Mientras corremos desbocados por el bosque siguiendo el camino a casa, escucho como los lobos nos siguen. El miedo engaña mi cerebro haciéndome sentir las pisadas de sus patas rozar mis tobillos, sé que no es así ya que sus ladridos suenan a metros de distancia. De reojo observo sus sombras moviéndose entre los árboles, la escasa luz de luna distorsiona sus figuras creando enormes y atroces monstruos. Los veo intentar rodearnos, con sus aullidos resonando cada vez más cerca nuestro. Noah corre al frente mío tirándome de la mano, me dice que no volteé a ver por lo que cierro mis ojos y me dejo guiar por él. A diferencia de mí, Noah ya no parece asustado, en realidad suena algo molesto. Llegamos a la casa jadeando del cansancio. Noah cierra todas las puertas y ventanas, yo intento ayudar

