CAPÍTULO 5.
Callum Kane
1 de enero, 2018
Vuelvo a la sal encontrando a Emma, a punto de caer dormida, su cuerpo está desparramado sobre el sillón del sofá con la cabeza colgando unos centímetros hacia afuera. La castaña, al escuchar los pasos acercándose, abre los ojos, enfocándolos sobre mí, una sonrisa débil se desliza en los labios y mi nombre sale en un susurro de ellos.
—Andando, te llevaré hasta la cama—anuncio ayudándola a levantar, pero sus piernas ceden ante el peso y queda sentada en el suelo. Emma ríe como si toda la situación fuera chistosa y no estresante.
Intento una vez más levantarla, Emma se impulsa hacia arriba, pero sus piernas una vez más falla. Ella hace un puchero durante cortos segundos, después de reír y dejarse caer aún más en el suelo, con las manos apoyadas en las rodillas. Los ojos azules brillan, la voz sale entrecortada y las palabras son pronunciadas todas juntas, sin un espacio entre ellas, provocando que sea imposible entender que quiere decir.
—Si—murmuro sin detenerme a pensar que está preguntando, Emma chilla extasiada cuando la levante del suelo, cargándola como una princesa hacia su habitación.
—Pareces una galaxia—murmura y es la única frase que logro entender. La palma de la mano de la castaña es caliente y algo húmeda, el calor se transmite hacia mi cuerpo. Desequilibrándome por unos cortos segundos.
—Lo sé—respondo con simpleza—y tú estás demasiado borracha—murmuro abriendo la puerta con el pie, Emma niega y trata de justificarse, pero gruñe al ver que su lengua se sigue enredando y las palabras que desea decir no sale.
—Mañana podrás decirme todo lo que desees, pequeña. Pero ahora, estás muy borracha para hablar.
La habitación de hotel es sencilla, con colores apagados y cortinas espesas que cortan la luz del sol, aunque ya el sol haya salido. Bostezo notando la cama, está perfectamente tendida, camino hacia ella ignorando las suplicas y palabras borrachas de Emma, la castaña parece desbordar de energía en este momento, aunque hace un rato estaba a punto de caer dormida.
El silencio nos rodea, bajo la mirada hacia el rostro tranquilo de Emma, los labios se encuentran ligeramente abiertos; las pestañas barren las mejillas proyectando sombras hacia abajo. El cabello castaño está desordenado; los mechones parecen flotar o estar envueltos en un moño rígido, el cual ha visto mejores días. Libero el cabello de la constante presión ejercida por el peinado, mi mirada cae sobre los labios rosados y con ligeros toques rojos; de lo que alguna vez fue un labial. Suspiro sin energía, y rindiéndome al cansancio; el poco alcohol, el cual consumí hace horas, ya no está haciendo efecto.
—No te vayas—susurra abriendo los ojos, una de sus manos se envuelve alrededor de la mía, llevándome más cerca de ella. Tentándome a dejarme caer en la cama.
—Estás loca—susurro cuando sus parpados han caído y la fuerza de su mano ha menguado. Esta pequeña mujer está logrando desestabilizar todas mis barreras, está consiguiendo que mi corazón se estremezca por bobadas.
No sé si aquello es bueno o malo. Puede que en lo profundo de mi cabeza este la respuesta, que aquella voz, la cual llevó tiempo ignorando; la conciencia, tenga toda la razón. Al final solo estoy huyendo del resultado de esta atracción extraña que surgió entre nosotros, del cese de mis sentimientos.
Salgo de la habitación, dejándome caer en el sofá. No miro una vez más hacia Emma, huyo de aquel cuarto como si fuera el mismo infierno, sin importar cuán incómodo se vea la prenda que ha usado durante horas. Cierro los ojos dejando que el cansancio se adueñe del cuerpo, llevándome a la profundidad de la inconsciencia donde todo es oscuro. Los rayos del sol son fuertes, pero no importa cuántos den a mi cara, estar despierto durante tantas horas ayuda a que no afecten.
— ¿Qué paso? ¿Qué paso? —pregunto levantándome del sofá, al oír el grito de Emma.
Mis ojos se encuentran con la expresión consternada de Emma, su ceño está fruncido y el rostro está de un blanco enfermizo, el azul del iris parece opaco y apagado por el dolor de cabeza. Gruño bajo, sintiendo la primera punzada en la cabeza y la garganta arder, la castaña parece estar considerando si pelear o quedarse callada mientras lucha con la jaqueca. Al final decide quedarse callada, pasando hacia la pequeña cocina por algo de agua.
