El filo de la incertidumbre El crepitar de las hojas bajo sus pies era lo único que rompía el silencio del bosque. El grupo había avanzado durante horas, pero el peligro seguía acechando, una sombra invisible que los perseguía desde la distancia. A cada paso que daban, Emma sentía el peso de la tensión en su pecho. Sabía que su escape no sería sencillo, y que en cualquier momento todo podía desmoronarse. Alexander lideraba con decisión, su mirada siempre fija en el horizonte, pero Emma podía sentir que algo lo inquietaba. No era solo el peligro de ser atrapados. Había una tormenta silenciosa en su interior, un conflicto entre el deseo de protegerla y la realidad de la situación que los rodeaba. De pronto, Sergei se detuvo y levantó una mano para hacerles una señal. Todos se detuvieron a

