CAPÍTULO 4
Callum Kane
1 de enero, 2018
La música del DJ siempre termina volviendo a una canción nuestra o un reguetón latino, palabras las cuales no logro comprender del todo. Las personas se mueven con lentitud y euforia, casi al amanecer las canciones son más apacibles y las bebidas dejan de salir en grandes cantidades. Tarareo una canción, sin detenerme a pensar a quien pertenece. Evans se acaba de ir con una morena a la pista de baile, la expresión alargada y seria que mantenía ha desaparecido casi por completo. Lo bueno de que esté bailando y pasándola bien, es que no está arruinando el ambiente, y lo malo es que más tarde estará insoportable. Allen permanece a mi lado, viendo bailar a las personas.
— ¿Y tú cuando vas a ir tras alguien? —le pregunto a Allen, él niega.
—Yo soy un hombre comprometido, mi querido amigo. Fiel hasta la muerte—no puedo evitar reír ante su declaración. La manera en que lo dice, y la seguridad con la cual sonríe.
—¿A quién? ¿Samanta o Nh? —pregunto con una sonrisa, tendiéndole una sutil trampa. Allen entrecierra los ojos dándole un trago a la cerveza, al bajar el recipiente vacío sonríe, notando mi intención oculta. —Dudo que te hayas olvidado o alejado del chat de Nh—Allen asiente.
La mirada y sonrisa de complicidad que se extiende por sus labios demuestra que no lo ha hecho. Aun la persona desconocida detrás de esos mensajes, está presente en la vida de Allen. Y no es una sorpresa para nadie, él suele leer y releer esos mensajes cuando va a subir al escenario o cuando está pasando por un mal momento, le gusta la normalidad que le traen.
Claro, a cualquier famoso le vendría bien un poco de normalidad en su vida, por eso Owen se casó con Amelia, además de estar jodidamente enamorado de la rubia.
—Soy fiel a Samanta hasta la medula, y Nh—hay un deje de pesar y molestia—no me ha vuelto a escribir en tres meses.
—¿Por qué no inicias tú la conversación? —pregunto, recayendo una vez más en esa inquietud que han manifestado en más de una ocasión cada uno de los miembros de la banda y los hermanos de Allen.
Al principio, cuando los mensajes comenzaron a llegar, pasaron varios meses para que Allen se diera cuenta, claro, destacar en un mar de notificaciones no es fácil. Así que la decena de mensajes que envió esa persona logro su cometido. Aún me pregunto si todo fue una casualidad, o estaba planeado, y creo que Allen también se lo cuestiona.
Nh, escribía solo sobre su día a día, le contaba cada cosa que hacía y los accidentes que sufría. Cabe resaltar que Nh, es torpe, demasiado torpe para su bien. Allen comenzó a leer los mensajes después de tres meses de haberlos descubierto, ya que seguían apareciendo más y más, convirtiéndose en cientos y miles de mensajes. El chat del rubio angelical se convirtió en un diario para el desconocido, y aquellos escritos sacaban sonrisas de Allen, sin importar cuan mal se encontraba.
Todos insistimos en que la buscara o al menos respondiera uno de los mensajes, pero Allen se negaba, aún lo sigue haciendo.
—Sería muy invasivo aparecer en su trabajo una tarde, preguntándole por qué ya no me escribe. Nunca respondí ninguno de sus mensajes, ni las fotos de postres que enviaba—suspira con decepción. —Nh, solo me estaba contando su día a día, no esperaba que yo respondiera o leyera sus mensajes. Nada más se estaba desahogando.
—No sería tan invasivo, de una u otra forma te dejo entrar en su vida, sabes varias cosas sobre ella. Dudo que sea tan malo que le escribas o la busques.
Se encoge de hombros sin darle importancia a mi sugerencia. Hace dos años, antes que comenzara a salir con Samanta; Allen estaba completamente seguro de comenzar a buscar a Nh, quería saber quién era; conocer a la persona de los mensajes en físico. Pero nunca se llevó a cabo tal búsqueda, desde que Samanta, entro en su vida, ha tratado de dejar a Nh en segundo plano, apartarla poco a poco de la vida de Allen.
Y de una manera conspirativa, Nh desapareció de su vida, dejo de mandar tantos mensajes al día, al mes; hasta que nadie sabía que fue de ella.
Samanta había conseguido lo que quería, toda la atención de Allen sobre ella. Pero claro, a mi parecer la modelo exagero un poco, Allen no la hubiera dejado por Nh; aunque esta hubiera sido una mujer.
