Capítulo 2.

2266 Palabras
—Yo soy Courtney Newman —regreso el apretón de manos —Toma asiento. —pido con amabilidad señalando la silla. Ella se sienta enfrente de mí, baja su menudo cuerpo hasta acomodarse en la silla de ruedas color blanca. Una sonrisa nerviosa escapa de ella, y así es como puedo apreciar sus labios color carmesí y sonrisa perfecta. —¿Qué edad tienes? —pregunto mirándola directo a los ojos. —El próximo mes cumpliré 25 años. —vuelve a sonreír. —Dime ¿tienes experiencia en administración? —tomo mi Tablet de apuntes y empiezo a tomar notas. —Bueno, administración de empresas era la carrera que estaba tomando en la universidad. —¿Has dejado de estudiar? —pregunto intrigada apartando mi vista del aparato que tengo entre mis manos. —Si. —suspira con dolor lo puedo ver en sus ojos —he dejado los estudios, se me ha complicado seguir pagando. —comenta desviando su mirada de la mía. —Ya veo. —paso la pluma digital por mi boca. —Pero, he trabajado de mesera, de mucama, así que tengo experiencia trabajando bajo presión. —comenta con entusiasmo. —Busco actitud, fuerza por aprender, ganas de superarse. —Eso quiero. —interrumpe. —Bueno —me levanto acomodando mi blusa que tiene la costumbre de subir y bajar cuando hago este movimiento —le diré a Brenda que te de la lista de documentos para que mañana entres a trabajar. —¿De verdad? —sus ojos brillan de felicidad.  —le prometo que no se arrepentirá. —Eso esperamos señorita Peyton. —Gracias. —estira su mano una vez más, pero esta vez ese apretón que correspondo me hace sentir diferente, ya que es cálida, suave y delicada. —Bueno —quito mi mano de la suya —nos veremos pronto —Susan —llamo a mi asistente quien entra a prisa —acompaña a la señorita a la salida por favor. —pido sonriendo. —Brenda me llamo, que si le regresa la llamada. —comenta Susan. —Claro. Ambas caminan a la salida, pero por una razón no dejo de mirar el trasero de Helena, algo en ella a atrapado mi atención por completo. Doy unas pequeñas sacudías a mi cabeza para dejarme de pensar cosas que no son, así que mejor tomo mi teléfono para hablar con Brenda. —Brenda. —digo su nombre en cuanto saluda al otro lado del teléfono. —Courtney, sabes el dineral que costara despedir a Omar. —comenta un poco preocupada. —Oye, yo no quiero a personas que destruyen matrimonios dentro de la compañía. —ya dije lo que pedí no fuera divulgado. —¿De qué hablas? —pregunta. —Es algo confidencial, solo te pido que se le pague lo correspondiente, ya yo hablare con el contralor para que autorice el cheque y no tengas problemas. —Sus órdenes son dinero para mí. —ríe sarcástica. —Por cierto. —trato de acomodar las mil preguntas que tengo dentro de mi cabeza —sobre la chica que me mandaste, Helena Peyton, me puedes enviar su perfil. —Si, bueno ella me mando un correo con su curriculum, ya mismo te lo envió. —Gracias, cualquier cosa ya sabes. —Claro, nos hablamos. —se despide. En cuestión de segundos tengo el documento de su vida en la pantalla de mi computadora. Resalta todo lo que menciono, debo admitir que, si Brenda me hubiera mandado solo el CV de esta chica sin antes conocerla, la hubiera votado, la pobre no tiene la universidad terminada y solo ha trabajado de mucama, mesera y su ultimo empleo repartidor de comida. —Susan. —la llamo desde mi escritorio. —A la orden. —pone su mano en la frente como los soldados. —Me retirare por hoy, mañana te encargo que estés capacitando a la chica en todo lo que se tiene que adentran, cualquier duda por favor no dudes en hacérmela saber. —Claro Courtney. Cuando me levanto de mi asiento, Susan corre afuera para tener listo mi abrigo y bolso. —Eres un sol. — comento mientras meto las manos en el abrigo —nos vemos mañana. —me despido. Bajo el ascensor hasta llegar a mi bebé, esta noche tendré una cena en familia, mi hermana hará oficial la entrega de las invitaciones. Cuando salgo del estacionamiento del edifico, puedo observar a Helena del otro lado de la avenida en la parada de camión. Ojalá no sea impuntual. Pienso. Claro que no, llego 20 minutos antes a la entrevista, ojalá siempre sea así de puntual en su nuevo trabajo. Me regaño en el pensamiento. Tomo camino a mi hogar, una mansión situada cerca del mar en uno de los lugares más caros y lujosos para vivir. Estaciono mi auto en la cochera. —Buenas tardes, señorita Newman. —me saluda Brat el encargado de mis autos y a veces mi chofer. —Bonita tarde. —me despido de él subiendo las escaleras, abro la enorme puerta que tengo enfrente, es de madera corrediza con detalles dorados en las líneas verticales. —Señorita. —me saluda Lory la ama de llaves. —Lory ¿Cómo estás? —Muy bien señorita, deje sus cosas listas para que se arregle. —Eres un sol. Camino hasta mi habitación, debo decir, que el recibimiento de Brat y Lory me hacen el día, aun me falta mi nana, y existen muchas veces en las que he deseado que en su lugar sea un esposo (fingiendo en la clase social) que espera mi llegada o incluso varios niños que van a mi encuentro a llenarme de abrazos y besos, pero no, con ellos dos me conformo. Camino por mi habitación hasta llegar al balcón con una vista al mar, contemplar las olas deslizarse sobre la arena, me hace sentir un poco de paz en esta alma tan triste que a veces me cargo, la brisa llega a mi rostro avisándome que está por atardecer. Ring, Ring. Escucho mi teléfono, camino hasta la bolsa de mano que he dejado sobre la cama. Llamada entrante de Axel. Leo en la pantalla de mi iPhone. —Aló— contesto mientras camino por la habitación. —Eres la mejor. —escucho con emoción su gruesa voz. —¿Ya te avisaron lo que hice? —sonrió cuando me miro al espejo. —Si, de hecho, mi exesposa me ha llamado para pedirme una oportunidad. —Ridícula, espero le hayas dicho que no. —le regaño. —Claro que le dije que no, lloro descontrolada, pero ella se lo busco. —Eso está bien, me alegro. —Te debo una. —se despide. Cuelgo el teléfono sosteniéndolo contra mi barbilla, ¿Cómo es posible que una chica de 25 años no tenga un teléfono? Si, estoy pensando en Helena, se me hace increíble que, siendo tan hermosa, no tenga uno. Pero bueno, todos tienen una vida diferente a la nuestra, no debemos juzgar sin antes conocer. Termino de arreglarme con un vestido rojo a la rodilla, tiene mangas transparentes y es de cuello alto, pero lo que hace de infarto es la espalda descubierta donde se deja caer una pequeña cadena de diamantes, me hago un moño alto y finalizo con unas zapatillas de Aquazzura son Heaven con tacón de 105mm y lo que las hace mejor son de diseño transparente con detalle de cristal en la plantilla de piel que tienen el logo y terminan en punta. Tomo fotos frente a mi espejo lleno de luces, me encanta lucir radiante e inalcanzable. Recojo mi bolsillo transparente. Bajo por las escaleras. —Su bugatti está listo. —informa Brat abriendo la puerta principal. Una sonrisa en mi rostro se hace presente, mi primer regalo que me obsequie fue esta preciosura, con mi primer sueldo lo recibí encantada. El olor de mi perfume baña el auto por completo, mi aroma favorito son los cítricos, pero esta noche decidí un olor más dulce. Al prender el motor siento una vibración exquisita que me hace sentir aún más afortunada de todo lo que he logrado. La distancia entre mi casa y la de mi madre donde será esta cena está a unos 25 minutos, pero con esta preciosura llegare en 15 minutos cuando mucho. Arranco motores y salgo de mi enorme jardín. Cuando llego a la mansión que mi madre logro quitarle a mi padre en el divorcio, veo muchos invitados, claro muchas personas importantes. —Buenas noches, señorita Newman. —me saluda el valet de están noche. —Cuídalo mucho. —advierto. —Claro que sí. —sonríe. Entro por el enorme jardín, todos están dispersados por el área de la sala, otros más están por el jardín de atrás donde será la cena. —Cow —la voz de Anne llena el oído de todos los presentes que voltean a vernos —viniste. —¿Por qué siempre te sorprendes? —pregunto molesta entre dientes —sabes que siempre