Para esta ocasión escojo un pantalón n***o de tiro alto con caída acampanada, una blusa roja con escote pronunciado y una chaqueta negra de piel a juego de mis zapatillas rojas en punta, mi cabello lo alació dejándolo suelto, finalizo con un delineado ligero, pero cargo mis labios con un tono rojo pasión.
Me despido de mi nana quien cree es mala idea que vaya a este encuentro, pero estoy decidida en cerrar este ciclo con Dalia, quiero empezar de cero con mi nuevo objetivo y sé que terminando esto por completo me dejara avanzar.
Conduzco hasta al Grand Suflé de California, sé que si lo buscas en internet te saldrá el postre más delicioso, pero este lugar es un restaurante elegante para parejas del mismo sexo, es muy exclusivo ya que aquí nadie juzga con quien vienes a cenar.
Mi corazón late a prisa, no solo por la adrenalina de conducir a mi bebé, si no por el hecho de estar a solas con ella.
—Buenas noches, señorita. —me saluda el valet parking.
—Gracias. —entrego mis llaves y camino a la entrada.
—Bienvenida al Grand Suflé ¿tiene reservación? —pregunta la hostess de la entrada.
—Está a nombre de.
—Dalia Points —interrumpe detrás de mí.
—Bienvenidas, síganme por favor.
Cedo el paso a Dalia, ella por su parte escogió un vestido rojo de seda ceñido a la cintura, con un escote en V, debo admitir que se ve como para caer en el pecado.
Cuando llegamos a la mesa, recorro la silla para que Dalia se siente, sí, soy toda una dama.
—En un momento les toman la orden. —dice la hostess mientras nos entrega las cartas del menú.
—Te vez muy sexy el día de hoy. —Alago mientras pierdo mi mirada en la carta.
—Tú te vez realmente ardiente. —comenta mientras siento su mirada en mí.
—Gracias Dalia. —contesto sin mirarla.
—Dime, la chica con la que estabas ¿es tu nuevo juguetito? —pregunta con una ceja arqueada.
—Solo me limitare a decir que no. —miento, se que ella lo sabe.
—Colibrí, te he extrañado tanto —estira su mano para tomar la mía —echo de menos esas noches de deseo y pasión que solíamos tener.
—Dalia, será la última vez que nos veamos, debemos hacer las cosas bien.
—Buenas noches ¿ya desean ordenar? —interrumpe en buen momento el mesero.
Ambas ordenamos una crema de langosta para la entrada, para el segundo plato un corte de carne con pure de papa acompañado de verduras salteadas.
—También nos puedes traer el vino de la casa. —ordeno para brindar por esta despedida.
—Colib…
—Soy Courtney —le interrumpo antes de que me diga el apodo que nos pusimos.
—Courtney, me siento orgullosa de lo que eres ahora, una mujer con tanto poder, una mujer digna de admirar.
—Gracias, creo ambas tuvimos cambios en el camino, tú tienes una familia que te ama.
—No quiero hablar de ellos, solo de nosotras. —noto un poco de molestia en su rostro.
—Disfrutemos de esta magnífica noche, cenemos y relajémonos un momento. —sugiero.
Y eso es lo que hacemos, hablamos un poco al recordar nuestras aventuras antes de confesar el amor una por la otra.
—¿Recuerdas la primera vez que tuvimos intimidad? —pregunta mientras da una sorbo a su copa de vino.
—Como olvidarlo, esa primera vez fue muy especial. —contesto al recordarlo.
***
—Estoy nerviosa —digo cuando entramos a mi habitación —lo bueno que mis padres creen que será una pijamada de mejores amigas.
—Ya sé —comenta mientras pone el seguro a la puerta.
Ambas estamos en medio de la habitación frente a frente nerviosas por lo que hemos planeado hacer desde hace unos meses.
En un momento Dalia se acerca lento hasta donde estoy, rodea sus manos por mi cintura y se acerca lentamente hasta poder estar a centímetros de nuestros labios, cerramos los ojos y nos damos un ligero beso rosando nuestros labios.
—Te amo Colibrí. —dice entre el beso.
Abrimos los ojos al mismo tiempo, sonreímos y nos acercamos a la cama, nos recostamos mientras seguimos besándonos.
Nuestras manos están ansiosas por descubrir el cuerpo completo de la otra.
En eso ella toma la iniciativa, se sube en mí y vuelve a los besos, pero ahora recorre sus carnosos labios por mi cuello recorriendo a mis hombros.
—Levanta las manos. —pide y obedezc, sube mi blusa hasta quitarla por completo.
Sonríe cuando ve mis pechos, algo que me alaga, debo decir que por genética tengo pechos voluptuosos desde los 13 años.
Baja sus labios hasta mis pechos, baja mi brassier y lame mis pezones, a decir verdad, se siente deliciosamente placentero.
