Una vez que tocamos el piso, un ligero tremor recorrió el suelo bajo nuestros pies, anunciando a un ejército dirigiéndose a la puerta a nuestra espalda, sentí como el alivio recorría mi columna vertebral cuando vi el gran portal del árbol abrirse, dejándonos ver a cientos de soldados faes caminando orgullosos hacia nosotros, algunos a pie y otros montando imponentes unicornios.
-Mi ejército está a su disposición su majestad.- Dijo el joven príncipe fae desmontando a su fiel corcel y dedicándome una ligera reverencia cuando llegó hasta mi.
-Muchas gracias por venir.- Sin poder evitarlo le di un fuerte abrazo agradecida al verme respaldada por más de tres centenares de soldados dispuestos y altamente entrenados, sin embargo, un carraspeo a mi espalda me hizo notar que me encontraba siendo abrazada por otro príncipe frente al mío.
-¿Que hace ese humano aquí?- Elion observaba con recelo y disgusto al celoso príncipe a mi espalda.
-Ellos son aliados Alteza Elion- recuperando la compostura comencé a explicar mientras observaba a los soldados acomodarse de forma ordenada a nuestro alrededor -él dirigió a un grupo de su gente hasta nuestras puertas pidiendo asilo ya que finalmente el rey falso perdió el juicio y trató de asesinar a su propio hijo.
-Su Majestad, esto podría ser una trampa, realmente no consideró que mostrarle la puerta de nuestros reinos a un forastero sea una buena idea.- Continuó con hostilidad.
-¿Acaso estás dudando no solo de mi propio juicio, sino además del juicio del corazón del bosque? ¿Aquellos que han protegido a tu gente todos estos años de la guerra y la destrucción?- Repliqué molesta.
-Para nada majestad, yo solo…- soltando un fuerte y apenumbrado suspiro se calmó y tomó mi mano mientras me observaba fijamente -me preocupo por su seguridad, lamentó si mi preocupación me hizo decir algo inadecuado.
Sin poder soportarlo ni un segundo más William se acercó hasta mi y me abrazo por la cadera, acercando mi cuerpo al suyo hasta que mi espalda tocó su pecho, provocando gruñidos del joven príncipe Elion.
-Ella estará segura, jamás permitiré que algo malo le ocurra.- Dijo mi amado arrancándome una sonrisa, pero provocando aún más gruñidos del príncipe contrario.
-Escuchen bien, no es momento para esto.- Hable con firmeza deteniendo el confrontamiento. -Por el momento tenemos cosas más importantes de las cuales ocuparnos, por lo tanto, Elion necesito que repartas de inmediato a todos tus soldados, manda a la mitad a custodiar los bordes de la trampa que he preparado, la otra mitad repártelos entre las frontera más cercanas y la protección de este árbol, en el peor de los casos, serán los encargados de sellar la puerta y separar nuestros mundos de manera definitiva.
-Majestad yo…- Comenzó a discutirme con mirada preocupada.
-No es una pregunta, esta es una orden de tu soberana, si yo caigo, protegeré tu reino con mi último suspiro Elion, esa es mi responsabilidad, solo les pediré a cambio que se lleven con ustedes a todas las criaturas mágicas posibles, necesito saber que todos mis amados niños estarán protegidos si no logro completar mi misión.- Tuve el placer de verlo cuadrarse frente a mi, listo para cumplir con su misión, lleno de admiración y convicción.
-Asi se hará Majestad, pero lucharemos por usted hasta que nuestro corazón deje de latir, no dejaremos que nada le ocurra.- Respondió como un fiel soldado, justo antes de endulzar su mirada y tomar nuevamente mi mano. -Pero no te atrevas a pedirme que te deje atrás Morgana, si tú caes, lo haremos juntos, es lo mínimo que te debo y para mi sería un honor morir a tu lado.
Sonriendo toque su rostro con mi mano libre y me acerque a darle un beso en la frente mientras sentía la reticencia de William a dejarme acercar al joven frente a mi.
-Luchemos para que ambos salgamos vivos y victoriosos de esta batalla y podamos ser los protagonistas de nuestras propias historias ¿de acuerdo?- Le sonreí tiernamente, si lograba salir de aquí con vida me encargaría de escribirle una hermosa historia a este joven príncipe.
-Asi se hará su majestad Morgana.- Respondió Justo antes de alejarse para empezar a dar órdenes su gente, con el fin de seguir mis instrucciones.
