Scarlett
Cuando Aron me dijo que íbamos a correr creí que sería en una arena, pero nunca me imaginé que sería en una solitaria carretera a la mitad de la nada, cuando llegamos todos los corredores ya se encontraban en sus posiciones luciendo sus motocicletas, todo lucía igual que en la antigua arena.
—¿Lista para correr? —pregunta Aron.
—¿Con qué motocicleta? Si mal no recuerdo el idiota de tu primo se encargó de destruir mi Harley.
—Tal vez, pero él no destruyó esta ¿o sí?
De pronto frente a mí se encontraba una Ducati 1299 Panigale de color n***o, era una motocicleta deportiva perfecta para este tipo de carreras, la emoción invadió mi rostro así que no me contuve y me acerqué a ella, mis manos acariciaron el asiento de cuero y el manubrio, todo en ella era perfecta.
—¿Te gusta? —miro a Aron con asombro ¿cómo me preguntaba eso cuando la respuesta era obvia?
—Me encanta —digo con sinceridad —pero ¿por qué? —aún no me quedaba claro por qué Aron estaba haciendo esto por mí.
—Simple, tú trabajas para mí y necesitarás una motocicleta para concursar ¿no? —entonces mi mundo se vino abajo, él lo hacía por dinero y no iba a dejar a su mejor corredora fuera de las carreras.
—Ya veo —digo con desdén, pero Aron no pareció importarle porque me entregó un casco color rojo —¿es en serio? ¿color rojo? —la ironía en el color era evidente.
—No veo el problema que el casco haga alusión a tu nombre ¿o sí? —tomo el casco que me ofrece y lo coloco con cuidado.
—Es hora de correr.
Tomo mi posición frente a la línea de salida, por primera vez correría sobre este hermoso vehículo, no puede evitar sonreír, esta noche me garantizaba un paso más hacia mi libertad.
[...]
—Trescientos, cuatrocientos y quinientos —Franky deja caer el dinero sobre las manos de Aron, quién iba a decir que estas eran las ganancias de las apuestas de esta noche —insisto viejo ¿de dónde demonios sacaste a esta chica? Es una fiera sobre ruedas.
Aron sonríe ante el comentario, era obvio que yo era la pequeña minita de oro de Izavok cada vez que me permitía correr, una vez que Franky se marcha con un par de chicas con poca ropa, Aron se acerca y deja caer una parte del dinero sobre mi mano.
—¿Qué significa esto?
—Es tuyo.
—¿Qué? Creí que yo solo iba a trabajar para ti.
—Hay muchas cosas que no sabes de mí Scarlett —responde mientras sus penetrantes ojos del color del verano me miraban con intensidad —usa ese dinero para ti, cuando te liberes de Iván lo necesitarás para que vivas lejos de aquí con tu hermana.
Mi corazón se comenzó a acelerar ante sus cálidas palabras ¿qué era esta sensación que provocaba Aron en mí? Él parecía preocuparse por mí, pero algunas veces se mostraba indiferente y distante pero cada vez que me miraba había algo más en sus ojos, era como una pequeña muestra de humanidad.
—Gracias.
—Y esa motocicleta de ahora en adelante es tuya y no acepto un no por respuesta —y antes de que pudiera oponerme Aron se aleja entre la multitud.
—Pero mira nada más, parece que Aron se lució con su regalo —escucho su asquerosa voz detrás de mí —debo darle su crédito, es una maravillosa motocicleta.
—¿Qué haces aquí Carlo?
—Vine a apostar y claramente gané ya que sabría que contigo mi victoria estaba asegurada — claramente no me tragaba ese cuento, él estaba aquí solo para vigilarme ¿habrá escuchado mi conversación con Aron?
—Si ya tienes tu dinero ¿no deberías ir a gastarlo? —trato de sonar lo más amable posible, pero su sola presencia me repugnaba.
—Me parece una muy buena idea nena —Carlo desliza sus manos sobre mis hombros para después rozar su boca contra el lóbulo de mi oreja —ven a celebrar conmigo, estoy seguro que no te arrepentirás —Carlo cometió el peor error de su vida, él se atrevió a tocar mi trasero.
Mi poca paciencia había llegado al límite, así que, no lo dudé cuando golpeo su cara con mi gancho derecho, inmediatamente Carlo cae al suelo, él se cubre la nariz la cual no dejaba de sangrar, se lo tenía merecido y no sabía cuántas ganas tenía de asesinarlo en este preciso momento.
—Maldita zorra —Carlo se incorpora rápidamente y me toma del cabello —¿te crees muy lista zorra? Ahora te enseñaré a no meterte conmigo —y sin que pudiera detenerlo su puño impactó sobre mi mentón haciéndome caer —¿qué te pareció eso?
