Aron
El sonido que hace la suela de mis zapatos sobre el piso del almacén eran acompañados por el llanto y los lamentos de los que solían trabajar para mí, frente a mí había cinco sillas y en ellas se encontrabas cinco hombres amordazados, sus ojos estaban vendados mientras que sus cuerpos estaban repletos de heridas y hematomas, tal parece que André cumplió mis órdenes al pie de la letra.
—¿Y bien? —cuestiono a mis hombres.
—Ninguno de ellos ha dicho quién fue el traidor señor —confiesa André, doy un chasquido con la lengua.
—Me decepcionas André —digo con desdén.
Me acerco a cada uno para quitarles la venda, sus ojos reflejaban miedo al percatarse de mi presencia, era momento de ejercer un poco más de presión a estos imbéciles.
—Solo lo diré una vez —sentencio —¿quién fue el soplón que le dijo a mi primo cómo funcionaban mis negocios? —no hubo respuesta —bien, creo que tendré que tomar medidas más drásticas.
Luther acerca a mí un pequeño maletín, paso mis manos acariciando el cuero del pequeño objeto que tengo frente a mí, pero antes de abrirlo saco del bolsillo trasero de mis jeans un par de guantes de cuero n***o, el fino material viste mis manos desnudas y una vez que me aseguro de que mis manos están completamente cubiertas para no cejar una sola huella. Finalmente lo abro. Al mirar el contenido no pude evitar deleitarme con las diversas armas que contenía.
Saco una pequeña jeringa y con cuidado me acerco a ellos, los ojos de mis víctimas mostraron temor, ellos desconocían lo que contenía aquel pequeño instrumento; sin embargo, ellos estaban seguros de que no significaba nada bueno, innumerables veces me vieron utilizar diversos instrumentos para acabar con aquellos que se atrevieron a desafiarme.
—Les daré una última oportunidad —las yemas de mis dedos acarician el cristal de la pequeña jeringa —¿no? Bien —con lentitud me acerco a cada una de las sillas y sin dudar rompo las cuerdas que sostenían a cuatro de mis hombres, menos uno.
Los que fueron liberados me miraron sorprendidos y a la vez agradecidos, le lanzo una mirada a André para que se lleve a sus hombres, él asintió. Recuerdo la última llamada que tuve con André, él me aseguró que ninguno de sus hombres había sido el traidor, cuan equivocado estaba, debió confiar en todos menos en uno y era justo el bastardo que tenía frente a mí.
Olsen Abels.
André confiaba en sus hombres, pero yo no, por eso envíe a Luther y a su mujer para que investigaran, ellos eran los mejores sicarios de la República Checa por lo tanto los mejores para este trabajo, durante semanas siguieron a Olsen y descubrieron que este bastardo se estuvo viendo con Carlo Ivanov después de las carreras, ahora sé cómo esos hijos de puta obtuvieron información y como es que la policía puedo atrapar a muchos de mis hombres.
¿Cómo era posible que la policía conociera todas nuestras rutas de escape?
Simple. Olsen le dijo a Ivanov cada ruta y este se lo dijo a la policía para que pudieran atraparlos, su objetivo era capturarme a mí pero gracias a que soy muy precavido no tomé las mismas rutas que conocía y gracias a mi astucia logré sacarnos de ahí a Scarlett y a mí.
Scarlett.
¿Qué pensará ella si viera lo que estoy a punto de hacer?
No mentí cuando le dije podría ser peor que mi primo, pero como dije antes, la mafia no perdona.
—Quise que confesarás por las buenas y tal vez tu castigo haya sido menos doloroso, pero además de ser un maldito soplón eres un cobarde —escupo cabreado —así que prepárate para sufrir las consecuencias —fue entonces cuando clavo sin piedad la jeringa en su cuello.
Él suelta un desgarrador grito de dolor mientras su cuerpo comienza a convulsionar, no me interesaba preguntar para quién trabaja o con qué finalidad, eso ya lo sabía, lo único que quería era que ese desgraciado aprendiera a no meterse conmigo, pero para su desgracia esto solo era el inicio de una larga tortura antes de llegar a su muerte.
Dentro de la pequeña jeringa había una droga muy potente que era capaz de causar dolor y agonía a cualquier persona, además de los negocios que me manejaba mi madre teníamos contactos con diversos laboratorios que creaban alguno que otro fármaco para nosotros a cambio de una generosa cantidad de dinero y esta pequeña droga era una de esas maravillosas creaciones.
Cuando Olsen dejó de retorcerse en el suelo ordeno a Luther que lo colocara de nuevo de la silla.
—Luther ya sabes que hacer —él asiente.
Tomo asiento justo en frente de Olsen, no pensaba perderme ni un solo detalle de la escena que estaba a punto de presenciar.
