bc

Al final del otoño

book_age18+
29
SEGUIR
1K
LEER
HE
sin pareja
campus
ciudad
secretos
like
intro-logo
Descripción

Casandra de 32 años, mamá de dos lindos retoños que tuvo con el hombre que ella creía que era el amor de su vida.Una linda niña de 10 y un guapo niño de 12.Uno de los motores más grandes de su vida.Por cosas del destino, la perspectiva que tenia de él cambio.Aunque paso mucho tiempo, al final ella se descubrirá entre la espada y la pared, con el dilema de seguir con la vida perfecta que aparenta tener o hacer caso a sus verdaderos sentimientos.

Un esposo complicado con problemas emocionales.

Una familia política toxica que la orilla a seguir con algo que no quiere.

Unos hijos que cada momento la tratan como si no existiera, lidiando con la adolescencia.

Un nuevo comienzo que se niega a aceptar.

Mamá, profesionista y sustento de su familia Casandra tendrá tendra que lidiar con todos los obstáculos para encontrar la felicidad muy a pesar de todos los miedos y dudas.

Luchando cada día con sus prejuicios y con los miedos al que dirán.

chap-preview
Vista previa gratis
1- ¿ 𝑪𝒐𝒔𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓𝒆𝒔?
Inicio... 🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂 Esta historia comienza cuando Casandra tiene 21 años, casi a nada de recibirse en la carrera que tanto le había costado seguir. El diploma ya casi se siente en las manos, con el peso del esfuerzo. Hija mayor de una familia acomodada, de clase media alta. No millonarios, pero sí podían vivir desahogados. El olor a café recién hecho y a pan tostado era la mañana de siempre en su casa. Su padre, contador jubilado, con el periódico abierto en la mesa y el sonido de las hojas al pasar. Su madre, ama de casa desde toda la vida, de una familia tradicional casi chapada a la antigua. El reloj de pared marcaba las rutinas con su tic-tac constante. La vida le sonríe plenamente a Casandra. Estudia la Universidad, en el último cuatrimestre de la Licenciatura en Contaduría Pública y Finanzas. Los números en la pantalla de su laptop bailan, y ella los domina. Estaba totalmente decidida a entrar a trabajar en cuanto recibiera su título, haciendo su esfuerzo por entrar a una de las empresas más prestigiosas, con un excelente sueldo y prestaciones. Ya se imaginaba con tacones firmes sobre el piso pulido de una oficina con ventanales. Tenía una relación de dos años con su novio Teo, el cual también estudiaba donde ella; ahí se conocieron. Entre apuntes prestados y cafés de máquina. Casandra es la hija mayor de su familia. Tenía dos hermanos: Lucas, solo dos años menor que ella, con la música siempre a todo volumen en su cuarto; y Lidia, su hermana de apenas 15 años, adolescente insufrible, con el cuarto oliendo a esmalte de uñas y berrinches. —Hija, sabemos que ya te vas a recibir, que tus planes van muy bien —Casandra gustaba de tomar café con su mamá en las mañanas antes de irse a la Universidad. El vapor de la taza le empañaba las pestañas. Solo que ese día no le gustó nada. Sintió unas terribles náuseas en cuanto su boca tocó la taza. El sabor amargo le subió por la garganta como ácido. Salió corriendo al baño, mientras que su mamá la vio desconcertada. La silla rechinó cuando se levantó de golpe. —¿Hija, estás bien? —preguntó la señora Carmen desde la puerta del baño de la sala. Su voz sonó lejana, con eco en la cerámica. —Sí, mamá… algo me hizo daño… —contestó una Casandra temerosa desde el baño. El frío del azulejo le subía por los pies descalzos. Se miró al espejo. Ella sabía y conocía su cuerpo. El fluorescente le marcaba las ojeras. Vio en su teléfono el calendario donde marcaba su periodo menstrual. El brillo de la pantalla le quemó los ojos. Con tantas cosas en mente olvidó por completo ver desde antes eso. El mes anterior no había nada. El vacío en la casilla del calendario le gritó. Así que el miedo la invadió, tanto que se mareó. Se sostuvo del lavabo, ya que creía que iba a caer al piso. El mármol estaba helado bajo sus palmas sudorosas. Lavó su rostro con agua fría. Las gotas le escurrieron por el cuello y le mojaron el uniforme. Acomodó su ropa y salió. El pasillo se le hizo eterno. —¿Qué pasa, hija? —su madre tenía el ceño fruncido y la taza de café aún en la mano. —Nada, mamá. Tengo que irme… —tomó su maleta donde siempre traía sus cuadernos y demás cosas. El cierre sonó brusco. —¿Estás bien? —la voz de su madre la siguió hasta la puerta. —Sí, mami. Nos vemos al rato —salió azotando la puerta por detrás. El golpe retumbó en toda la casa. Su padre le había dado un auto para moverse desde que entró a la Universidad. El asiento estaba frío y olía a aromatizante de pino. Así que salió a toda marcha a casa de Teo. Él debía saber de sus sospechas, casi aseguradas, por cierto. El semáforo en rojo le pareció una eternidad. En todo el camino no dejaba de pensar en cómo iba a resolver este