Lazos que No Se Rompen El sonido del motor resonaba en la carretera vacía mientras el coche de Sergei avanzaba con dirección al refugio donde Alexander había decidido esconder a Emma. La brisa fría de la madrugada se colaba por las ventanillas entreabiertas, pero en el interior del coche, reinaba un silencio cargado de pensamientos no expresados. Emma miraba por la ventana, el paisaje pasando como un borrón ante sus ojos. El reciente beso de Alexander había dejado huellas profundas en ella, despertando emociones que había intentado enterrar. Sin embargo, había algo que no la dejaba en paz. Sus preocupaciones por Sofía seguían rondando en su mente. Ella confiaba en Sergei, pero no podía quedarse tranquila hasta ver a su hermana con sus propios ojos. —¿Está muy lejos? —preguntó, rompiendo