Luther se coloca unos guantes similares a los míos y comienza su trabajo, los golpes y las amenazas con armas habían pasado a la historia, el método de trabajo que caracterizaba a la mafia checa era la tortura. Con gran agilidad Luther rompió cada uno de los dedos de ambas manos de Olsen.
—¡Para por favor! —chilla, pero a pesar de sus suplicas Luther no se detuvo.
Él era todo un profesional, además de ser un asesino profesional Luther tenía conocimientos médicos.
Sus gritos comenzaban a aturdirme, pero lo bueno es que no los escucharía por mucho.
Fue entonces cuando los gritos de Olsen cesaron y su lengua cayó al piso mientras su boca era teñida por la sangre, ese era el castigo que se le imponía a los soplones y con gran agilidad Luther toma una pequeña aguja quirúrgica y comenzó a coser ambos labios provocando que Olsen se atragantara con su propia sangre, una vez que hubo finalizado su trabajo él me entregó una daga oxidada.
—Creo que es hora de darte un nuevo título —digo sin dejar de mirar la daga.
Abro la camisa se Olsen dejando ver la marca que lo caracterizaba como parte de la mafia de la familia Izavok y sobre aquel tatuaje comienzo a rasgar su piel con el filo de la daga, él comenzó a retorcerse y a hacer ruidos extraños tratando de evitar el dolor y la agonía que estaba sintiendo. Una vez que finalizo, miro con cuidado mi obra de arte. Sobre su pecho estaba escrita la palabra traidor y finalmente inyecto una vez más la droga que había utilizado al inicio, pero esta vez con una dosis mayor que le provocó una lenta y dolorosa muerte a Olsen Abels.
—Deshazte del cuerpo —ordeno a Luther para después marcharme.
[...]
Iván
Con pereza tomo el celular que reposa sobre la mesita de noche. Eran las cuatro de la mañana y el maldito aparato no dejaba de sonar.
—Habla Kozel.
—Eso lo sé hijo —ruedo los ojos al escuchar su voz ¿para qué me buscaría a semejante hora de la madrugada? —necesito verte en este momento.
—¿Qué sucede? —cuestiono.
—Solo date prisa —después cuelga.
Me levanto haciendo a un lado a las dos mujeres que se encontraban sobre mi cama, había sido una noche agitada gracias a que Carlo me convenció de celebrar que Scarlett había logrado acercarse a mi primo y entre tragos perdí la noción del tiempo y de mí mismo. Tomo mi ropa que se encontraba esparcida sobre el suelo y me apresuro a vestirme, una vez que estuve lista tomo un par de billetes y los dejo en la mesita de noche, no pensaba irme sin pagar por los servicios de estas mujeres.
Subo a mi deportivo y conduzco hasta llegar a mi casa, había hombres uniformados por toda la casa, era de esperarse, mi padre había estado fuera de Praga por bastante tiempo y era lógico que la casa estuviera resguardada cuando el jefe la mafia checa estaba en casa.
—¿Para qué me has llamado? —es o primero que digo en cuanto piso el despacho de mi padre.
—Tenemos un excelente negocio con Zaid Eljal —no disimulo mi sorpresa al escuchar ese nombre.
—Zaid Eljal —repito —¿qué clase de negocios tenemos con ese árabe?
Desde que tengo memoria, la mafia de República Checa evitaba relacionarse con los árabes ya que tenían fama de ser muy peligrosos y poco fiables, pero ¿quién en este negocio era confiable? Sin embargo, me sorprende que mi padre esté dispuesto a romper ese mito.
—Es algo sencillo —mi padre parece restarle importancia —lo invité el próximo fin de semana a nuestro cóctel para hablar de nuestro negocio.
—¿Cóctel? ¿por qué no estaba enterado de esto?
—Es algo que se decidió en último momento —él le da una larga calada a su puro para después mirarme —tú serás quien lleve las riendas de este negocio.
—¿Qué?
—Querías una oportunidad para demostrar que estabas listo para tomar mi puesto ¿no? Bien, esta es tu oportunidad.
Trago en seco ¿qué pretendía mi padre?
—No me digas que estás asustado —se burla.
—Necesito todos los detalles —suelto con ira, si creía que me daría por vencido estaba muy equivocado.
[...]
Tráfico de armas.
De eso se trataba el maldito negocio con el árabe.
Eljal le permitió a mi padre comerciar nuestra mercancía en sus territorios mientras que nosotros nos encargaríamos de distribuir el armamento de Eljal en nuestros territorios, era un intercambio, los árabes consumían la droga y nosotros las armas, no era un mal un negocio ya que esas armas nos serían muy útiles para acabar con los Izavok de una vez por todas.
—Eljal no es muy fácil de convencer —informa mi padre —así que la droga debe de ser de calidad si queremos convencerlo.
—Déjamelo a mí.
—Más te vale que todo salga bien porque si no todo nuestro negocio se irá a la mierda.
—Eso no sucederá —aseguro.
