En el filo de la tormenta El refugio en el que se encontraban era pequeño y modesto, apenas un lugar de descanso en medio de todo el caos. Emma no podía despegar su mente de lo que había pasado: la muerte de su padre, el peso de las decisiones que estaban a punto de caer sobre ella y, sobre todo, la distancia entre ella y Alexander. Sofía dormía profundamente en el pequeño sofá, y Sergei mantenía una vigilancia constante, su mirada fija en la ventana mientras revisaba su pistola. Sabía que cada minuto allí era peligroso, pero por ahora, ese lugar era lo más seguro que podían tener. —¿Cuánto tiempo más estaremos aquí? —preguntó Emma, rompiendo el silencio. El aire estaba cargado de tensión, y el zumbido de la electricidad parecía amplificar la inquietud que sentía en su pecho. —Lo sufic