Rápidamente me aleje para transmitir a través de la magia del bosque que había llegado el momento de la evacuación, ordenando a toda criatura que fuera demasiado pequeña, vieja o enferma para que se dirigiera hasta el gran árbol y atravesara el portón a un lugar seguro hasta he el conflicto terminará. En pocos minutos cientos de pequeña y grandes criaturas se encontraban evacuando sus hogares, realmente confiaban en Morgana y su poder para protegerlos, todos se fueron sin dudarlo, las crías solo recibían algunos lengüetazos o ligeros empujones de sus progenitores como despedida, me resultaba tierno y aterrador, el como confiaban sus vidas y las de su progenie en mis manos, debía lograr ganar esto sin derramamiento de sangre innecesario.
Dejando atrás la evacuación me dirigí de la mano de mi príncipe y custodiados por dos decenas de soldados hasta la frontera con el castillo humano, donde poco a poco se habían reunido cada vez más humanos, el descontento general y la sed de sangre eran cada vez más palpable del grupo ahí reunido, por lo ir debía asegurarme que la cosas salieran de acuerdo al plan.
Se alcanzaba a ver la intensa luz de las cientos y cientos de antorchas en las manos de los aldeanos furibundos que se aglomeraban en los alrededores del bosque, habían algunos soldados entre ellos, pero no eran ni de lejos la cantidad que habría esperado en una situación así.
-¡Ese demonio del mal ha embrujado a su príncipe y provocado una ruptura en el reino generando una división entre nosotros y nuestros aliados, arranchándonos a nuestros propios hijos y llevándolos a la traición!- Se escuchaba la potente voz del rey caldeando los ánimos entre la gente de su pueblo. -¡Debemos quemar todo este horrible bosque hasta encontrar y destruír a su fuente del mal para quitar el hechizo que puso entre nuestros jóvenes! ¡Ahora mi amado pueblo ayúdenme a destruir todo el lugar para recuperar a mi amado hijo!
Una parte de mi se quería reír ante tal discurso, sospechaba que intentaría algo drástico, pero convocar a todo el pueblo y traerlos con aún sus ropas de cama hasta mi casa para tratar de quemarme viva, bueno eso era nuevo, sabía que no mataría gente inocente aún si está me odiaba, por lo que según su idea, yo estaría en desventaja, pero, sonriendo cruelmente me dispuse a demostrarle su error.
Di un paso adelante justo cuando decenas de antorchas comenzaron a rozar los árboles de la linde del bosque, pero, William me detuvo jalándome hacia atrás y tomando mi rostro entre sus manos.
-Es mi momento de protegerte cariño mío.- Me dijo dedicándome un rápido beso sobre los labios.
-De ninguna forma dejare que te enfrentes solo a ese loco y a una horda enardecida que cree que te hice algo para que te quedarás a mi lado.- Me sentí aterrada y triste, no quería que nada malo le pasara.
-Estaré bien amor mío, confía en mi por favor, déjame demostrarte que puedo manejarlo, yo conozco a esas personas, ellos me escucharán y lograré evitar que tanto ellos se pongan en peligro, como que pongan en peligro al bosque.- Sonreí al ver su mirada suplicante, me estaba pidiendo un voto de fe que sabía en mi corazón, el necesitaba.
-William- por un segundo la duda, tristeza y preocupación brillaron en su mirada al escuchar mi tono, -antes de que hagas esto quiero que sepas una cosa,- la profunda voz del rey se seguía escuchando de fondo pero ninguno de los dos le prestaba atención, sabía que intentaban quemar el bosque, pero las antorchas se apagan incluso antes de tocar ni un árbol, y la alegría volvía a los ojos de mi amado mientras tomaba su mano y la llevaba hasta mi corazón y fijaba mi mirada en la suya. -Tú no tienes que probar nada ante mi, te he amado por más tiempo del que podrías creer, te conozco como nadie nunca lo ha hecho y confiaría mi vida en tus manos sin dudarlo, solo te imploro que tengas cuidado allá afuera que sin ti, mi vida perdería sentido,- tome su rostro y lo bese apasionadamente, dejando que su impronta penetrara en mi alma, -ayúdame a lograr un final feliz para esta historia amor mío.
-Gracias.- Me dijo con los ojos brillosos por las lágrimas no derramadas. -Lograremos tener el final feliz que merecemos reina mía, te lo prometo.
-Te cuidare las espaldas.- Dije antes de dar un paso atrás y dejar que el tomara la iniciativa de salir de la protección del bosque para enfrentarse a su padre.