—No importa, Nh desapareció, decidió alejarme de su vida—se encoge de hombros—no puedo obligar a una persona a que siga escribiendo. No si no lo desea. Te dejo con tu castaña—dice desapareciendo.
Doy el último trago a la cerveza, observando como Emma está siendo arrastrada por dos mujeres desconocidas, la castaña está sonriendo y riéndose a carcajadas, aunque las otras dos la observan con duda y preocupación. La morena de cabello rizado con las ondas algo sueltas, mira a su amiga con una ceja alzada, sus labios son gruesos y gesticulan palabras, las cuales no logro comprender.
—Vamos a bailar—grita Emma balanceándose en los brazos de la morena y la otra castaña, quien parece a punto de perder los papeles.
—Cariño no estás en condiciones de bailar—murmura la morena con un acento italiano, combinado con un dialecto el cual no logro descifrar.
—Yo quiero—grita Emma haciendo un puchero, sus ojos se desvían de las mujeres hacia mí. Los ojos azules brillan de entusiasmo—Hey, fastidioso, sácame a bailar—ordena Emma tirando de ella y de sus ayudadoras hacia mí, sonrió ante la situación.
La lengua de Emma enreda cada palabra, la cual sale de su boca, los ojos azules están brillantes y las mejillas encendidas en un tono rojo. Imitando el color de las luces de navidad. Las mujeres observan con duda a Emma y a mí, su mirada viaja de uno a otro, considerando si es seguro dejarla conmigo, puedo notar a la perfección la inseguridad que se desliza por sus ojos.
—Déjenme con él—chilla Emma librándose del agarre.
La morena da un paso adelante rodeando el codo de la castaña, deteniendo el andar torpe de Emma con seguridad, y me dirige una mirada cargada de indiferencia, duda y sin un altivo de confianza. Entiendo su actitud, y no me molesta en lo más mínimo. Para ellas, Emma solo es una mujer borracha, la cual se irá con el primer desconocido que encuentre; y tendría una experiencia lamentable o tal vez no.
No me ofende en lo más mínimo su comportamiento o la mirada que cae sobre mí. Respeto cada una de sus acciones, así que esperaré el tiempo necesario a que decida que Emma estará bien conmigo.
—Suéltame, déjame ir con Callum—protesta Emma.
— ¿Eres Callum? —inquiere la morena mirandome atentamente, asiento— ¿la conoces? —vuelve a preguntar señalando a la muy borracha Emma, vuelvo asentir. Ella aún desconfía de mí.
—Emma Scott, amiga de la familia. Vinimos para celebrar el año nuevo, somos un grupo—explico con simpleza—si quieres te busco a los demás, y la otra mujer que viene con nosotros.
Concedo, esperando que esta información sea suficiente para hacer ceder a la morena.
—Deja de ser tan intensa, Saori, ya te dijo que si es Callum y la conoce—comenta la otra castaña con una sonrisa. Ella parece menos interesada en hacer de detective.
—Espero que seas una buena persona, conozco tu rostro, nombre y en qué lugar estuviste el día de ayer y el primero de enero—una amenaza sale de sus labios. Entiendo completamente a lo que se refiere—ya sabes—murmura la morena soltando a Emma, la cual se tambalea—con cuidado.
—Gracias, Saori—agradece Emma como puede, extiendo los brazos atrapando a la castaña borracha y tambaleante.
—No hay de que—se despide Saori, yéndose con la otra mujer.
— ¿Emma? ¿Estas borrachas? —pregunto imponiéndome sobre la risa enloquecida de la castaña.
—No, estoy bien, no ves—exclama con la lengua enredada.
Aguanto la risa mordiendo el labio inferior mirándola con fijeza. Emma está habladora, con las mejillas sonrojadas y los ojos cristalinos. Su mirada permanece sobre mí, con atención, está analizándome con una boba sonrisa en sus labios, se está tomando su tiempo para detallarme como antes no lo había hecho.
Alarga una mano y abre los labios en una perfecta o, casi sorprendida por lo que ha descubierto. Parece como si fuera la primera vez que realmente se toma en serio el verme, como si antes nunca hubiera sido importante en el cuadro de sus ojos. Sonrió con un poco de molestia, soy humano y ella me gusta. Saber que nunca me había prestado atención hasta ahora duele.
—Siempre te veo, pero ahora está pasada de copas—me levanto dejando la cerveza atrás sin importar que aun este llena. Sujeto el cuerpo de Emma con firmeza, alzándola—vámonos de acá.
—No quiero—chilla cuando la levanto—bájame estúpido pelirrojo, ¡que me bajes! —grita haciendo una pataleta.
Emma se revuelva entre mis brazos, menea su cuerpo y lanza puñetazos, buscando liberarse. Pero al ver que no la dejaré ir, se queda quieta, estática en su lugar; se deja guiar sin murmurar palabra alguna. Permanece en un silencio continuo, el cual me hace preocupar. Bajo la cabeza, mirándola con fijeza, ella me vigila con ojos adormecidos. Una sonrisa tenue se extiende por sus labios y su boca se abren preparándose para soltar alguna locura más de borracha.
— ¿Por qué eres tan lindo?
Me detengo, quedando congelado ante su pregunta. Nuestras miradas se encuentran, la suya soñadora y la mía sorprendida. No voy a mentirme, mi corazón dio un vuelco y volvió a la vida. Esta pequeña fiera no sabe lo que ha provocado en mí, sus palabras son tan simples y sin ninguna malicia, pero ha logrado que me detenga y la mire embobado, incrédulo. Emma me está jodiendo, y si las cosas siguen de esta manera no sé cómo terminaré.
Como quedará mi corazón.
— ¿Acaso soy lindo para ti, pequeña? —ella asiente varias veces como una niña pequeña. Se ve encantadora en este momento.
—Eres muy guapo, demasiado guapo. Pero tu boca arruina todo.
Río, ante su declaración, pensé que mi boca le gustaba.
— ¿Mi boca? —asiente— ¿acaso no te gusta cómo beso? —ella niega, frunciendo su ceño de forma adorable.
—No me gusta cuando me molestas, eres insufrible—dice con la lengua enredada, haciéndome reír—pero me gusta tu boca sobre la mía, sobre todo cuando te muerdo—susurra tomándome por sorpresa su descaro.
Recetó el padre nuestro varias veces, reflexiono en ovejas saltando o en la risa de mis sobrinos. En ellos vomitándome, para que mi cuerpo no reaccione ante el descaro de esta mujer; ella me tiene colgando en un hilo. Me apresa entre sus manos y juega conmigo. Esto no puede ser bueno.
Detengo el primer taxi, y subo en él con la castaña, dejo a Emma en su asiento; ella se entretiene con las luces del pueblo y deja de lanzar sus comentarios coquetos hacia mí. Hacia mi débil y desprotegido corazón.
—Será mejor que subamos, estás demasiado borracha—murmure sacándonos del taxi. Unas amplias escaleras se abren ante mis ojos. Pienso en cómo subirá Emma las escaleras y ninguna de las ideas es buena.
Ella se libera del agarre, subiendo torpemente los escalones; sus pies se tambalean y enredan en cada paso. Camino detrás de ella, con los brazos rígidos esperando el momento donde cae. Al subir el último peldaño se tambalea, cayéndose hacia atrás. Emma chilla y deja que su cuerpo siga la trayectoria de la gravedad, alcanzo sujetar su cintura antes que toque el suelo. Los dedos se envuelven en la suave y blanda carne, la rodeo con firmeza avanzando los últimos pasos hacia su puerta; permanece con los ojos cerrados todo el camino, esperando aún la caída.
—Las llaves—pido, ella saca pecho, no entiendo que quiere decir—Emma, pequeña, necesito las llaves ¿Dónde las tienes?
—Acá—señala su pecho. Joder mañana amanezco muerto si llego a cogerlas y si se acuerda de lo sucedido.
— ¿Puedes dármelas? —indagó colocándola sobre sus pies, pero ella niega y saca una vez más el pecho, suspiro rindiéndome.
Emma niega mirándome con una sonrisa burlona, su rostro se encuentra colorado. Vuelvo a insistir obteniendo la misma respuesta; continuamos en el mismo vaivén durante unos cuantos minutos. Ella, negando con una sonrisa perversa en sus labios y una mirada brillante en los ojos, está esperando algo de todo esto.
Suspiro enderezando los hombros, Emma se estremecen por el frío que nos rodea, y la nieve que se cuela por la entrada del conjunto de hoteles. Miro una vez más la puerta, el pecho de la castaña, los ojos azules y el movimiento continuo de ella. No hay otra cosa, la cual pueda hacer.
—Permiso—susurro metiendo la mano entre sus senos, sacando la llave de ellos. No pienses en nada pervertido, Callum Kane, no mires ahí, no toques nada. Repito como un mantra sacando las llaves—vamos.
