Entre el Fuego y las Sombras El estruendo de los motores fuera del escondite hizo que la euforia del compromiso se disipara tan rápido como había llegado. Alexander no soltaba la mano de Emma, pero sus ojos, agudos como cuchillas, ya estaban escaneando el entorno. Sabía que las palabras de Dmitri no habían sido vacías. El peligro los rodeaba por todos lados. —No podemos quedarnos aquí. —dijo Alexander en un susurro ronco, dirigiéndose a Sergei. —Lo sé. Pero moverse ahora es igual de arriesgado. —respondió Sergei, sus ojos oscurecidos por la incertidumbre. —¿Qué hacemos entonces? —preguntó Sofía, nerviosa, sin apartar su mirada de Sergei, buscando en él alguna señal de calma. Dmitri observaba en silencio desde un rincón de la habitación, con una expresión indescifrable. Sabía que la pr