—Ahora dime ¿cómo te fue con el negocio con Aron? ¿aceptó el trato? —niego —era de esperarse.
—Cuando el negocio con Eljal esté hecho yo mismo me encargaré de acabar con ese idiota.
—Parece que no has entendido Iván —miro de reojo a mi padre —si el negocio con Eljal sale bien se creará una alianza entre nosotros y mis enemigos serían enemigos de ese árabe por lo tanto él se encargará de hacer el trabajo sucio por nosotros y cuando Eljal ya no nos sea de utilidad lo mandaremos al demonio —no pude evitar sonreír.
Sigo sin entender ¿cómo es que mi abuelo no le cedió el poder a mi padre? Gracias a esa mala elección sufrirán las consecuencias y ahora más que nunca necesito convencer a Zaid Eljal de unirse a nosotros.
[...]
Aron
Lena y Luther entraron a mi oficina sacándome de mis pensameintos, sus miradas eran inexpresivas y serenas, a veces me gustaría saber que pasaba por su mente.
—Aron tenemos noticias y no son buenas —anunció Lena.
—¿Qué sucede? —pregunto mientras masajeaba el puente de mi nariz.
—Hemos logrado que liberaran a nuestros hombres, pero el abogado necesita sus honorarios en su cuenta en estos días —miro a Luther.
—Dale el dinero que pide —autorizo a Luther para que depositara el dinero en la cuenta del abogado —¿qué hay de la arena?
—La policía ha estado rondando el lugar, ya no es seguro correr ahí —explica Lena —te quieren a ti Aron —suelto una risita.
—Primero se congela el infierno antes de la policía me atrape —aseguro.
—Así se habla —secunda Luther —¿tienes alguna idea de dónde correremos?
—Hay una carretera que está en construcción de Praga a Karlovy Vary, el lugar es arenoso y desierto —en ese momento visualizo el lugar, era perfecto para las motocicletas.
—Perfecto —ambos sonrieron.
—Avisen a todos nuestros corredores nuestra nueva ubicación.
—¿También al señor Carlo Ivanov? —pregunta Luther.
—Principalmente a ese desgraciado, juro que lo haré pagar por lo que hizo —no pude evitar tensar mi mandíbula al recordar a ese hijo de puta y al bastardo de Olsen —hay que tener a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca.
—¿También le avisaremos a la señorita Voitovych?
Sacarlett.
Por arte de magia mi ira se desvaneció al escuchar su nombre, inmediatamente recordé las lágrimas que desbordaban de sus bellos ojos verdes al hablar de la muerte de su madre.
—No, yo me encargaré personalmente de informarle.
[...]
Scarlett
Miro con cuidado cada detalle del vestido Armani que se encontraba dentro de la caja, era muy hermoso, la delicada tela era suave y ligera. Lo tomo con cuidado y lo dejo sobre la cama, la caja no tenía destinatario, pero me imaginaba quien lo habrá enviado y mi teoría fue acertada cuando el nombre de Iván apareció en mi celular.
—¿Recibiste mi regalo? —su cínica voz sonó del otro lado de la línea.
—Sí, es precioso —admito cuando mis ojos de posaron sobre la tela negra.
—Me alegra que te haya gustado —no digo nada, tan solo espero a que él continúe para que colgara de una maldita vez —de hecho, ese vestido es para el cóctel de este fin de semana.
—¿Qué cóctel?
—Tú solo serás mi acompañante así que no tengo que darte explicaciones —pongo los ojos en blanco, era típico esperar una respuesta tan grosera por parte de Iván —enviaré a alguien que te recoja —después colgó.
El miedo me invade al saber que tendría que reunirme con Iván nuevamente y ahora me costaba más que nunca estar cerca de él, tenía miedo que mis emociones salieran a flote y él descubriera mi traición. Llevo mi mano a mi cabeza tratando de controlar el dolor que me producía pensar en esa situación. Nuevamente mi celular comienza a sonar, pero esta vez el nombre de Desconocido reemplazó el nombre de Iván, tomo la llamada sin saber quién podría ser.
—¿Diga?
—Scarlett —inevitablemente una sonrisa se formó en mis labios al escuchar su voz.
Parecía una tonta al tener esa sonrisa en mi rostro cuando entre él y yo solo hay una especie de alianza, él me ayuda a vengarme y yo solo le doy información.
Después recuerdo el beso.
La forma en la que sus labios encajaban perfectamente con los míos, aún podía sentir el cosquilleo que su boca dejó en la mía ¿él habrá sentido lo mismo que yo?
—¿Sigues ahí? —su voz me trajo de vuelta a la realidad.
—Sí. ¿Qué sucede Izavok?
—Habrá una nueva carrera esta noche y quería saber si estás interesada.
—¿Y la arena?
—Todo está bajo control ¿qué dices, estás dentro?
—Estoy dentro —aseguro.
—Bien, te veo esta noche a las ocho —dice —pasaré por ti.