—¿Quién querría comer helado contigo? —volteó la mirada para no hacerse notar tan avergonzada. —Entonces ¿Prefieres ir a un club nocturno conmigo? —dijo en doble sentido. —¡¿Cómo?! ¡¿Por qué querría ir yo a un club nocturno? —giró a verlo nuevamente con aspecto rudo en su expresión facial. —¿Y por qué no querrías un helado? —se cruzó de brazos esperando una respuesta que sabía no escucharía. —Pues... —movió un poco la cabeza mientras delibera una respuesta, pero le parece mejor opción actuar como jefa en ese instante—. Solo no repliques mis gustos, aquí soy yo quien manda —eso era lo que buscaba, colocar firmeza en sus palabras para no verse patéticamente avergonzada delante de él. —Deprisa jefa —frotó la cabeza de Sara hasta despeinarla—, o se nos hará tarde para el helado. Él

