Capitulo 16: Un odontólogo

1315 Palabras
Rondaban las doce del medio día, el hambre desordenaba mis pensamientos, pero aun así aguardaba con desesperación a mi bella acompañante. La mujer de curvas perfectas, que conocí en la fiesta de cumpleaños de uno de mis colegas. Media hora transcurrió lentamente, hasta que después de mucho esperar, un mensaje decepcionante llegó a mi celular “Lo siento, ocurrió algo, no creo que pueda ir. Te lo compensaré luego” Terminó la frase con un emoji coqueto. Rasqué mi cabeza exasperado por la repentina y brusca cancelación. Me repuse rápidamente y llamé al mesero, pero enseguida otro hombre del establecimiento se acercó hacia mí. —disculpe señor. ¿Le molestaría compartir su mesa con una dama? En este momento nuestro establecimiento está completo, sin embargo, una de nuestras clientes frecuentes, nos ha sorprendido con su visita, está bien si… Una sonrisa inevitable se dibujó en mi rostro, francamente no logré esconder mi emoción, así que interrumpí con sagacidad —¿Una señorita? Por supuesto que sí, un caballero como yo no puede hacer la vista gorda ante esta situación. Estaría encantado de compartir la mesa, hazla pasar enseguida, no es bueno hacer esperar a una dama. Oh, y tráenos pronto el menú. Hoy disfrutaré de un almuerzo maravilloso. El tipo se marchó complaciente, debía de ser una mujer adinerada, un cliente VIP, este establecimiento era un conocido lugar entre ejecutivos y personas de la alta sociedad. Habían pasado dos días desde la declaración de reconquista del médico a la psicóloga. Ana se sentía indiferente frente a la fecha de la primera cita que se acercaba, el cual se realizaría el fin de semana. Teniendo una mañana bastante ajetreada, condujo por sí misma a su restaurante favorito, pero para su mala suerte cuando llegó sin reservación, se encontró con que no había algún lugar disponible. Esperó alrededor de seis minutos en la recepción, cuando el jefe de meseros regresó agitado. — Señorita Ana, uno de nuestros clientes que se halla solo, ha aceptado compartir la mesa. ¿Está usted de acuerdo? La presidenta del gran conglomerado se encontraba exhausta y debía regresar pronto a la empresa, a sí que ni siquiera lo pensó. —Bien. Siendo sumamente cuidadoso el jefe de comedor la guío. Ana visualizó desde lejos aún chico de camisa manga larga, de líneas. No obstante, no pudo ver demasiado, pues este permanecía con la cabeza baja tecleando su celular. —Por favor señorita. Habló el mozo deslizando la silla con pulcritud. La arrogante empresaria caminó con elegancia y se sentó. Ni bien los escuchó, José levantó la mirada con júbilo Solo para encontrarse con una muchacha de cara fría, que no dudo en arrugar su frente al percatarse de su presencia. — ... ... ... Sentados uno al lado del otro, sentí caer mi mandíbula, ¿pero qué clase de día era hoy? Me dejaron plantado y ahora estoy sentado con la exnovia de mi primo. Tal vez ha llegado el momento de pagar por todas mis malas acciones. Raspé la garganta buscando mostrarme tranquilo, la mujer ante mí, me observaba con incredulidad. —He perdido el apetito. Expresé con sinceridad. Pero causa de mi honestidad fui atacado en respuesta. —¿Es así? Pues yo ahora tengo mucha más hambre. Exclamó la chica frente a mí, azotando con fuerza el menú sobre la mesa. Sonó de manera tan brusca que incluso él refinado mesero se sacudió. —Ahora entiendo por qué aún después de tanto tiempo sigues sin pareja. Solo un tonto médico como mi primo podría aguantarte. —Puff jajaja es curioso que lo diga, el hombre a quien una chica lo ha dejado burlado esperando. No le tomó ni un segundo darse cuenta de mi situación, bueno, he de admitir que me conocía a la perfección. —Al menos soy un adulto