—¡Debes estar loca! —¡Claro que no!. —¡Estás actuando como una! Quizá sí, estaba actuando como una boba e inmadura chiquilla loca. —¡Quizá nos debamos una noche solos, separados, Alex!. —Aclaré con un nudo en mi garganta. —Hasta los mejores amantes necesitan un tiempo de soledad. —¡Nosotros nos hemos dado un año, Bauer! ¡Un año de soledad! La discusión se estaba saliendo de nuestras manos. —¿Y? —¿Cómo qué «¿Y?»? ¡Ya estuvimos mucho tiempo separados! —Quizá necesitamos un par de horas más. Tomé del cuarto una frazada por si hacia frío, una almohada y mi albornoz y antes de salir azotando la puerta, tomé unas pantuflas de Kung fu panda y el peluche de Doraemon de mi bebé, el cuál tenía su olor, puesto que siempre dormía con él cuando estábamos en el cuarto del restaurante

