El caos de la mordida

1570 Palabras
Tony sintió como la marca del alfa se esparcía en su sistema gracias a la mordida, se sentía como un veneno que lo recorría, creando una atadura invisible que apretaba su corazón. El dolor de la acción se vio sustituida rápidamente por un deseo insaciable por sellar el vínculo. La mordida era apenas la primera parte para crear el enlace con su alfa, sus cuerpos debían unirse para entregarse en su totalidad y lo deseaba, ardía por ello. Sus pantalones fueron destrozados al igual que su ropa interior. El alfa estaba por completo desnudo y estaba acomodándose entre sus piernas abiertas. Podía sentir la posesividad emanar de aquel gran cuerpo, no desprendía ni una gota de afecto como sucedía cuando convivía con los alfas de su entorno. Aun así, ya no podía frenar lo que estaba a punto de suceder. Un sonido agudo, acompañado de luces cegadoras aturdió sus sentidos haciéndolo gritar y cubrirse por instinto. Unas manos lo levantaron por la cintura y lo condujeron con rapidez lejos de su alfa. Tony rompió en llanto con gemidos lastimeros mientras escuchaba a su alfa gritar desesperado, exigiendo que le regresaran a su omega. — ¿Estás bien? —Susurró Happy cuando fue depositado en el piso. Solo en ese momento pudo abrir los ojos y a pesar de que todavía estaba encandilado, pudo ver la mirada alarmada de su guardián puesta en su cuello. Tony no paraba de gimotear, un llanto muy extraño, era un sonido lleno de angustia el cual no podía frenar. —Tranquilo —susurró el alterado beta aspirando con fuerza en un claro intento de tranquilizarse—, si sigues haciendo tu llamado omega solo lograrás descontrolar a los demás alfas que quedan en el edificio y no creo ser capaz de salvarte por mí mismo. Tony llevó las manos a su boca hipando en un intento de cumplir con la sugerencia de su amigo. Ya bastante confundido estaba con lo que había sucedido como para atraer más problemas. En anteriores ocasiones había escuchado hablar sobre el llamado omega, era un llanto particular de su especie, el cual se hacía para pedir auxilio de su alfa y ahora que había sido marcado, había salido por sí solo. Se escuchó un corto sonido y unas puertas se abrieron frente a él, fue donde comprendió que habían descendido en el elevador. Happy lo levantó en brazos y salieron con prisa. Tony frotó la marca y la realidad poco a poco lo golpeó. La situación era una pesadilla, había sido marcado por un alfa que no era Hammer, se había dejado morder por un jodido alfa que no conocía. El aire del exterior lo hizo estremecer y poco después estuvo dentro del resguardo de la limusina, la cual, cerraron de inmediato y arrancó recorriendo las calles a gran velocidad. —Happy —susurró Tony aterrorizado aferrándose a su guardián que en ningún momento lo soltó— ¿qué demonios hice? —Lo que cualquier omega habría hecho en tu lugar —respondió su amigo en voz baja—. No te culpes por lo que pasó, en realidad fue mi responsabilidad por haberte dejado solo. —No, no es así —respondió intentando incorporarse, pero al notar que seguía desnudo intentó cubrirse avergonzado—. Si no te hubiera desobedecido, nada de esto hubiera pasado. Sus ojos se humedecieron y tuvo que tragarse su disculpa cuando un nudo en la garganta le cortó la respiración. —Entonces, dejémoslo en que fue culpa de ambos —respondió el beta con una sonrisa triste—, por el momento solo nos preocuparemos por revisar tu estado anímico. Tony volvió a gimotear y escondió el rostro en el cuello de su amigo temiendo a la reprimenda que le esperaba en casa. ***** —Café... —susurraba Steve al borde de la inconsciencia gracias al efecto de los potentes calmantes— Dulce... —llamaba con desesperación el súper soldado. —Howard, creo que deberías ir a la enfermería para que atiendan tus heridas. Por mucho que seas un alfa muy fuerte, a tus casi setenta años ya no es tan fácil recuperarte —recomendaba Vanko con un semblante preocupado. En ese momento solo se encontraban Howard y Vanko en una pequeña habitación con una camilla donde estaba recostado Steve, siendo sujetado por gruesas cadenas. El alfa Stark se inclinó hacia adelante revisando el monitor con el pulso del capitán y no pudo evitar quejarse por el esfuerzo. Le dolía todo el cuerpo por el breve enfrentamiento con el superhéroe, casi podía asegurar que tenía varias costillas rotas gracias a un simple empujón que le dejó tumbado en el piso. Aun así, era su responsabilidad mantener bajo control a