Capítulo 16. Pequeño secreto.

1845 Palabras
Comencé a adentrarme devuelta al bosque, concentrada, pensativa, considerando todas las posibilidades que debería ser contempladas ante los posibles escenarios que podrían presentarse, cuando el murmullo de las plantas a mi alrededor comenzaron a llamar mi atención, querían decirme algo y yo debía aprender a escucharlas, deje que el susurro de las hojas llenara mis oídos, “se acerca el príncipe” decían suavemente en mi oído, baje el ritmo de mi paso, permitiéndole alcanzarme. Pronto escuche sus pasos aplastando la h****a en una carrera que luchaba contra la obscuridad reinante de una noche cerrada, la luz de la luna no atravesaba las frondosas copas de los árboles y si no conocías este bosque era fácil perderse dentro, sin embargo, de alguna forma sabía que el lograría encontrarme, sabría a donde me había dirigido sin necesidad de ser guiado, por lo que sin detener por completo mi paso lo escuche llegar hasta donde estaba, sabía que una parte de mi estaba molesta con él, mientras que la otra quería disfrutar cada segundo robado entre sus brazos. Con un fuerte suspiro detuve mi andar cuando lo sentí a menos de un metro de mi, dándole aún la espalda y luchando por mantenerla erguida y firme, aveces ser una p***a era difícil, pero por alguna extraña razón me estaba resultando más sencillo de lo que esperaba, no estaba dispuesta a voltear hasta escuchar lo que sea que tuviera que decir, aún si me había seguido, defender a su padre me había lastimado más de lo que estaría dispuesta a aceptar. -Morgana- Mi espalda se tensó aún más al oírlo pronunciar ese nombre, de alguna forma me había acostumbrado a escuchar mi propio nombre en sus labios, ahora me resultaba difícil aceptar que a la que él amaba, en realidad no era yo, disimuladamente limpié la lagrima que comenzaba a bajar por mi mejilla. -¿Si su alteza?- Contesté en un tono más seco y frío de lo que pretendía. Escuche su pesado suspiro, lo sentí acercarse más a mi, distinguí a la perfección su mano entrelazando sus dedos con los míos y claramente pude escuchar cuando se puso de rodillas, las hierbas tronaban debajo de él rompiendo el silencio que nos rodeaba. -¿Qué puedo hacer para conseguir tu perdón?- Preguntó desorientandome tanto que me obligue a voltear a verlo directo a sus implorantes ojos. -Debí hacer más para defenderte, después me di cuenta de como se había visto el que no moviera un dedo por ti mientras que me apresuré a evitar que mataras a mi padre, es una venganza que has buscado por mucho tiempo y no debí evitar que la tomaras, es una revancha que mereces, pero sabía que si lo hacías en ese momento solo le estarías dando motivos a todos los reyes presentes para cazarte sin descanso hasta el final de los tiempos y mi amada, tú mereces más que eso, mereces tu final feliz Morgana, ya sea a mi lado o siguiendo tu propio camino, mereces ser feliz, sin embargo ahora, has demostrado tu bondad al permitir a tus antiguos enemigos buscar refugio bajo tu manto, ahora ellos notarán quien es el villano real en esta historia mal contada. -Ponte de pie William- Mi voz se había suavizado mucho mas y lo veía fijamente a los ojos, esperé hasta que estuvo otra vez de pie frente a mi y sin dudarlo ni un segundo, acerque mis labios a los suyos, lo besé con desesperación y anhelo, lo sentí sorprenderse por un segundo y pronto respondió a mi beso con las mismas ansias, mi cuerpo poco a poco cambio, hasta dejarme casi en mi forma real, mi apariencia humana, no sabía porque pero quizá eso seguía los deseos de mi corazón, que me viera a mi, que me amara a mi, aunque no fuera tan hermosa como Morgana, quería que el me amara como Hanna y como nadie mas. -Lo sabía, siempre entendí tus intensiones, pero no pude evitar que me doliera.- Le dije entre susurros cuando dejamos de besarnos en busca de un poco de aire. -Esta bien amor mío, nunca quise ponerte en peligro y lamento que terminara mal nuestra noche.- Me observo fijamente a los ojos y sonrió con sinceridad. -Espero que no te ofenda reina mía, pero esta apariencia me gusta más, la dulzura de tu mirada y la perfección de tu rostro quedan mejor con tu cálida y deslumbrante personalidad. Me reí ante su comentario, de alguna forma me hacía intensamente feliz lo que decía, aún así si un paso atrás sin soltar su mano. -Si lo que quieres es mi perdón, deberás seguirme llamando Hanna, es mi nombre real,- guardé silencio y solo lo vi asentir con un brillo nuevo en la mirada -¿así que será nuestro pequeño secreto esta bien? -Me siento honrado amor mío.