trato de estar presente en los asuntos familiares más importantes. —Tú lo has dicho, tratas. —empieza una vez más con sus quejas de mi trabajo que me mantiene ocupada. —En fin, me alegra que estés aquí. —me da un pequeño abrazo. —Tú. —saludo al chico alto que viene hacia nosotras, el futuro esposo de mi hermana. Bueno les platico un poco de ellos. Se conocen desde el jardín de niños, siempre estaban juntos después fueron juntos a la primaria, secundaria y preparatoria, todo eso como mejores amigos, pero en la universidad ambos tomaron caminos diferentes ella se fue a Europa mientras que él se quedó en Estados Unidos, no perdieron comunicación, ya que hablaban por videollamadas así que ambos tuvieron una vida aparte, cuando ella regreso supo que él era el amor de su vida, solo el distanciamiento pudo unir a estos dos tortolitos que al final se dieron cuenta que no era amor de amigos sino amor verdadero. —Dos meses. —sentencio a mi cuñado. —Si, es increíble como pasa el tiempo tan rápido. —suspira mientras le da un beso en la frente a Anne. —¿Puedo preguntarte algo? —me toma Anne del brazo y me aparta de su prometido. —Claro. —¿Ya tienes acompañante para la boda? —Hermanita, sabes que te amo, pero ¿eso es necesario? —Solo tú serás la única dama de honor que no tendrá pareja, no quiero que estés sola. —No necesito un acompañante para divertirme, irán tus amigos que en parte unos son mis amigos. —Todos están casados, todos tienen pareja. —empieza a hacer pucheros. —No quiero que discutamos eso ahora. —pido juntando mis manos en modo suplica. —Está bien. —me deja en la barra de bebidas mientras camina hasta su prometido. —Un Martini por favor. —pido al bartender. La noche transcurre con muchas personas alrededor mío, miro a la derecha y veo a parejas felices celebrando el futuro matrimonio de mi hermana, cuando volteo a la izquierda veo parejas con sus hijos jugando o tratando de dormirlos. En la cena se sirve pato, crema y postre pastel de queso con zarzamoras flameadas. —La entrega de las invitaciones será en la salida cuando se marchen, no los estamos corriendo, pero solo aviso. —dice entre una sonrisa nerviosa Anne. Al fondo se escucha la música clásica tocando, solo froto mi cuello moviéndolo de un lado a otro, estar sentada sin hacer nada me trauma. —Hija. —la voz de mi madre me hace voltear para encontrarla. —Madre. —me levanto para abrazarla. —Ven —me toma de la mano para que me levante —tienes que conocer a alguien.  —Madre —le suelto su mano —ya sabes que no me gusta que andes de cupido. —Ya ven. Caminamos por las mesas hasta llegar a la fuente del jardín, logro apreciar una silueta, que conforme nos vamos acercando va teniendo un rostro. —Hija él es Harry el hijo de mi amiga Ashley, son de la familia Bornigi. —¿De la gran marca Bornigi? —me asombro mientras estiro mi mano para saludarlo. —Encantado señorita Newman. —sostiene mi mano y la besa. Ew. Pienso. —Bueno los dejo. —mi madre se retira de nosotros dejándonos en un incómodo momento de seriedad. —Entonces —dice para romper el silencio —me dijo mi madre que ya estas a cargo de los viñedos, dime ¿no es mucho trabajo? —Claro que lo es, pero todo vale la pena, un buen esfuerzo tiene una gran recompensa. —Claro que sí, bueno, mira, me comento tu madre que no tienes con quien ir a la boda de tu hermana, yo estaba pensando. —Agradezco tus intenciones, de verdad —me llevo una mano al pecho —pero no, eres guapísimo, pero iré sola. —Claro, bueno igual si algún día quieres cambiar de opinión estaré disponible. —Gracias. —se retira de mi lado, dejándome un amargo sabor de boca. A lo lejos puedo ver como él se acerca a mi madre, quien luce un poco a penada, pero al mismo tiempo me lanza una mirada amenazadora, sé que ella tiene esperanzas de que algún día me case, y claro que lo hare, pero aún no he encontrado a esa persona que me haga perder la cabeza, que me haga enamorarme por completo. O al menos eso es lo que creo.
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