Ella se resiste a alejarse de mis brazos, libero una mano cómo puedo, abriendo la puerta; Emma se nota feliz al ver la habitación donde se está quedando, entra con seguridad y me hace una señal para qué la sigue. La castaña camina hacia el sofá rojo, dejando caer los zapatos en el piso y desordenado aún más el cabello.
—Ven acá, fastidioso—ordena palmeando el puesto a su lado. Camino hacia ella, acortando la distancia, sentándome a su lado con duda y escepticismo.
— ¿Qué deseas? —pregunto manteniendo el cuerpo recto, apuntando a la pared. Sin centrarme completamente en ella; en sus ojos brillos y labios abiertos.
Emma se mantiene en silencio y quieta, inclino ligeramente la cabeza hacia el lado derecho, mirándola por el rabillo del ojo. Los ojos azules me reciben abiertos y expectantes, sus manos juegan entre sí, dando vueltas a los dedos. Cuando se da cuenta de que toda mi atención está sobre ella, sonríe como el gato de Alice. Astuta e intrigante. Se echa hacia delante acortando la distancia que nos separa, una de sus manos se posa en mi antebrazo y el otro en el centro de mi pecho, a pocos centímetros del corazón. El cual me late con fuerza, desbocado y frenético.
—Emma—susurro en un hilo de voz, ella se mueve aún más cerca, sus piernas se abren; la falda sube y mi mirada está sobre ella.
Se coloca sobre las rodillas, apoyado ambas manos en mi pecho; ejerce fuerza echándome hacia atrás, apoyando mi espalda en el respaldo del sofá. Mi cuerpo cede ante sus movimientos, esperando con impaciencia, la próxima jugada de la castaña. Ella sonríe como un felino, listo para atacar y dejar a su presa fuera de combate. Sus labios se curvan hacia arriba por pocos segundos, antes que estos desciendan sobre mí boca, apoderándose de los míos y guiándome a una danza sensual y primitiva.
No lucho por el control o por demostrar quién es el dominante. Solo dejó que ella guíe esto que está sucediendo. Enrollo las manos en su cintura con desesperación, cuando su entrepierna cae en la mía; piernas abiertas y falda hasta arriba, mostrando las bragas de encaje n***o. Un gemido ronco se escapa de los labios de Emma, causado por el movimiento de sus caderas moliéndose contra mi regazo.
El vaivén es primitivo, necesitado y necesario. Deslizó pocas pulgadas las manos hacia abajo, rozando el comienzo de su trasero y controlando los frenéticos movimientos de sus caderas. Guiándola a un ritmo lento, pero igual de devastador.
—Fastidioso—gime echando la cabeza hacia atrás. Aún en un momento como este, mi nombre no sale de sus labios.
—Emma—respondo a su gemido, apoderándome una vez más de sus labios. Ella lo recibe con ansiedad, convirtiendo ese primer toque suave, en algo brusco y salvaje. Llegando al punto de ser doloroso, pero fascinante.
Clava las uñas en el abdomen, tirando de la camisa hacia arriba; sus dientes siguen el camino de sus dedos y muerden mi labio inferior. Sacándome una minúscula gota de sangre. La camisa sale de mi cuerpo, al mismo tiempo que su mano baja más cerca del pantalón y emprendo un camino de besos por su mandíbula y cuello.
—Despacio—murmuró deteniendo una de sus manos, la cual estaba a punto de colarse dentro de mis jeans. Ella protesta, pero silencio sus bufidos con un beso ligero, sus ojos azules se encuentran dilatados por el deseo y la necesidad, pero hago acopio de todo mi control para detener esto que está sucediendo.
Ambos hemos bebido, ella no se encuentra en sus facultades. Emma intenta volver a escabullir una mano dentro del jeans, acariciar mi pene erecto y mandar al diablo el poco control que aún me queda. Pero antes que todo eso suceda, ella se agita y vomita.
—Mierda, Emma—masculle sujetando su cabello, esperando que deje de temblar e ignoro la sensación del vómito sobre mí.
—Callum—gimoteo sin fuerza, sus ojos ahora se encuentran opacos y quebradizo.
—Todo estará bien—prometo dejándola a un lado en el sofá, agarrándose a mi camisa, la cual hace unos segundos habíamos quitado.
Me levantó del sofá como puedo, evitando que el vómito llegue a otros lados. Busco a tientas un lugar donde limpiarme y conseguir algo para botar todo el desastre que hicimos. Doy profundas exhalaciones e inhalaciones, tratando de no desesperarme por la suciedad, el desorden y el vómito en mi piel. Un poco de limpieza lo arreglara todo.