—Estabas borracha ayer, te traje hasta acá y me vomitaste encima—explico en pocas palabras bostezando— ¿Puedes darme algo de agua?
Parece estar considerando cada una de mis palabras, su semblante no ha cambiado en estos cinco minutos, sigue igual de feo y perturbador por el dolor. Emma asiente volviendo a llenar el vaso con agua, lo tiende hacia mí sin ninguna delicadeza, lo acepto sin mirarla, solo sacio la sed que atormenta mi garganta; dispuesto a seguir durmiendo una hora más.
—Está bien—murmura caminando hacia la habitación. Me dejo caer en el sillón con el brazo sobre los ojos, atrapando los pequeños vástagos del sueño.
—Despierta—el susurro es suave y bajo, sin embargo, sigue siendo una molestia. Gruño girando sobre el pequeño sofá, tratando de alejar la voz. —Callum, despierta—insiste una vez más la voz suave y armoniosa, abro los ojos entre gruñidos de disgusto. Frotó los párpados esperando que la visión se aclare y pueda ver el rostro de Emma, quien parece estar encima.
Al ver con claridad, lo primero en que me fijo son los ojos azules, vivaces y brillantes, bajo los párpados, soltando un bostezo, deslizando la mirada por el cuerpo de la castaña cuando el sueño no parece jalarme hacia él una vez más. Emma golpe el piso con el pie, un sonido rítmico y algo acelerado; recorro con la mirada el atuendo que está usando de pies a cabeza. Ella parece perderse entre el suéter de lana, el gorro color beis y la enorme bufanda.
Desvío la mirada de ella esperando encontrar algún reloj o algo que me indique que hora es. Lo feo del invierno, es que todo el día parece tener el mismo clima, es imposible predecir la hora con un cielo tormentoso avisando que la nieve caerá en cualquier segundo.
— ¿Para dónde vas? —preguntó con curiosidad, sentándose con los brazos apoyados en las piernas.
—Adam quiere hablar conmigo—explica con una enorme sonrisa, la cual me provoca malestar—te prepare algo de comida como agradecimiento por lo de ayer—asiento—cuando comas te puedes ir— asiento.
El nombre salió de sus labios cantarín y alegre, como si fuera la mejor noticia que ha tenido en todo el día o del año. La molestia se hace cada vez más presente y me aturde, el buen ánimo con el cual desperté está empañado por ella. Y no quiero saber nada más.
— ¿Por qué sigues detrás de Adam? — pregunto deteniendo su caminata. Es una pregunta masoquista y estúpida, de la cual conozco a la perfección la respuesta; es igual de claro que su odio hacia mí.
Emma gira mirándome durante unos segundos, analizando si responderme o dejarme con la duda; no debería seguir insistiendo, no por ella y la incomodidad que le provocaré a la pregunta. Si no, por mí, por mis estúpidos sentimientos, los cuales esperan con desesperación un jodido milagro, el cual nunca ocurrirá. Soy una persona que se atiene y sujeta a los hechos, a las acciones y palabras de las personas, y Emma no me ha dado ninguna señal u oportunidad. Así, que es aún más jodido esperar algo de ella, cuando nunca ya existido.
Sin embargo, me gustaría escucharlo de sus labios y dejar todo esto que siento por ella atrás. Que rompa mi corazón de una vez.
—Es obvio—murmura—Adam me gusta; tú sabes que me gusta, todo el mundo lo sabe— suspira—así que deja de insistir, Callum.
Las palabras son amargas y ásperas, aún más dolorosas de lo que imagine. No importa cuánto te prepares para este momento, siempre será peor y eso es una jodida sorpresa. Una ironía de esta vida tan perra. Sigo insistiendo, y no sé por qué. Por ella o por mí.
—Sabes que tus sentimientos no son correspondidos—niega. Y yo sonrió, porque ahora Emma se ve ante mis ojos, como yo me veo en el espejo. Un reflejo lamentable de alguien que está perdido.
—Adam no sabe de mis sentimientos, aún tengo una oportunidad—no sé cuanta verdad pueda haber en ese comentario, no conozco a exactitud si Adam se ha dado cuenta del afecto de Emma hacia él. Pero, lo que sé es que Adam no siente nada por ella. Niego y parece que la he enojado. — ¿Tú como sabrás lo que siente Adam?
No respondo. No quiero lastimarla, contándole más de lo que debería saber de la relación de Adam con la pelirroja. El primer amor no se supera y aunque el futbolista, trate de parecer centrando y que ha dejado su pasado atrás, Zoe está muy presente en Adam. Su cuerpo reacción a ella como lo haría el de un amante.