—¿Estas lista? —pregunta sin quitar la mirada de mi cuerpo.
Asiento.
Me siento en la cama con ella arqueada en mí, quito su blusa y desabrocho su brassier, beso en medio de sus pechos y paso mi lengua húmeda hasta llegar a su ombligo.
Desabrocho sus jeans, y su pecho sube y baja al mismo tiempo que el mío.
Se quita los jeans, me quito los míos y quedamos solo en bragas, juntamos nuestros cuerpos calientes y tocamos sin control.
Mis padres no están, así que la música en mi habitación es alta y los empleados ya duermen, nadie puede escuchar el canto de gemidos que seremos.
Me recuesta una vez más, traza besos hasta llegar al borde de mis bragas, sube su mirada y levanto el trasero para que me las quite.
Humedece con su lengua desde las rodillas hasta llegar a los muslos, ahora me he vuelto un mundo de sensaciones incontroladas, su respiración recorriendo mi piel me hace perder la cordura.
—¡Ah! —gimo cuando siento el contacto de su lengua en mi entrepierna.
Recorre mis pliegues con delicadeza.
Mi respiración se dispara.
Sus manos suben a mis pechos, juguetea con mis pezones duros, es algo realmente placentero.
Siento que mi placer está por terminar, un orgasmo acompañado de gemidos se acerca, estoy por explotar.
—Eso es. —dice mientras siento mi humedad recorrer por mi entrepierna mientras ella levanta su cara y lame sus labios. —prueba. —acerca sus labios a los míos y pruebo mi orgasmo en su boca. —¿te gusto?
Asiento aun tratando de controlar mi respiración.
—Es tu noche, déjame darte el placer que mereces. —dice mientras mira el reloj de mi mesita de noche —Feliz cumpleaños número 18. —celebra y besa mis labios.
***
—Fue especial, nuestra primera vez, fue mágica. —agrega sonriendo.
Creo que a este punto he humedecido mis pantis, el escote de su vestido no me deja concentrarme en no tener que caer a sus encantos o intenciones.
—¿Más vino? —ofrezco mientras acerca su copa.
Cenamos en silencio, con música de fondo clásica.
—¿Postre? —pregunta el mesero mientras retira los platos.
—Fresas con chocolate. —se adelanta Dalia.
—¿Solo un plato? –pregunta. —este tiene 6 fresas.
—Si por favor.
Sus intenciones no son buenas, lo noto cuando me mira, muerde sus labios cada vez que lo hace.
El mesero pone las fresas con chocolate al centro de la mesa y se retira.
Ella toma una y sin quitar sus ojos de los míos, muerde una fresa y un trozo de chocolate cae en sus pechos.
—¿Quieres probar? —una sonrisa se forma en su rostro.
No me tientes satanás.
—Paso. —cierro los ojos y tomo una fresa.
Antes, estuviera a su merced, a lo que ella pidiera, complaciéndola por completo, pero esta vez, espero que no.
¿Por qué lo dudo?
La verdad, quiero sentir sus labios en mi piel.
No.
O ¿sí?
Me confundo cuando la veo.
—Colibrí. —me saca de mis pensamientos. —queda una última fresa. —la toma y me la ofrece, me acerco y la muerdo.
—Tenemos que irnos. —me levanto y sin pensar dejo mil dólares, tal vez la cuenta es mucho menos, pero ahora solo quiero salir de aquí.
—Gracias por su visita. —con una sonrisa nos despide la hostess a la cual entregó 200 dólares.
Recojo mis llaves con el valet parking y Dalia sigue en la acera.
—¿No subes? —pregunto mientras rodeo el carro.
Abre la puerta del copiloto y toma asiento, su vestido se sube un poco por el movimiento, así que mi debilidad por ella se apodera de mi cuerpo.
—Iremos a Amber. —aviso mientras conduzco hasta el hotel de lujo que se encuentra saliendo de la ciudad.
Sus labios sonríen con lascivia, deseo, pero no quito la mirada del volante.
Solo es una despedida, me digo una y otra vez.
Esta vez escogí la habitación más grande, por ello al entrar nos sorprender verlas amenidades que ofrecen.
Un jacuzzi al final, cosas para bailar o un espejo en frente de todo el lugar, es justo lo que necesito para esta última vez con ella.
—¡Vamos! —Camino hasta la cama y ella me sorprende por detrás.
—Te he extrañado tanto. —dice mientras besa mi cuello.
Me volteo para estar frente a frente, la tomo por la cintura con una mano y la otra viaja hasta su trasero —Terminemos con esto.
***
***
Cuando voy de regreso a mi casa, los remordimientos llegan a mí, su piel rozando la mía, sus labios tomando los míos, ¿Por qué Dalia? Sabes que puedes ser mi perdición y salvación al mismo tiempo, pero ya no, ya no, repito una vez más.