Steve Rogers hasta lograr calmarlo y poder hablar con él. Era el trato que había hecho con Shield para evitar un encarcelamiento innecesario. —Sabes que necesitamos al Capitán América —susurró con voz afectada esperando que sus pulmones no colapsaran—. Y no voy a permitir otro ataque, debo asegurarme de que está en sus cinco sentidos. Inyéctale los supresores. Vio a Vanko negar con la cabeza y tomar una jeringa para inyectarla en el brazo del alfa con algo de inseguridad. Su amigo había sugerido encerrarlo en otro laboratorio con un vidrio como intermediario, sin embargo, era algo inútil cuando el capitán había destruido una sala similar sin aparente esfuerzo. Tampoco estaba dispuesto a exponer a más de sus científicos, finalmente esta había sido su idea y debía llevarla hasta el final a pesar de que su hijo había terminado siendo marcado y el futuro de las industrias Stark estaba condenado. «Mierda», gruñó para sus adentros. ***** En cuanto Happy y Tony llegaron a la mansión, rápidamente fueron recibidos por su madre alfa y un séquito de mucamas y médicos quienes habían adaptado su habitación con un montón de aparatos para su recuperación. Antes de ser depositado en la cama, Tony se aferró al cuello de Happy por el temor de afrontar la realidad, sus instintos omegas se habían apoderado de su mente y un gran pánico mantenía un peso angustiante en su corazón. —Vamos, cariño —canturreó su madre acariciando su cabello—. Debemos revisarte, la mordida de alguien tan poderoso como Steve Rogers podría causar estragos en tu salud. Tony olfateó el lugar dándose cuenta de que no estaba su padre, la verdadera razón de su terror. Se soltó un poco de Happy, su madre lo cubrió con las sábanas hasta la cintura y los doctores comenzaron a inspeccionarlo. —Bruce —sollozó al percibir el aroma de su amigo alfa. —Estoy aquí —escuchó al científico acercarse, lo vio apartar a uno de sus colegas y se inclinó para delinear la mordida en su cuello—. Estarás bien, me aseguraré de ello, te lo prometo. —Pero esto —gimoteó tocando la piel que se encontraba todavía muy sensible— ¿qué voy a hacer? Mi padre me matará. —No lo hará —aseguró su amigo con mucha seguridad—. Haré todo lo posible por borrarla, pero en gran parte necesito de tu ayuda. Si tú no deseas la marca, esta se borrará con el tiempo, necesito que te concentres en ese deseo de libertad. Tony asintió parpadeando sus lágrimas y cerró los ojos para concentrarse. No sabía exactamente qué hacer, se sentía estúpido imaginándose a sí mismo reprendiéndose para no desear la marca. Todavía estaba tan confundido que su mente solo se concentraba en la angustiosa preocupación por lo que su padre diría y su furia desmedida por haber comprometido el plan de unir las industrias Stark con la empresa de Hammer. Recordó por un momento a su prometido, la mirada lasciva del tipo que le provocaba un gran rechazo, lo imaginó encima de él marcándolo como lo había hecho el Capitán América y lo único que logró fue sentir una fuerte repulsión. En cambio, al recordar las manos seguras del superhéroe acariciar su piel, la humedad de su lengua recorriendo su cuello. La tormenta de sus feromonas encendiendo cada fibra de su ser, no pudo evitar sentirse anhelante. Su omega interior se retorció deseando regresar al lado del capitán e inconscientemente comenzó a llorar en voz baja con ese tono que Happy había descrito como "llamado omega". —Esto va a ser más difícil de lo que pensé —escuchó murmurar a Bruce. Al abrir los ojos se obligó a callarse, aunque las ganas de seguir llorando se incrementaron cuando vio a su madre negar enérgicamente. —Olvídate de borrar la marca, necesito que te enfoques en la salud de mi hijo —respondió ella con desesperación. —Pero, Howard... —Ya lidiaré con él más tarde —sentenció ella arrebatándole unas notas sostenidas por el científico—. Por favor, Bruce, su cuerpo está hirviendo y su corazón está muy alterado. —Sí, tienes razón —respondió el científico. Los médicos que lo rodeaban se hicieron a un lado y Bruce inyectó un líquido en la intravenosa. —Esto te ayudará a dormir mientras te hacemos un par de exámenes. Por favor Tony, si no quieres la marca, concéntrate en querer eliminarla, tú eres el único que puede deshacerse de ella. Tardó muy poco para que sus latidos se normalizaran y al caer en el inevitable sueño, la imagen del rostro excitado del Capitán América jamás abandonó su mente.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR