padre quiere que estés cerca por si se requiere la implantación de los reactores que has desarrollado.   — ¿Para qué? —Preguntó divertido— ¿Acaso quieren utilizar el cuerpo del capitán como linterna?   Happy respondió a la broma con una mirada seria, como si de verdad no entendiera la razón de la broma.   —El capitán no está muerto —respondió su guardaespaldas en un susurro—, detectaron que entró en una especie de criogenización y esperan ser capaces de reanimarlo.   Tony desvió la mirada hacia la ventana sintiéndose muy sorprendido. No entendía como un hallazgo tan importante le había sido ocultado, tomando en cuenta que, casado o no con un alfa, él era una parte fundamental de la corporación. Su tecnología manipulaba casi en su totalidad a la torre Stark; y Jarvis, una creación propia, tenía acceso a todos los archivos, menos a las carpetas confidenciales de Howard.   La indignación se le pasó casi de inmediato al recordar los muchos videos que había visto del capitán salvando al mundo, siempre quiso conocerlo y ahora tendría la oportunidad de platicar con él y saber los secretos de Hydra. Tal vez él sabía por qué la corporación terrorista estaba buscando omegas de sangre pura, quizá ese vejestorio tendría las respuestas a las muchas dudas que siempre tenía rondando en su mente.
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