- Me regalo un rápido beso en los labios. -Bien,- dije suspirando -el amanecer no tardará mucho más en llegar, y los hombres de tu padre se tornarán más agresivos una vez que eso suceda, por lo que será mejor que preparemos la defensiva desde todos los ángulos. -Sera un reto, es un área abierta muy amplia, hay demasiadas posibles entradas y envalentonados con el peligro que corrió su rey podrán actuar más agresivos que antes. Por alguna razón me sentí en llamas al verlo en su actitud de general, me parecía realmente muy atractivo y le sonreí de lado, alegre de tenerlo junto a mi. -Descuida, por si lo habías olvidado este es un bosque mágico y tengo pleno control sobre lo que en el ocurre, por lo que lo principal es atraerlos lo más adentro de mis territorios posible, llevarlos hasta un terreno en que les sea imposible contar con ninguna ventaja. Había reanudado mi paso mientras hablábamos, estaba cerca del punto que estábamos buscando, el gran árbol de la vida, el punto central del bosque, el árbol mágico más grande de la tierra que se encontraba escondido en lo más profundo del territorio, su tronco se alzaba por encima de los demás árboles por al menos treinta metros, y en su tronco se podía notar un gigantesco hoyo con forma de un portal, por ahí se encontraba el acceso a la tierra Fairy, lugar donde habitaban los elfos y las hadas, me acerqué tomando su mano hasta posar mi mano libre sobre la rugosa corteza del antiguo gigante, una luz salió de mi mano comunicándome con aquel que era el corazón del bosque, siguiendo mi petición, una enorme rama bajo hasta el piso, lo suficientemente ancha para cargarnos a ambos. -Ahora subiremos, quiero que veas esto.- Aunque al principio se veía dudoso y algo asustado, solo apretó más mi mano y me siguió hasta la rama. Debo admitir que me sentía impresionada con la entereza que mantuvo mientras subíamos a cierta velocidad de pie sobre una rama hasta la cima del árbol, incluso yo sentí algo de vértigo al notar lo alto que estábamos, la luz de la luna iluminaba brillante y hermosa a esta altura, podía ver hasta el castillo y las luces del pueblo a la distancia, el estar tan alto nos daba una perspectiva completa del territorio. -Nunca antes había notado el inmenso árbol que se alzaba por encima del resto del bosque.- Dijo impresionado. -Eso es porque este árbol no es para los ojos humanos normales, nadie que no sea digno podrá jamás saber de su existencia, y solo el árbol decide quien lo ve y quien no.- Mencione orgullosa de que nos hubiese considerado a ambos el honor de su confianza. -Me siento profundamente honrado por el honor que ambos me han concedido.- Dijo viendo en dirección al árbol, provocando un ligero movimiento de las hojas, como si el aire hubiese alborotado las ramas. Solté una feliz risilla imitando al árbol que sabía si fuese humano se habría sonrojado, mi príncipe era más apuesto de lo que jamás había imaginado, lo admiré por unos segundos, el como la luz de la luna perfilaba sus perfectas y masculinas facciones, el brillo que despedía de su cabellera y desee poder solo disfrutar de su calor y compañía, pero no era el momento de hacerlo. -Quiero que veas esto, no será del todo sencillo, pero creo que creará las condiciones óptimas para poder llevar acabo un ataque defensivo adecuado.- Me dio un rápido beso en la frente y retrocedió un paso, con la mirada de un niño en navidad, creo que le gustaba mi magia más que cualquier otra cosa, parecía fascinado con poder ver un poco más. Me sentía animada e inspirada, quería impresionarlo si, pero más que nada quería crear la barrera perfecta que me permitiera protegerlo, proteger a mis pequeñas amigas y a todas las criaturas que ahora mismo se preparaban para defender sus hogares. Me paré hasta el final de la rama, dejando mi cuerpo por completo fuera de la protección del árbol y cerré los ojos, respiré para calmar mi cuerpo y extendí las manos, invoqué tanto el poder de Morgana, del bosque, como el de sus ancestros, magia recorría cada rincón del lugar y llegaba hasta mi cuerpo, y con el nuevo poder recorriendo cada nervio en mi, me enfoqué en espesar la niebla, poco a poco cada centímetro se llenó de un espeso vapor blanco, dejando solo un pequeño sendero del ancho suficiente para que solo dos personas pudiesen caminar por ahí a la vez, que zigzagueaba a través de un camino inventado, que daba vueltas y vueltas sin dirigir hacia ningún lugar en realidad, hasta terminar en un claro con tamaño suficiente para no más de veinte personas. -Mi padre sabrá que es una trampa.- Murmuro pensativo. -Exacto, lo sé y aún así obligará a sus compañeros a adentrarse en lo que claramente los llevará a una muerte segura, pero la niebla es demasiado espesa para atravesarla y demasiado húmeda para intentar iniciar un incendio. Si quiere tomar lo que me pertenece y cazarme, deberá entrar y arriesgarse, es demasiado egolatra para no intentarlo y esta lo suficientemente desesperado para arriesgarse, lo haré caer por su propio peso, y sin llevarme ninguna vida de manera innecesaria, de esa forma solo el mostrara de lo que es capaz por su ambición y…- Me detuve dudosa. -¿Y?- Preguntó él curioso. -Y tu no me odiaras por matar a tu gente en una guerra que no les correspondía. Sonrió con cierta tristeza al escucharme hablar, se acerco hasta mi y me tomo entre sus brazos. -Creo que en realidad no podría odiarte ni aunque tú hubieses cometido todos los crímenes de los que se te acusa, porque se que habrían tenido una razón de ser. Me reí quedamente contra su hombro, permitiéndome disfrutar de unos minutos más de tranquilidad, sintiendo el frío aumentar poco a poco, marcando el inicio del amanecer, cuando una fuerte trompeta irrumpió en el pacifico momento, esa era una trompeta de guerra que sonaba desde el castillo, ambos volteamos a ver en dirección de lo que marcaría el inicio del final.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR