Iván
Me concentré en el líquido ambarino que contenía mi vaso mientras esperaba a que mi socio se le ocurriera aparecer, llevaba más de media hora esperándolo ¿quién se creía ese idiota para hacerme esperar? Podía ser mayor que yo, pero era un bastardo y sino fuera mi socio ya habría acabado con su miserable vida.
—Hola guapo ¿estás solo? —Una chica de voz chillona se acercó a mí, era atractiva no lo niego, sus largas piernas lucían muy bien en esa mini falda.
—Tal vez —respondí sin prestarle mucho interés.
—Hace tiempo que te veo por aquí —ella hizo un puchero — ¿te gustaría algo de compañía?
—Da igual —ella hizo un mohín.
—Sabes me han dicho que soy muy flexible.
¡Mierda! Otra zorra como las demás, pero ¿quién no podría negarse ante una propuesta como esta? No vendría mal un poco de diversión.
—Entonces demuéstrame que puedes hacer —sonrío lascivamente.
Ella se sienta a ahorcajadas sobre mí, sus manos comenzaron a pasarse sobre la tela de mi camisa haciendo ligeras caricias que poco a poco se fueron tornando más atrevidas, tomé un puño de su cabello y tiré de él para acercarla a mi boca y besarla, esto estaba comenzando a elevar mi temperatura.
—Buenas noches —saluda Carlo, a buena hora se le ocurría aparecer —. ¿Interrumpo?
Quito a la zorra que estaba sobre mí, ni siquiera me había molestado en preguntar su nombre, pero esto no se quedaría así, más tarde terminaría lo que ella empezó.
—Linda déjanos a solas —ordeno — .Ve a la barra y pide lo que quieras todo va por la cuenta de Iván Kozel —los ojos de la chica brillaron y asiente marchándose del lugar.
—Veo que no eres más que un puto adolescente caliente Iván —tenso la mandíbula al escuchar el estúpido comentario de Inavov.
—Que te puedo decir, soy joven y lleno de energía —sonrío con arrogancia —en cambio a tu edad entiendo que te sea más difícil —esta vez fue mi turno de humillar a Carlo cuya mirada se ensombreció ante mi burla.
—Imbécil.
—¿Y bien?
—Andryi está muerto —responde.
—¿Dijo algo? —Carlo niega.
—Por suerte, mis hombres se encargaron de él antes de que pudiera revelar a los verdaderos culpables —asiento, al menos ese idiota murió sin abrir la boca —sin embargo, el bastardo de Izavok no tardará en tomar cartas en el asunto.
No pude evitar soltar una sonrisa.
—Cuando lo haga ya será demasiado tarde —llevo mi bebida a mis labios absorbiendo el delicioso licor —cuando descubra la verdad ya estará muerto.
—Todo sería más fácil si él accediera a asociarse con nosotros.
—Sí, pero tanto como él y su madre saben que si se asocian con nosotros tarde o temprano seremos más poderosos que ellos.
—Eso lo sé —Carlo soltó un bufido —los Izavok tienen en su poder a la mayor parte de la ciudad —comenta —tienen los mejores territorios para el comercio de droga, sin mencionar el casino y las carreras clandestinas —ese comentario llamó mi atención ¿carreras clandestinas? —¡son muy poderosos!
—Espera ¿a qué te refieres con carreras clandestinas?
—No lo sabías ¡caramba! Sí que eres lento Iván — se burla —a las afueras de la ciudad se realizan carreras clandestinas de motocroos y ¿adivina quién las dirige?
—Aron —escupo su nombre con asco.
—Exacto —Carlo le dio un trago a su bebida —estuve investigando y en ese lugar además de las carreras se realiza la venta de la droga y en varias ocasiones vi a Aron en ese lugar, como dije antes son muy poderosos.
—Pero eso está a punto de cambiar —sonrío con malicia —creo que es hora de que la policía intervenga ¿no crees? —Carlo sonrió.
—¿Qué estás planeando?
—Creo que la policía debería dar un vistazo a las afueras de la ciudad, pero antes hay que buscar a alguien que nos informe de cómo se maneja el negocio de mi querido primo ¿no crees?
—Me parece que tengo a la persona indicada —acuerda mientras sacaba su celular y comenzaba a teclear lo que parecía ser un mensaje de texto —por cierto, en esa carrera encontré material fresco para la compañía.
—¿A sí?
— Había mujer que estaba con Izavok.
—Tal vez sea su zorra personal —comento sin interés, aunque era extraño de esperar de Aron ya que siempre lo había visto solo y sin ningún interés hacia cualquier mujer, pero Carlo niega.
—Él dijo que ella le debía un favor y solo eso —el rostro de Carlo parecía excitado al recordar a aquella mujer —ella fue la mejor corredora, si la hubieras visto, su cuerpo era jodidamente sexy a pesar de su desaliñada apariencia, créeme cuando te digo que sería el material perfecto, estoy seguro que yo mismo la rentaría solo para mí.
Por el tono en que Carlo se refería a esa mujer me hacía pensar que se trataba de una diosa y mi curiosidad por conocerla se incrementaba cada vez más, tal vez y Carlo tendría razón podríamos ganar suficiente dinero si la traficábamos al extranjero, después de todo era a lo que Carlo y yo nos dedicábamos, a la trata de personas.
[...]