inconveniente. El volante se le pegaba a las manos. Ella era el ejemplo para sus hermanos, así lo decía siempre su papá. La voz de su padre le resonaba: “Tú eres la mayor, Casy”. ¿Cómo iba a salir con su domingo 7? La palabra “vergüenza” le quemaba en el pecho. Al llegar a la casa de Teo, este no salió de inmediato. Casandra lo esperó en su auto. No tenía ganas de socializar con la familia de su novio. El sol pegaba en el parabrisas y hacía que todo se viera blanco. —Hola, Casy —siempre la llamaba así. Abrió la puerta del copiloto y el aire caliente de afuera entró de golpe—. ¿Cuál es la urgencia que no podías esperar a que llegáramos a la Universidad? —Estoy embarazada —le soltó la noticia sin previo aviso, sin inmutarse. Su voz sonó hueca, ajena. Teo la vio sorprendido, con la boca entreabierta. Mientras que ella miraba fijamente al frente, sin despegar las manos del volante. Los nudillos blancos. —¿Pero cómo? —balbuceó él. —¿En serio quieres que te diga cómo, Teo? —lo volteó a ver con los ojos incendiados. —Bueno… obvio sé cómo, es que… o sea, ¿qué no te estabas cuidando, Casy? Lo miró enfurecida. No daba crédito a sus estúpidas preguntas. La sangre le zumbaba en los oídos. —¡Pues resulta que somos una pareja! ¡Se supone que también tú deberías cuidarte, pero no! ¡Te recuerdo que desde hace un mes no quieres usar condón! —Casandra estaba enfurecida. El aire dentro del auto se volvió denso. Teo agachó la mirada, pasó su mano por el rostro y dio un suspiro tan largo que parecía que lo había tenido detenido desde hace horas. La piel de su cara se estiró. —Lo lamento tanto, Casandra. No sé qué decir. ¿Estás diciendo que esto es mi culpa? —su voz salió chiquita. —No es hora de buscar culpables… los dos lo somos. Yo por dejar que lo hicieras sin condón, y tú… por hacerlo. Pero ya está, ya estoy embarazada —se le quebró la voz al final, pero se tragó las lágrimas. Teo se quedó callado, solo mirando a Casandra. Él estaba acostumbrado a que ella fuera la que resolviera siempre. El silencio pesaba más que el motor apagado. Estaban tratando de hablar en cómo solucionar el problema, cuando salió la mamá de Teo. Tocó la ventanilla del auto tan fuerte que asustó a Casandra. El vidrio vibró. Dio un salto, llevando sus manos al pecho. El corazón le golpeaba las costillas. Bajó la ventana y la señora se cruzó de brazos. Su sombra tapó el sol. —Hola, Casandra. ¿Qué hacen todavía aquí? ¿Pasa algo? —su tono era filoso. Casandra le aventó una mirada severa a su novio, esperando que él entendiera que no podía decir nada. Le clavó los ojos como dagas. —Eh… no, no pasa nada, señora. Es que teníamos cosas que hablar —Teo se rascó la nuca, sudando. —Casandra, no sé cómo te educarían tus padres, pero, por favor, hija, no puedes hacer esto —nuestra chica se quedó atónita. El aire se le fue. ¿No puedes hacer esto? ¿Qué? Se preguntó una y mil veces en la cabeza. El zumbido en sus oídos aumentó. Volteó a ver a Teo, esperando que dijera algo que la ayudara a salir del embrollo, pero no pasó nada. Él miraba el piso del auto como si fuera lo más interesante del mundo. Eran comportamientos que le generaban conflicto a nuestra protagonista. Sabía que eran banderas rojas que el novio nunca dijera nada para poner límites con su madre. La boca le sabía a metal. —Mamá, es que Casandra está embarazada —lo soltó así, sin más. La voz de Teo sonó como un balazo. Casandra lo miró con los deseos más fervientes de estrangularlo, pero no podía hacerlo. Sería asesina embarazada. Apretó el volante hasta que le dolieron los dedos. —¡¿Qué?! —expresó la mamá con el asombro más grande combinado con enojo, o eso parecía ver Casandra. Se llevó una mano al pecho, dramática. —Teo… —Casandra llevó sus manos al rostro. Dio un suspiro de rabia contenida. El aire le raspó la garganta. —¿Cómo es posible que no te cuidaras, muchacha? Mi hijo está terminando la carrera, una que nos costó mucho solventar, y vienes a arruinarle así la vida. Eres una egoísta —nuestra chica no daba crédito a las sandeces que decía la madre de su novio. Esa cultura machista que tenía interiorizada, pensando que un embarazo solo era culpa de la mujer. El calor le subió a la cara. —Dios mío, esto no puede ser… —llevó sus manos al rostro. El novio bajó del auto, donde la mamá del mismo empezó con un sermón. Sermón que ella no estaba escuchando. Desde lo que escuchó, un fuerte sonido opacó cualquier tono de voz ajeno a sus pensamientos. Un pitido agudo en sus oídos, como si estuviera bajo el agua. El mundo se volvió borroso y lejano.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

CEO, SOLTERO Y ¿CON HIJOS?

read
113.9K
bc

Mi Papi II

read
62.4K
bc

Juego de hermanastros

read
16.1K
bc

Lecciones de Papi

read
151.9K
bc

Nuestra para amarla

read
5.8K
bc

Mírame una vez más

read
1K
bc

¡Serás mío querido hermanastro!

read
12.4K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook