Decisiones y destinos El bosque parecía cobrar vida con los primeros rayos de luz. El cielo comenzaba a teñirse de un tono azul pálido, un amanecer que traía consigo el peligro inminente. El sonido de las pisadas cercanas y las voces distantes rompían el silencio, recordándoles que el tiempo corría en su contra. Alexander caminaba delante, su mirada fija en el horizonte, atento a cualquier movimiento entre los árboles. Emma lo seguía de cerca, su respiración acelerada por la tensión del momento. Cada paso era un recordatorio de lo frágil que era la situación, de lo fácil que sería caer en las garras de sus perseguidores. Sergei iba justo detrás de ellos, sus movimientos siempre calculados, siempre alertas. Pero, por primera vez, Emma notó algo distinto en su compañero. Cada tanto, su mi