Scarlett
Desde esa noche no pude olvidar la sensación que la adrenalina provocó en mí al momento de correr, desde esa noche no volví a ver a Aron, ni tampoco me atreví a buscarlo ni en el campus, ni en la arena y mucho menos con Iván vigilándome en cada instante, desde que me vio hablando con Aron aquella vez en el club perdí la poca libertad que tenía de moverme a mi antojo, así que para no meterme en ningún problema saliendo del instituto me encerraba en mi departamento y no salía de ahí hasta el día siguiente.
Decidí poner una película así que elegí la de Charlie y la fábrica de chocolate, era un clásico que adoraba desde que era una niña, jamás me cansaría de verla, estaba concentrada en la película cuando la pantalla de mi celular se iluminó dejando ver el nombre de Iván, rodé los ojos ¿ahora que querrá este intento fallido de aborto?
—¿Dónde demonios estás? —Grita del otro lado de la línea.
—En casa —respondo de manera irritante ¿dónde más estaría? Se supone que tiene a sus gorilas vigilándome todo el tiempo ¿acaso no le dijeron?
—Arréglate, pasaré por ti a las seis así que te quiero lista para esa hora — .Exige.
—¿Se puede saber a dónde vamos?
— Iremos al casino.
[...]
Elijo un vestido de seda color cárdeno, el escote era sencillo mientras que unos finos tirantes se sostenían sobre mis hombros, el vestido era sencillo, pero elegante así que decidí contrastarlo con un maquillaje ligero, pero lo que no podía faltar era mis labios pintados de color rojo, dejé mi cabello suelto, rocié un poco de perfume y estuve lista.Al abrir la puerta de mi departamento me encuentro con los ojos color miel de Iván, él lucía muy atractivo esa noche, era decepcionante que esa belleza en el exterior no la tuviera en el interior, él era el ser más despreciable que haya conocido.
—Hola preciosa —saluda con una media sonrisa.
Mordí mi labio para evitar contestarle así que solo me limité a sonreír como respuesta.
—Luces como toda una modelo esta noche.
—Creo que eso es lo que soy gracias a ti —era cierto, Iván me convirtió en algo que no soy, algo que nunca pedí ser y ahora estoy pagando el precio de la fama que nunca pedí.
—Y es por eso que deberías estar agradecida —solté una risa irónica.
—¿Hablas en serio? Debería agradecerte ¿por qué? ¿Por no venderme aún? Pues muchas gracias Iván, te lo agradezco —solté con sarcasmo, su mandíbula se tensó notablemente, era obvio que le molestó mi comentario.
—Vuelve a hablarme de ese modo y lo lamentarás —él dio un fuerte tirón de mi cabello provocando que soltara un gemido de dolor — .Además agradece que sigues a mi lado porque el día que me aburra de ti, serás la primera a quien venderé ¿queda claro?
—Muy claro.
—Así me gusta.
El auto se detuvo frente a un elegante edificio, las luces del cartel nos recibieron en cuanto bajamos del auto.
Carnaval.
Ese era el nombre del casino que manejaba la familia de Aron; sin embargo, esta era la primera vez que venía a este lugar, cuando nos acercamos a la entrada un hombre recibió nuestros abrigos mientras que otro nos extendió una charola, en ella había dos máscaras de carnaval, Iván rechazó la suya mientras que yo tomé en delicado antifaz entre mis manos, el delicado encaje n***o rozaba la punta de mis dedos cuando lo coloqué sobre mi rostro tratando de amarrarlo para evitar que se callera.
Era de esperarse ya que el casino era famoso por su exótica temática de carnaval, mujeres resbalaban por las cortinas de seda haciendo una especie de danza aérea mientras que uno que otro de los jugadores portaba una máscara como la mía, los dedos de Iván rozaron los míos ocupándose de la tarea de atar mi máscara, dejé que él continuara así que aparté mis manos rápidamente, entre menos contacto tuviera con él mucho mejor.
Sentí como sus manos resbalaron sobre mis brazos con delicadeza provocándome cierta incomodidad; sin embargo, no lo aparté, sino quería provocar su ira lo mejor sería soportar que él me tocara.
—Eres hermosa Scarlett —susurró en mi oído.
—Tú también eres atractivo —sentí como sus labios se curvaron en una sonrisa.
—Eso ya lo sé preciosa —rodé los ojos ¿por qué hice ese comentario? —Estoy seguro que atraerás todas las miradas esta noche —dejó un beso en la curvatura de hombro mientras su nariz comenzaba a recorrer mi cuello — .Por eso más te vale que no se te ocurra hablar con otro hombre que no sea yo.
—Entendido.
Tomé el brazo de Iván y ambos entramos al casino, había miles de personas jugando y concentradas en sus apuestas, era como si estuviera poseídas por su propio vicio, ignoré a aquellas personas y nos dirigimos hacia la zona privada que estaba reservada para nosotros, ahí había un hombre que se encontraba muy ocupado besando a una chica rubia, seguramente se trataba de uno de los socios de Iván.
—¿Y el mocoso caliente soy yo? —Comentó Iván con sarcasmo, inmediatamente la chica se apartó avergonzada revelando el rostro del hombre.
—¿Qué te puedo decir Iván? La vida es corta —dijo sonriendo, mi cuerpo se tensó al ver de quien se trataba, lo único que deseaba era que la máscara que cubría mi rostro no se cayera en ningún momento.
—No tengo tu tiempo Carlo y hablemos de negocios.