La Decisión Final El aire en el almacén se sentía denso, cargado de odio y desesperación. Emma apenas podía contener la furia mientras su padre mantenía el arma firmemente apuntada a la cabeza de Sofía. Los ojos de su hermana brillaban con terror, su cuerpo temblaba, inmovilizado por las cuerdas que la mantenían prisionera. —Baja el arma, papá —exigió Emma, su voz helada, pero temblando con una mezcla de rabia y miedo. —No estás en posición de dar órdenes, Emma —respondió su padre con una sonrisa oscura—. Siempre has sido la rebelde de la familia, pero ya no más. Todo este juego se acabó. Emma sintió que la sangre hervía bajo su piel. Todo lo que había soportado hasta ese momento, todas las peleas, todas las traiciones, habían culminado en este instante. Frente a ella estaba el hombre

