Bajo el Manto de las Sombras El vehículo avanzaba a toda velocidad, devorando el terreno irregular que se extendía ante ellos. Los árboles pasaban como sombras en la periferia, difuminados por la velocidad. Emma sentía el vibrar del motor bajo sus pies, pero la sensación de alivio apenas se insinuaba en su pecho. A su lado, Alexander permanecía tenso, su mano apretando la suya con una fuerza que le recordaba que el peligro estaba lejos de haber terminado. —¿Cuánto más? —preguntó Sergei desde la parte trasera, su mirada fija en el conductor, aunque sus pensamientos parecían estar en otro lugar. —No mucho —respondió el conductor con voz grave—. Si seguimos a este ritmo, deberíamos llegar en menos de dos horas. Pero no puedo prometerles que no habrá problemas en el camino. El ambiente en