—Exacto, no sabes nada, tampoco sabes del amor—la voz sale baja y cargada de veneno. Emma se ha vuelto a enojar conmigo y no es algo que me sorprenda, pero sus últimas palabras no las esperaba.
Me dice con toda la frialdad e indiferencia del mundo; su mirada es dura, juzgándome como si conociera cada cosa que hago o digo. Ella me mira desde arriba con una superioridad mezquina, como si ante sus ojos no soy alguien más que superficial y sin ningún sentimiento. Una persona la cual solo vive para los deleites carnales. Aquellas palabras y la expresión en su rostro gritan por todas partes que no merezco ser amado en ninguna etapa de mi vida.
Me duele su desprecio, me duele porque sus palabras han tocado un parte sensible y por los sentimientos que profeso hacia ella.
—Hablas mucho Emma—murmuro sin entrar a su juego.
—Estoy diciendo la verdad—me interrumpe—eres una persona que dudo llegue a querer algo más que su existencia—me grita.
No entiendo como hemos llegado a este punto de la conversación. Sé que no me soporta y no podemos tener una conversación normal porque termina en una discusión, pero esto; esto es totalmente diferente a las otras veces que hemos coincidido. Emma está usándome como su saco de boxeo y no permitiré que lo haga, aunque me muera por ella. Hace rato dejé de ser el saco de boxeo.
Me levanto del sofá acomodando el pantalón y la camisa, pasando una mano por el rojizo cabello, desordenándolo aún más. Suspiro pensando bien que será lo que diré. Pero decido ahorrarme las palabras y salir de este lugar. Esquivo a la castaña, camino hacia la puerta.
— ¿Me estás dando la razón? —pregunta con un ligero tono de burla. Giro ligeramente la cabeza, observándola con fijeza, escondiendo cada una de mis emociones.
—No te estoy dando la razón, no voy a discutir con una persona que no quiere ver las cosas, aunque se las coloque delante de la nariz—aclaro tratándola con la misma indiferencia que ella me habla, sus ojos me miran con sorpresa por mi tono. —Al menos se me quiere, no necesito querer a otras personas si no sirven—anuncio con simpleza.
No necesito bajarme hasta su nivel, mostrarle que realmente sé querer y que no soy tan superficial como ella piensa. Que mi cabeza nunca ha estado solamente en la fama y la música, sin embargo, no gano nada abriéndole los ojos y mostrándome hacia ella.
— ¡Eres un asco de persona! —grita acercándose a mí. —Te pareces tanto a ella, desde el color de cabello hasta la actitud. Zoe y tú harían perfecta pareja, una manipuladora quien no le importa los sentimientos de las demás personas y otro superficial. Eres la peor persona que he conocido, desearía con todo mi ser no haberme encontrado contigo en ningún momento; daría lo que fuera para no verte de nuevo—me grita hiriéndome una y otra vez.
Ahora entiendo su odio hacia mí, un odio infantil y sin sentido. No sé con exactitud que sucedió con Adam y Zoe, pero parece que Emma ha gustado de Adam desde antes, sus sentimientos nunca fueron correspondidos. Y cuando Adam huyo del país a otro, ella se excusó en que todo fue culpa de Zoe, no estoy defendiendo a ninguno de los implicados, es un pasado que no tiene que ver conmigo, las decisiones de ellos son su responsabilidad. Sin embargo, ella me detesta por mi cabello rojo y porque algunas de mis acciones le recuerda a la pelirroja.
Nunca escuchado algo tan superficial y mezquino, no me había dando cuenta de cuan enfermo se puede volver las emociones no correspondidas. La mirada azulada parece brillar, con la intensidad del sol o del fuego ardiente, está dispuesta a soltar toda, sin importar a quien le atine los golpes. No le importa quien está del otro lado.
—Entiendo—murmuró con un tono plano y oscuro, sin interés en ella. No estoy usando ese tono burlón con el cual nos conocimos y aquella actitud que parece que nada le afecta. Me estoy mostrando como soy realmente. —Sabes, yo si me alegro de haberte conocido Emma, espero que Adam se dé cuenta lo que va a dejar— murmuro saliendo de este apartamento.
La dulce y angelical Emma me odia, detesta; no quiere saber nada de mi existencia. Lo entiendo no es la primera, ni la última persona que no me quiere, no es la primera que me desprecia y me aleja de su vida como si no le costara hacerlo. Pero lo que no entiendo es porque mi corazón sigue latiendo por ella, porque está latiendo rápidamente recordando a Emma sin importar como me haya tratado; mi corazón sigue estremeciéndose por ella.