—Y esto ¿qué te parece? —una tercera voz se unió a la discusión, se trataba de Aron que había alejado a Carlo de mí y ahora se encontraba en el suelo recibiendo la paliza de su vida —¿cómo te atreves a tocarla? Te enseñaré como tratar a una mujer maldito hijo de puta.
—Basta Aron —intervine, por más que quisiera que ese imbécil pagara no podía dejar que Aron lo lastimara aún.
Él pareció escuchar mi petición porque se detuvo, todos nos miraban atónitos; sin embargo, nadie intervino, era obvio ya que nadie en su sano juicio se enfrentaría con Aron Izavok.
—Eres un maldito imbécil Aron —dice Carlo con voz entre cortada —te juro que te arrepentirás de esto y tú —Carlo me apunta con su dedo —quieras o no serás mía, porque una puta siempre será una puta y no siempre tendrás a Izavok para que te proteja.
Vemos a Carlo alejarse entre la multitud que había comenzado a rodearnos en cuento Aron comenzó a golpear a Carlo.
—¿Estás bien? —Aron toma mi mentón y comenzó a revisarlo. Hago una mueca de dolor cuando sus dedos rozaron la zona afectada —será mejor que te cure eso —sugirió.
Antes de que pudiera protestar Aron me conduce hasta su auto y saca un pequeño maletín de primeros auxilios y él saca el medicamento, mis ojos observaban cada uno de sus movimientos y admiraba cada uno de ellos, los músculos de sus brazos resaltaban cada vez que los contraía al realizar un pequeño movimiento.
—Ponte esto —Aron me tiende una lata de cerveza e inmediatamente le dirijo una expresión interrogatoria —no me mires así, fue lo único frío que pude conseguir —suelto una risita y acepto la lata que me ofrecía, la coloco con cuidado sobre mi mentón para lograr desinflamarlo.
Aron toma mi rostro y coienza a colocar un poco de alcohol, no pude evitar soltar un gemido de dolor, gracias a la inflamación no me había percatado de que el golpe de Carlo me había provocado una pequeña abertura en mi piel.
—No te muevas —ordena mientras coloca una especie de pomada —ya está —me alejo en cuanto el termina de curarme, tan solo presencia me hacía sentir nerviosa.
—No debiste golpearlo —me atrevo a decir, los intensos ojos de Aron se posaron en mí.
—No sabía que te gustaba que te trataran peor que a un animal —su comentario provoca una punzada en mi pecho.
—Sabes que él e Iván te tienen en la mira, ahora no solo tu primo busca eliminarte, sino que también Carlo Ivanov —él se encoge de hombros como si no pareciera importarle mi comentario.
—Ese bastardo me querrá matar de una forma u otra, yo solo aceleré el trámite —bromea.
A veces no podía entenderlo ¿quién era en realidad Aron Izavok? ¿Era el chico fresco que no le preocupaba bromear sobre su muerte o era aquel despiadado mafioso que era temido por toda Praga?
—No lo hagas de nuevo.
—¿Qué? —lo miro sin entender.
—No lo hagas de nuevo —repite —jamás debes dejar que un hombre con tan pocas pelotas te trate de esa manera. No lo mereces. —abro ligeramente mis labios a causa de la sorpresa que me causaban sus palabras —solo importa lo que tú pienses de ti misma.
Por un momento dejo de mirarlo a los ojos, me sentía agradecida por aquellas reconfortantes palabras; cuando vi a Carlo marcharse, él se había ido, pero la herida que dejaron sus palabras permanecieron en mi pecho, no era una puta y eso lo tenía claro, Iván fue quién se encargó de tratarme como una cuando caí en sus garras, en realidad nunca utilicé mi cuerpo para obtener algo a cambio. A pesar de las circunstancias mi amor propio siempre estuvo por encima de todo, hasta del mismo Iván, así que jamás dejaría que ningún hombre me denigrara de nuevo.
—No soy una ramera, puta o zorra. Eso lo sé —digo sin dejar de mirar hacia el frente —pero no puedo evitar sentirme herida cuando ellos al verme tan vulnerable me traten como una.
—Es porque tú los has permitido —la mano de Aron rodea mi muñeca, ese pequeño gesto hace que lo mire a los ojos —me queda claro que eres una mujer fuerte, pero necesitas demostrarlo.
—No sabía que aparte de mafioso eras un experto en motivación personal —digo con ironía.
—Estoy hablando en serio —sentencia —eres más valiosa de lo que piensas Scarlett, así que, demuéstralo y ponte de pie y defiéndete.
Sus palabras eran como dagas en mi pecho ¿la razón? Simple, porque sabía que él tenía razón, durante dos años por miedo a Iván dejé que me pisoteara de una forma u otra y lo peor fue que no hice nada para impedirlo, jamás me sentí como una de sus mujerzuelas porque no lo era, yo solo era una presionara más; sin embargo, por el bienestar de los que amo dejé que mi dignidad se fuera al caño, pero gracias a las palabras de Aron eso no volverá a pasar.
Lo juro.