Ajustando cuentas

1022 Palabras
Detiene el coche y de inmediato escucha el bullicio, frunce el ceño al mismo tiempo que baja del coche. En cuestión de segundos el muchacho del parqueadero llega a su lado. —Señor Garibaldi, ¿estaciono su coche en el lugar de siempre? —Si —entrega las llaves para luego ingresar en aquel exclusivo club. Su entrada no pasa desapercibida, más él ignora a todos y solo busca con la mirada a una persona. La encuentra frente a la barra dándose ordenes, de inmediato el personal de Vittorio nota su presencia y se lo hacen saber. El rubio gira el rostro para verlo y le sonríe para luego saludarlo con la mano. El pelinegro avanza hacia él mientras que la gente a su lado se hace a un lado, pronto se junta con Vittorio y este estrecha su mano con gusto. Típico de él y todos los miércoles. —Mi gran amigo Antonio Garibaldi, que bueno tenerte por aquí. —Sabes a que he venido Vittorio. —Si, si, lo se… —el rubio asiente sonriente —. Vamos a sentarnos en la sala vip, estaremos más cómodos allá. Antonio sigue el camino de siempre seguido por Vittorio, visualiza una mesa alejada de todo y toma asiento. —¿No deseas ver el show de esta noche? —Vittorio le dice al ver que se sienta alejado del balcón. —No estoy para esos estúpidos eventos, solo he venido por trabajo, luego me largo Vittorio. No me hagas perder la maldita paciencia. El rubio se irgue, compone su traje… había días que no se podía saber que humor traía Antonio, al parecer esa noche no estaba de buenas. —Bien, bien, hablemos de negocios. —Los coches que te he solicitado no han sido entregados, ¿Por qué? —Calma Antonio, no es tan fácil conseguir esos modelos que pides. Son coches de lujos, exclusivos, robarlos ha resultado una tarea complicada. Antonio mira con ojos de amenaza a Vittorio y este de inmediato palidece. Lo oye tragar saliva en seco y es cuando él vuelve la mirada hacia su trago. —La última persona que me quedo mal en una entrega apareció en las noticias Vittorio, yo creo que tu no querrás eso pase contigo o que tu maldito negocio de putas se incendie con todas ellas adentro. —Espera…—el rubio sonríe nervioso —. Tranquilo, yo prometí encontrar todos esos coches, los tendrás, a final de esta semana los tendrás. —La entrega era para hoy. El CEO mira a Vittorio de reojo y aquello le saco una gota de sudor al rubio que se deslizo por su frente. Este sonríe nervioso y asiente. —Si, sí, yo… —relame sus labios —. los tendré todos para final de semana, no habrá más retrasos. Antonio se bebe su bebida de un solo trago, pone el vaso de cristal en la mesa mientras que lo observa. —Si no tengo los coches para el sábado, puedes asegurarte de tu antro se vendrá abajo, tus putas serán entregadas a todos mis muchachos como recompensa por su labor y tú y tus malditas bolas serán cocinadas para mis perros. Vittorio tensa la mandíbula, se inclina hacia atrás cuando oye aquellas amenazas, por lo general su jefe nunca amenazaba en vano. —Tendrás tu pedido con seguridad. —Estoy seguro que si…—se pone en pie rápidamente y es cuando Vittorio lo detiene. —Espera Antonio, antes de que te vayas tengo un obsequio para ti. Por las idioteces que he cometido, quiero recompensarte. En eso ingresan varias mujeres semi desnudas a la sala vip, el CEO de pelo castaño las mira a todas de manera insignificante. Luego voltea la vista hacia Vittorio quien sonríe y asiente de la excitación. Una de las muchachas se aproxima a él con intención de poner sus manos sobre él. —Nunca me he acostado con ninguna de tus putas, ¿Qué te hace pensar que ahora lo haré? —la joven morena se detiene en seco para mirar a su jefe con dudas. Vittorio mira a su jefe y luego a las chicas que esperaban una orden de él. —Son las mejores del lugar, a duras penas y han trabajado desde que llegaron. —No quiero a tus malditas putas. —Entiendo hombre, vamos… tengo algo mejor para ti. Antonio frunce el ceño debido a la insistencia de Vittorio, a veces se preguntaba porque no le daba un tiro en la cabeza y terminaba con ese dolor en el culo. —Te aseguro que no te vas a arrepentir de nada, tráela…—le ordena a Isabella. En cuestión de algunos minutos Antonio ya estaba harto de esperar quien sabe que mujerzuela, así que se bebe el otro trago que tenía y se pone en pie. —Tu sorpresa me aburre, Vittorio —enciende un cigarrillo para luego darle una calada —. Quiero los coches el sábado en mi galpón, si no llegan a tiempo despídete de tu club de mierda. —Espera, ella… Y es cuando Isabella ingresa en la sala arrastrando a alguien, Antonio levanta la mirada mientras que le da otra calada a su cigarro, afina la mirada debido a la cantidad de humo que yacía a su alrededor. —Este es mi presente para ti, Antonio. El CEO mantiene la mirada fija en aquella joven que habían puesto ante él, la observa de abajo hacia arriba notando que no se parecía en nada al resto de las mujeres de ese lugar. —¿Qué demonios significa esto? ¿Por qué esta maldita no se cambió de ropa? Esta toda mugrosa, Isabella —Vittorio reprende a la castaña luego de ver a idiota rubia mal vestida. —Yo le dije que se cambiara. —No haces nada bien, pero ya ajustaremos cuentas. Bianca no levanta la mirada, estaba tan asustada, era evidente que estaba siendo vendida a alguien y no deseaba ver quien era. Su final era ese, aquel lugar era una especie de antro donde llevaban a chicas como ella para que abusaran sexualmente de su cuerpo.
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