Mario Benedetti, sin duda mi poeta favorito en el mundo, dijo que le gustaba la gente que era capaz de comprender que «El mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza, aquello que no sale del corazón». Yo ya no podía sacarlo de mi corazón. El tipo insufrible que me había derramado el café encima, que me había embarazado en una sola sentada y que me había robado el corazón y la mente, ahora era imborrable también de mi piel y de cada parte de mí. Ese sujeto del que había aprendido todo y al que amé como loca desde que lo vi, era el mismo que no paraba de hacerme reír con sus confesiones, mientras acariciaba mi espalda con su índice y me apretaba a su pecho. —Soy alérgico a la mantequilla de maní, de pequeño sufrí de agorafobia, casi siempre que iba a salir con una chica