Es jodido, porque ya me dejo claro lo que siente por mí, que no tengo ni la más mínima oportunidad con ella. Aun así, mi cabeza y corazón se niega a procesarlo, dándole escusa a su comportamiento, defendiéndola y animándome a ir tras ella. No me considero feo, todo lo contrario. Soy un grandioso partido; las múltiples miradas y elogios que recibo de mis fanáticos me suben el ego dándome aún más confianza. Pero para ella no soy suficiente.
Entro a la casa de los Davis trotando hacia la habitación que estoy usando; la casa está en completo silencio, no hay voces ni movimiento en el lugar. Me acuesto en la cama sacando el celular del bolsillo trasero del pantalón; marco el número automático que tengo de emergencia.
Una foto de Elena Miller se coloca en toda la pantalla del celular, observo con detenimiento la foto, y su sonrisa atrae la atención igual que sus enormes ojos avellana resaltados por el tono de su piel y cabello. El celular suena y suena varias veces. Elena es la persona que siempre busco cuando me encuentro mal, cuando tengo cientos de problemas sin resolver. Elena está ahí con los brazos abiertos para escucharme y darme ánimos.
En este momento parece que no va a estar para darme ánimos y decirme que Emma no vale la pena, que debería olvidarla y seguir adelante porque merezco alguien mejor. Sé que me dirá exactamente las mismas palabras y sé que es lo que tengo que hacer; pero si no son sus palabras, no puedo tener la fuerza de dejarla ir.
Vuelvo a marcar obteniendo el mismo resultado. No contesta el celular. No es algo que me extrañe, ya que estará en unos de sus viajes por el mundo donde casi siempre no tiene señal. Tiro el celular hacia un lado de la cama, mirando con atención el techo, buscándole imperfecciones; desde pequeño me gustaba buscarles las imperfecciones a las cosas, me hacía sentir en armonía. Pero este techo no tiene la más mínima imperfección.
Mi mente me juega una mala pasada comenzando a recordar algunos momentos con Emma hasta llegar a la discusión de ahora; gruño levantándome de la cama, caminando hacia el baño, colocándome debajo del chorro frío de agua; tiemblo mientras el agua cae sobre mi cuerpo. Sin embargo, los pensamientos no se van. Corro hacia el cuarto temblando por el frío que está haciendo y por el hielo que se ha metido en los huesos, agarro lo primero que encuentro corriendo hacia la calle con una pequeña libreta en la mano.
La mejor forma de olvidar algo es escribiéndolo y dejándolo plasmado en un papel que no tiene emociones. Todas las canciones que escribo y se vuelven famosas, las escribo con el alma destrozada hecha pedazos a más no poder y otras las escribo cuando estoy cautivado por una misteriosa persona.
Camino por el parque lleno de nieve, buscando el lugar más alejado, sigo caminando alejándome de las miradas curiosas de algunas personas. En una banca alejada hay una persona que tenía la misma idea mía; está completamente sola observando los árboles con las manos apretando sus muslos, mientras más me acerco logro distinguir esa figura que mira perdida los árboles.
Emma quita la mirada de los árboles observándome como si fuera un fantasma y no una persona de carne y hueso. Niega sacudiendo su cabeza para después mirarme de nuevo fijamente.
—Ahora no es un buen momento, Callum—murmura alejando su mirada; mirada, la cual es triste y dolorosa.
No vine a este sitio buscándola; no sabía que estaría acá. Pero puedo intuir lo que paso en este lugar o hace un momento con ella.
Adam destruyo sus sentimientos.
—Sabes me gustas realmente, demasiado para ser preciso—murmuro agarrándola del brazo— pero no mereces ser la segunda opción de nadie Emma, ojalá te des cuenta de que Adam no es para ti y tú no eres para él; aun así, esto no quita que me sigas gustando. Espero que en otro tiempo pueda estar contigo—susurro robándole el último beso, solo dejando un simple toque de labios sobre los suyos.
—Callum
—Ya me dejaste todo claro, Emma. no hay necesidad de repetirlo de nuevo—me alejo de ella—nada más quería decirte eso, nada más; hasta luego Emma.
Me despido dejándola sola y deprimida en esa banca del parque. No soy un héroe ni un villano; no vengo a salvar a nadie y menos a hundirlo, únicamente deseo vivir mi vida sin matarme para salvar a otros. Otro que no se lo merece.