Capitulo 17: Sensatez

1161 Palabras
Sábado 08:00 de la noche La primera persona en seleccionar el sitio de la primera cita fue Ana, pero sin lugar a duda fue contradictorio y difícil para Sebastián aceptar la zona de la reunión. Consideraba que un padre de familia como él, no debería asistir a estos lugares. Apenas y logró escapar del hospital, y tuvo que hacer un difícil intercambio con su colega de cardiología para conseguir que cubriera su turno, que iba casi hasta la media noche. Y aunque tomó una ducha, el olor a desinfectante típico de los entornos clínicos no desaparecía de sus fosas nasales, sentía que ese aroma se había pegado a sus huesos, como una fragancia pesada que lo acompañaba siempre. Abriéndose paso por la gran multitud del distrito, el médico logró encontrarla entre la gente. La esbelta mujer de falda elegante con pretina alta, sobresalía con luz propia. Los dos individuos, con un elevado sentido de la puntualidad, costumbre de su rutina de trabajo, se presentaron a las ocho y quince minutos, hora acordada del primer encuentro, y en el lugar de la primera cita “un bar”. Atónito y un poco perdido, el traumatólogo admiró el lounge bar, que resultó ser muy diferente al prospecto de su imaginación. Bajó un ambiente nocturno ingresaron transportados a una atmosfera sofisticada y serena. Y alejados de las caóticas calles se sumergieron en un espacio arreglado con muebles de calidad, en ese preciso instante personal uniformado los dirigió a un patio al aire libre, con pocos clientes que disfrutaban de selectas bebidas. El entorno estaba rodeado de un aura encantadora con plantas exóticas y elementos decorativos que creaban un ambiente excepcional. Una botella de vino blanco de la región francesa fue servida cuidadosamente, en señal de bienvenida a los distinguidos invitados. A una distancia prudente los empleados esperaban atentos las órdenes de los usuarios. Con una chamarra fina de cuello alto y sin la aplicación de cera o fijador en el cabello, Ana pudo notar las finas hebras que se deslizaban seductoramente sobre el hombre, así como las diminutas gotas de agua que rezumaban sobre su cuello. Desde luego, no tuvo mucho tiempo para arreglarse, venía directo del trabajo. —¿Cómo estuvo tu día? —bien. Los minutos pasaban silenciosamente sin formarse una conversación entretenida. El joven doctor lo intentaba perseverantemente, pero la charla seguía sin fluir. Al final las cosas se reducían a consultas sin importancia y a recibir respuestas simples. —Su atención, por favor. Daremos inició al concurso de bebidas. Quienes deseen participar, nuestro personal se acercará a sus respectivas mesas. Unirse es muy sencillo, solo deben responder el cuestionario de preguntas de cultura general. Las reglas son aún más fáciles, por cada error deberán tomar una copa del licor del Whisky seleccionado. Por otra parte, los ganadores con mayores aciertos recibirán dos pases exclusivos para el gran concierto del actor y cantante Lexfive. Presuroso, Sebastián levantó la mano, en medio de la desesperación, no deseaba que esta primera cita fallara. —Parece interesante. ¿Quieres hacerlo? La antigua psicóloga parpadeó lentamente. Y movió su cuello con soltura. —de acuerdo... La dama que confiaba en sus conocimientos, no creía que fuera a perder en tan estúpido juego. —Comenzaremos ahora, quienes sepan la respuesta levanten la tarjeta roja que les ha sido entregada. Pronunció el anfitrión con alegría, seguido de los aplausos y él jubiló de los presentes. ¿Nombre del físico que postulo la teoría del Big Bang? El clínico era el portador de la ficha; sin embargo, la mantuvo fuertemente apretada bajo sus manos, sin levantarla. La arrogante Ceo le dio una mirada intensa y penetrante, pero no mencionó nada. A la tercera pregunta ¿Quién fue el creador del estetoscopio? Sabiendo que no tenía salida, pues no había forma de que un médico no lo supiera, contestó; —Edward Jenner La melodía de un piano revoloteo hasta detenerse en un sonido plano. plop! —Eso es incorrecto señor. El traumatólogo enseguida fingió decepción diciendo con torpeza. -Vaya, ha pasado un tiempo y no lo recuerdo muy bien. Sabiendo que lo había hecho a propósito, la bella mujer no lo soportó más y cruzo sus brazos con desaprobación. —No buscas ganar, ¿lo estás haciendo a propósito verdad? ¿Acaso quieres emborracharme? Tocándose la barbilla, el chico sonrió avergonzado. —Solo quiero que podamos hablar cómodamente, y eso no parece posible estando sobrio los dos. El contacto visual se prolongó, y cuando el mesero llenó las copas, Sebastián levantó el vaso, entendiendo lo que hacía, Ana alzó el suyo. El tintineo del vidrio retumbó con frescura. El juego continúo avanzando y el verdadero desafío para la pareja no fue contestar bien las preguntas, sino fingir ignorancia cuando conocían las respuestas. Jugar a perder, Ana río en silencio ante esta nueva perspectiva. Copa tras copa la noche avanzó y el dúo que más tomó, no paraba de reír a carcajadas. El rostro sonrojado de ambos mostraba la evidencia de la ebriedad. —No voy a aceptar ese proyecto, nuuuncaaa. Anunciaba la presidenta. —¡Le diré al director que me cambié los turnos, y si no lo hace, renunciaré!! Declarando sus disgustos del trabajo, la atmósfera se transformó, en un muy animado parloteo. Parecía que la táctica del doctor realmente había funcionado. Hasta que las cosas comenzaron a salirse fuera de control. Una atrevida y joven muchacha impulsada por su grupo de amigos, se acercó; —¿Puedo tener tu número? Te me haces muy atractivo. Expresó con voz aguda y desvergonzada. Ana sintió como sus venas palpitaron, arqueó sus cejas molesta y gritó; —¿Acaso no ves que aquí hay dos adultos hablando? ¡No deberían aceptar mocosos en este lugar!! Con la respiración agitada, la estudiante universitaria se defendió. —¿Y eso qué? ¿A ti qué te importa? Pregunto su número, ¡no el tuyo! ¿O es que acaso es tu novio? Levantando nuevamente la voz, la CEO de la gran compañía de cosmeticos vociferó. —¡Pues si está a aquí a mi lado, es porque es algo mío, ya sea mi novio o mi enemigo, el hecho de que se encuentre a mi lado en este preciso momento, significa que me pertenece!! Genuinamente emocionado y cautivado el clínico también gritó —¡¡Sii, soy de ella!! Al instante la chamarra del especialista fue sujetada y tiraron de él con brusquedad. Hasta que algunos labios suaves se entrelazaron con intensidad. Un apasionado besó acalló el ambiente. El grupo de amigos, arrastró a su compañera estupefacta de nuevo a la mesa, pero no pudiendo soportar el bochorno salieron del establecimiento. En el suntuoso bar, una canción romántica silbaba como la suave brisa del aire. Era la canción con la que un día el médico había profesado su amor. Tal vez fue aquello lo que impulsó el beso, la melodía que cautivó y ahogó la sensatez de los profesionales. ... Continuará...
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