La noche de mi precumpleaños.
Llegue a two per two, estacione mi auto, camine a la recepción me registre y avise que vendrá una persona más tarde.
Deje mi bolsa en la mesa de la entrada, y tome mi celular.
Camine por la habitación tambaleándose mientras tecleo el número de Helena, tenía el dedo para presionar en marcar cuando llegó Dalia.
—Colibrí. —su voz se escuchó por toda la habitación.
El alcohol está por todo mi cuerpo, no sé por qué siempre me embriago más con la cerveza y no con el vino.
Ella camina hacia donde estoy, se sienta en mis piernas, tomó mi cuello y apresa mis labios, los cuales toman los suyos con desespero.
—Te he echado de menos. —murmura mientras dirige sus labios al lóbulo de la oreja para darle pequeñas mordidas.
La tomó de la cintura, la levanto y me pongo de pie, un poco mareada camino hasta el baño.
Abro el grifo y refresco mi cara.
Salgo y camino hasta ella, rodeo su cuerpo con ambas manos.
Juntamos nuestros labios, humedeciendo nuestras bocas, empezábamos una batalla con las lenguas, estas se entrelazan y al mismo tiempo ella succionaba la mía.
Dábamos pequeños respiros.
Y continuamos besándonos.
En un momento rodeando su figura con mis manos, caminamos hasta la pared que está junto a la cama, la pego a ella y recorro mis manos por su cuerpo una vez más, después recorrí mis manos por su espalda haciendo que se arqueara pegando su cuerpo al mío.
Nuestros pechos suben y bajan por lo extasiadas que estamos.
Muerdo mis labios mientras veo cómo luce su vestido de cuerpo con cierre enfrente.
Le encanta facilitarme las cosas.
La tomó de la muñeca, y caminamos a la cama.
La volteo tomando sus caderas con una mano y la otra la hace poner en posición de perrito, frotó su trasero con mi intimidad, puede sentir como quema lo que siento por ella.
Subo su vestido.
No trae bragas.
—Excitante. —susurro incorporando por su espalda y pegándome a su oído.
Me levanto y nalgueo unas cuantas veces.
Ella gime.
Es una diabla en el cuerpo del pecado.
Perversa.
Y
Complaciente.
La levantó jalando un poco sus caderas y tirando de su cabello.
La volteo a mí, pego mis labios con los suyos, ella pasa sus manos por mi nuca para profundizar ese beso lleno de deseo carnal.
Me separo de ella.
La empujó a la cama, me subo en ella, bajo con cuidado el cierre de su vestido, ¿saben por qué digo que me facilita las cosas? El cierre está desde su pecho hasta sus muslos, no trae sostén.
Muerdo mis labios.
Su piel blanca es tan deliciosa, sus pezones rosados me incitan a morderlos, pero la torturaré un poco antes de llegar a ellos.
Recorro mis manos por su piel desnuda, frotar un dedo por sus labios, le tomó de la nuca y la beso frotándome contra ella.
Ella gime.
Después, bajo mis labios por su cuello, muerdo su lóbulo de la oreja, e inició un camino de besos bajando a su pecho, muevo mi cabeza de lado mientras paso mi lengua por su pezón izquierdo, nuestros ojos se encuentran, pero después muerdo despacio haciendo que cierre los ojos y ahogue un gemido.
Paso mi lengua por el pezón derecho ahora masajeando con mis dedos su otro pecho, su respiración se descontrola.
Recorro por su abdomen hasta llegar a su intimidad.
Clara y rosadita.
Beso sus muslos con lentitud antes de llegar a su intimidad.
Miro hacia arriba y ella me está mirando igual.
Me acerco lento a su intimidad, paso mi lengua por los pliegues de su v****a, ella se retuerce, después con la ayuda de una mano lleva a sus labios y meto mi lengua.
—¡Ah! —Deja salir un fuerte gemido.
Toma de mis cabellos para que no me despegue.
Sigo lamiendo y succionando su debilidad mientras ella gime.
Muevo en círculos mi lengua, después introduzco un dedo y luego el otro, está tan mojada que supongo está por correrse en mi boca.
–Ya casi. —me avisa mientras mueve sus caderas en mi boca —¡Si! ¡si! ¡si! —gime rápido.
Entonces, su humedad llega a mi boca, levanto mi cara y ella empuja mi nuca hasta su boca.
—Que delicia. —comenta mientras nos besamos entre su orgasmo.
—Mi turno. —avisa.
Me tomó de las caderas y me acosté en la cama.
Ella no se apiada de mí.
Desabrocha mi pantalón, levantó las caderas para que salga por completo junto a mis bragas.
Va directo a mi intimidad, pero antes humedece sus labios.
—Te haré gritar mi nombre. —advierte.
Hace gran parte de lo que le hice, antes de que yo termine, se sube a mi y juntamos nuestra intimidad, me siento para estar frente a frente.
El rostro de Helena aparece en la cara de Dalia.
Más excitada froto mi cuerpo al de ella, somos un mundo de gemidos.
—Ya casa terminó. —murmuró.
Tenemos el orgasmo al mismo tiempo, nuestra humedad se suelta por la cama.
Ambas sonreímos.
Desearía tenerte conmigo Helena.
—Sé que estás pensando en ella, debo decir que no me importa en lo absoluto. —comenta mientras se tumba a un lado mío.
—No sé de qué hablas. —niego con la cabeza.
—Has susurrado su nombre desde que empezamos esta noche, te leo el pensamiento.
No digo nada, me levanto de la cama para darme una ducha.
Siento como viene detrás de mí.
Abro la llave de la bañera mientras enjuago mi cuerpo en la ducha.
Dalia se pone detrás de mí para tallar mi espalda y cuerpo completo.
Rozamos nuestra desnudez jugando un poco.
Nos vamos a la bañera abrazadas.
Debo admitir que ella me complace al 100% pero necesito sentir solo ese placer, más no querer estar con ella.
Entramos a la bañera, ella se sienta entre mis piernas, su perfecto trasero queda rozando mi intimidad, tomó la regadera de mano, la pasó por sus hombros, por sus pechos hasta llegar a su entrepierna.
—¡Ah! —deja salir un gemido.
—¿Quieres probar? —preguntó en su odio.
Ella asiente.
Continúo navegando con la regadera, cambiando la presión del agua, ella solo se mueve de un lado a otro mientras siente placer.
Cuando termina, hace lo mismo conmigo.
Salimos del baño, nos ponemos nuestras batas y caemos rendidas a la cama.
—Me gustaría que alguna vez me digas si ha sido suficiente.
—¿De qué hablas? —pregunto confundida.
—Quiero dejarte satisfecha para que no quieras ir a los brazos de alguien más.
—El deseo de que otra persona presente quede o no satisfecha contigo.
Bufa y me da la espalda.
—Está bien, descansa.
Cierro los ojos y caigo en un sueño profundo.
Helena
Después de que Courtney se marchó.
No estaba segura de lo que sentía, cuando Courtney se fue, solo quería correr detrás de ella y que pasáramos la noche celebrando, pero en cambio, seguí con ese sentimiento de indignación hacia ella.
Erick se estaba haciendo pesado conforme pasaba la noche.
—Será mejor que ya me vaya. —comente, pero él me tomó de la mano y me sentó otra vez junto a él.
Le mandé mensajes a Ci, y no tuve respuesta.
Te necesito. Le llame con el pensamiento.
Claro que no me contestó.
Ahora empiezo a sospechar que está con “alguien”.
—Iré al tocador. —aviso mientras me levanto.
Cuando voy al baño siento su mirada, creo que tendré que confesarle que no me interesan los hombres.
Retoco mi maquillaje, reviso mis contactos en el celular, presiono en el nombre de jefa Ci, llamo, pero me manda directo al buzón.
Termino de hacer mis necesidades, camino hasta Erick, pero él yace roncando en el silla.
—Señorita —llamó a la mesera, ella se acerca —me tengo que ir, cuando mi amigo se despierte, puede llamar a un taxi. —Le dejo 100 dólares de propina y 50 para el taxi.
Salgo del bar, camino por las calles oscuras con miedo, no veo ningún taxi a la vista, tomo mi celular una vez más, marcó a jefa Ci y no tengo respuesta.
Ahora solo llamó a Emily para que pueda venir por mí.