que enfrenta sus problemas solo y no con ayuda de su familia. Ya sabes, no juego injustamente un tres contra uno. Respondí un tanto molesto, en ese momento me dejé llevar por el instinto y las emociones. Pero fue ahí cuando la verdadera guerra comenzó. — Entiendo, lo dices por el encuentro que tuvieron mi madre y mi hermano con Sebastián. Pero no te hagas una idea equivocada, puedo ganar sin conformar un equipo. ¿Quieres verlo? Me instó sin miedo, para luego deslizar su tacón suavemente sobre uno de mis zapatos… sí, para después pisar tan fuerte mi pie con aquella filosa punta. —¡Carajo! Reclamé con dolor ¡Mierda!, casi que me tuve que levantar de inmediato, pero mi orgullo me lo impidió. —Señor ¿se encuentra bien? ¡Ja! El sujeto de verdad no sabía nada de lo que estaba pasando por debajo de la mesa. —Sí, ... Tráeme el plato especial de hoy. —¿señorita? Una mueca se burló, y comentó con gusto. —Quiero lo mismo, el plato especial de hoy… Cuando el mozo al fin se marchó, perdí los estribos y exigí. — No me montes este tipo de escenas de pareja divorciada. ¿No eras tú quien solía decir que el diálogo era la mejor forma de arreglar los problemas.? —Creo que he sido más que paciente contigo. —¿qué? ¿De qué estás hablando? Un semblante riguroso y áspero me devolvió él reclamo —José, te lo estoy diciendo ahora, no vuelvas a interferir en mi relación con Sebastián. Si me vuelves a provocar mandando otro estúpido ramo de flores en su nombre, haré que tu rostro esté en todos los periódicos, “como el mujeriego público de la nación” Este último mensaje lo acentuó con severidad. — Vaya, siempre he querido ver mi perfecta cara en las noticias, si me vas a hacer tan grande favor, tendré que devolver tu generosidad. Empecé a cuestionarme si de verdad fue buena idea motivar a mi amigo para reconquistarla, supongo que no mintió cuando dijo que en ella hay un claro dolor que arde con fuerza en su corazón. Con mi sarcástica respuesta, se levantó, sin esperar que la comida llegara a nuestra mesa —Te lo he advertido José. No querrás dañar tu reputación, ni la de tus padres. Ratificó su amenaza antes de irse. — Cementerio central, Tumba *** Lote.* Suspiré cansado. Mientras ella se detuvo brevemente con curiosidad ante lo escuchado, pero no se volvió hacia mí para preguntar, simplemente siguió su camino. Bueno, creo que he hecho mi parte, sea que esos dos vuelvan o no, no hay nada más que pueda hacer. . . . Cinco años atrás 08:00 pm Sala de pediatría oncológica —Gracias por quedarte ayudar, estoy segura de que a los niños les encantara. Una joven con el cabello largo y suelto reía sin parar. Un aura de dulzura, amabilidad y fortaleza la envolvían. A su lado, un muchacho con bata blanca sostenía su mano con delicadeza. No dejaban de mirarse uno al otro, completamente embelesados en sí mismos. Colgando la pancarta que decía “Feliz día del niño” Un novato odontólogo contemplaba la escena. —¡oigan ustedes dos! ¿Qué piensan que hacen? Ana, si vas a agradecerle a alguien, agradéceme a mí, soy yo quien ha venido ayudar, aunque hoy no era mi turno. ¡Si van a coquetear háganlo en otro lado, porque están haciendo eso frente a mí, soy un alma inocente!! Los dos enamorados se echan a reír, pero el animado dentista se acerca a ellos con sagacidad y saca de su pantalón una caja de Maicena, y arrojando la harina blanca sobre ellos se echa a correr. Reaccionando un poco tarde, Sebastián y Ana salen a perseguirlo juntos, sin soltar sus manos. Es a sí que la sala comienza a llenarse de alegría y fulgor, sin haber dado inicio la celebración. . . . En aquel entonces os envidié, pero ahora es decepcionante como se ven. ... Continuará...
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