—Buenos días Colibrí. —la costrosa voz de Dalia me hace abrir un ojo e inmediatamente me cubro con la sabana —Vamos, no seas tímida, que anoche tuvimos el mejor sexo del mundo.
Debajo de las sábanas veo mi cuerpo desnudo e inmediatamente maldigo todo lo que hice, aunque, a decir verdad, no lo recuerdo muy bien.
—Lo de anoche... —interrumpe.
—Fue increíble ya te lo dije. —se sienta a un lado de mi con una bandeja del desayuno.
Con la sábana rodeando mi cuerpo, me levanto y camino al baño.
Cabello revuelto.
Maquillaje regado.
Remordimiento activado.
Me doy una ducha, me envuelvo en una toalla y salgo, ella está sentada en el balcón, así que tomo mi ropa y bolsa para regresar al baño.
Me cambio rápido, seco mi cabello, arreglo mis cejas y labios, amarro mi cabello con una liga y salgo una vez más.
—No sé qué te hizo llamarme anoche, pero espero que vuelvas a hacerlo. —comenta recostada en la cama.
—A decir verdad, lo dudo, tenemos el trato de solo hacerlo los fines de semana, no porque quiera —aclaro —si no porque me has obligado. —salgo cerrando la puerta de la habitación.
Prendo mi celular, marca las 9:15 de la mañana, e inmediatamente llegan notificaciones de mensajes.
Helena envió mensajes (15)
Me detengo por el pasillo, abro la conversación y me siento en unas mesitas.
Hola
Esperaba que me esperaras
Tenías prisa ¿verdad?
Podemos hablar
Aun sigo en el bar
Puedes venir por mi
Erick está de pesado
Olvídalo me ha dejado aquí
¿Vienes?
Al parecer apagaste tu celular
Bueno, no vuelvo a molestar
Te extraño
Te necesito
Olvídalo, no te escribiré más
☹
Yo no recuerdo haber apagado mi celular, lo más seguro es que Dalia lo hizo, en fin.
Me levanto y camino hasta el estacionamiento.
Llego a tiempo a mi primera junta en una compañía de expansión, justo a las 10:15 a.m., claro con la misma ropa de ayer, pero al menos huele bien.
Después de 55 minutos, terminamos con un contrato firmado, esta expansión por venta de vinos nos traerá más ingresos a la empresa.
La siguiente junta es a las 12:15 así que tengo tiempo de desayunar algo, ya que rechace por completo lo que me ofrecía Dalia.
Conduzco hasta Sugar and Cream, estaciono mi auto.
—Buenos días. —Saludo directo al mostrador.
De repente veo como una persona se levanta del banco y camina a la salida.
Volteo y ahí está Helena.
—¿Qué haces aquí? —pregunto caminando hasta ella.
—Hoy, solo por hoy decidí venir aquí, como no estaría en la oficina.
—Pero tienes que estar preparada para cualquier emergencia o imprevisto.
—Lo siento, solo —me mira de pies a cabeza —¿no durmió en su casa? —pregunta sorprendida.
—Yo … —trato de pensar —no. —finalmente digo.
—Ya veo, con razón anoche no contestabas.
—En efecto, bueno solo espero no hayas tenido ninguna llamada en la oficina. —terminó y regresó al mostrador.
Regreso mi mirada para encontrarme con sus ojos , pero se ha ido.
Lo siento. Pienso.
—Su moka y canolis. —me entrega Eve.
—Gracias. —agradezco e inmediatamente salgo.
Cuando voy a subir a mi carro, veo a lo lejos en la parada de autobús a Helena.
Conduzco hasta ella, pero cuando me voy a acercar, me mira, se levanta y camina.
—Espera. —grito desde mi auto, pero no se detiene, aparco en una esquina y me bajo hasta toparnos de frente.
—¿Qué quieres? —pregunta frustrada.
—Si solo hubieras aceptado mi regalo no estuvieras en autobuses.
—Es ridículo lo que dices, dime anoche ¿con quién dormiste?
—Con una amiga, me llamó para decirme que si podíamos vernos para celebrar mi cumpleaños y accedí.
—¿Puedo preguntar algo?
Asiento.
—¿Qué es lo que realmente quieres de mí? O ¿Qué esperas de mí?
—Yo —tragó saliva —quiero todo de ti.
—Y por qué es tan difícil aceptarlo, es decir, ¿quieres o no algo formal conmigo?
Antes de contestar, una voz detrás de nosotros nos interrumpe.
—Colibrí —se acerca Dalia —olvidaste tu reloj.
Mierda.
—Helena —la mira de pies a cabeza —no debes de estar en tu oficina.
—De hecho, ya me iba, bueno jefa ahora entiendo que no durmió con una amiga.
—No reina —interrumpe Dalia mientras pasa sus manos por mi cintura rodeándola y besando mi nuca —durmió conmigo.
Helena se va furiosa.
—No era necesario dar esa información. —enojada volteo a Dalia.
—Ahora tú asistente entenderá que no estás libre.
—No lo estoy. —la dejó parada en medio de la acera.
Subo a mi auto, golpeó el volante con una mano —ahora menos querrá saber que realmente siento por ella —hablo con mi auto.
Conduzco a mi próxima reunión.
Esto no se puede llegar a un acuerdo, no estoy concentrada en lo que hablamos, ni en términos, en absolutamente nada.
—De verdad lo siento. —me disculpo una vez más.
—Reprogramamos la cita, no hay problema. —sugiere el gerente de exportación.
Me despido, en cuanto salgo de allí, cancelo mi próxima junta por problemas de salud.
Una vez más conduzco, pero esta vez hasta mi casa, el cálido recibimiento por Brat y Lory me hace sentir mejor.
—Mi niña —Carmela me hace sentir bendecida —sé que no te gustan tus cumpleaños, o festejarlo el mero día, pero ven. —me tomó de la mano y me llevó hasta mi cuarto.
Cuando entro, veo globos pegados en la pared, un número 32 en mi cabecera y un pequeño pastel en medio de mi cama.
—Solo a ti te puedo aceptar esto. —la abrazo y al mismo tiempo empiezo a llorar.
—Ya mi niña, solo es un pequeño detalle. —me consuela sin saber el dolor que tengo colgando en mi pecho.
—Gracias.
—Bueno, disfruta de tu tarde haciendo tu trabajo.
Si, en mi familia no me pueden molestar en mi cumpleaños, este día marcó muchas cosas para mí y en especial hoy, justo hoy, un motivo más para odiarlo.
Camino a la cama, tomo el pastel, que es de red velvet mi favorito, agarro el tenedor —Esto va por ti. —levantó el tenedor y brindó en el aire por Helena.
—Para el amor que no tendré jamás —empiezo a escribir en mi celular.
#nomegustamicumpleaños.
Postear.