🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂🍂 Casandra cedió ante la petición de su hijo de ir a la pequeña reunión en casa de aquel compañero. Pero ella lo acompañó hasta el lugar donde sería. Que ni creyera que se iría solo. —Mamá, por favor, déjame aquí. Estaban justo afuera de la casa donde sería la reunión. El portón de hierro forjado era más alto que cualquier otro de la privada. Matías estaba en la etapa en que todo le daba vergüenza. Se encogía dentro de su sudadera, como si así pudiera desaparecer. —Matías, no empieces —respondió Casandra mientras daba un vistazo al lugar—. Ni creas que te dejaré aquí sin siquiera saber con quién te dejo. Así que vamos. Casandra estacionó el auto afuera de la casa. Era un lugar muy bonito, exclusivo, de gente adinerada. El césped estaba tan perfectamente cortado

