Capitulo 18:Fingir que todo está bien

1376 Palabras
Balanceándose desequilibradamente, la distinguida empresaria y el especialista de la salud abandonaron el opulento lounge bar, guardando la distancia entre sí, fingiendo que nada de lo anterior había ocurrido. —¡Te haz aprovechado! ¡Me besas y ahora simulas que nada ha pasado! Emitió con fuerza el borracho sujetó aún emocionado. De todos los errores que había cometido, este era uno del que no se arrepentía. Moviendo con desdén las manos, la embriagada dama contestó con ironía —¿quién a hecho que? ¡Tú me emborrachaste! Tú…. Desde que volviste estás actuando como un loco —eso es cierto y necesito de una psicóloga que curé esta locura. Los labios de Ana se curvaron hacia arriba, acercándose golpeo el pecho del hombre a su lado —Lo ves, tú tampoco eres tú mismo desde que apareciste. Actúas como un demente desesperado y me buscas ahora que cuatro años han pasado. No sé lo que estás pensando y tampoco entiendo que es lo que de verdad quieres. Tensando su cuerpo, Sebastián exhaló para defenderse, sin embargo, fue interrumpido. —… … … ¡Piiii! ¡Piiii! El conductor asignado estacionó en la acera pública y la bocina del automóvil continúo sonando. La joven se subió al coche, bajó la ventana y levantó el dedo índice de su mano derecha —Ya va una, y aunque te besé, no sentí nada. ¿Qué harás? Solo quedan tres citas. Al terminar de decir esto guiñó el ojo con una sonrisa sugerente. Golpeó la puerta y el vehículo de lujo avanzó con rapidez. El médico se quedó allí observando hasta que desapareció por completo de su vista. Posicionó sus dos manos sobre su cabeza y se inclinó —Realmente, realmente, me estoy volviendo loco, ni siquiera en mi juventud recuerdo haber actuado tan inmaduro. Por su parte, de camino a casa, la bella presidenta no dejaba de mover sus piernas con nerviosismo. —me estoy perdiendo... Murmuraba en el silencio del trayecto . . . Como si estuviera viviendo el sueño de toda chica ingenua, cada mañana Ana recibía mensajes de buenos días, y por la noche textos con buenos deseos. A sí mismo de vez en cuando recibía llamadas, e incluso videollamadas, las cuales a veces aceptaba y en muchas otras ocasiones las ignoraba o incluso colgaba. Era una regla no escrita, pero ya que aceptó las cuatro citas, debía enfrentar y no rechazar los intentos de comunicación del traumatólogo. Nadie manda en el corazón, Y la CEO de la gran corporación, sí que conocía muy bien esta afirmación, ella deseaba demostrar no solo a su expareja, sino a sí misma que aquel antiguo amor desapareció. Ella lucha confrontándose a sí misma, pues necesita experimentar que en realidad ya no siente nada, que aquella llama de amor se desvaneció. Toc, toc —presidenta, el señor Alonso está aquí. —Que pase. El individuo de pantalón cargo n***o, ingresó meticulosamente a la oficina. —Es un gusto conocerla. —Sí, el placer es mío, detective. Con un saludo formal y un apretón de manos, la reunión de estos dos se extendió por una hora. Incluso el agudo secretario personal de la presidenta desconocía la identidad del visitante. . . . —Código azul, habitación 67. Reproducía el sistema de alarma con reiteración. Un grupo de personas de blanco, entre ellos doctores y enfermeras, corrían presurosos por los pasillos. —Parece que la noche será caótica. Comentó el especialista de urgencias. Sebastián, un poco distante y pensativo, señaló el enorme televisor de la sala de espera. — No solo esta noche, sino las próximas. Se acercan las aclamadas elecciones presidenciales. *Reportes new sun: Informes destacan la reciente inestabilidad sísmica en el sur de la región. En otras noticias el país se prepara para las elecciones…* —¿Por qué tan pesimista doctor?Roguemos para que todo salga bien, que está jornada de votaciones sea la más tranquila de todos los tiempos. Reprendió diciendo el profesor de cirugía general. —Bien, esperemos que así sea. Terminó diciendo el apuesto joven buscando su celular que comenzó a sonar, así que se distanció de sus colegas para tomar la videollamada. —¡Papi cuando llegarás! ¡Papá quiero comer chocolate! Penetrantes vocecillas resonaban con alegría. —Pórtense bien con su Nana y cada uno obtendrá su premio. Defendió Sebastián, saludando a Claudia, la niñera personal de los mellizos. La cálida señora vigilaba desde atrás a los pequeños, que comenzaron a saltar de gozo tan pronto visualizaron a su padre en la pantalla. —Papi la maestra dijo que iremos al acuario —es cierto papá, toda la clase irá, tienes que firmar el permiso. —¡Quiero una lonchera nueva! —yo quiero mucha comida para compartir con mis amigos. Los chiquillos estaban realmente emocionados e impacientes con el paseo, que continuaron platicando durante un largo rato. El profesional asistencial atendía con devoción, pero su mente no paraba de reflexionar en las facturas de los servicios públicos, la colegiatura, el sueldo de la niñera, las deudas del banco y los diversos gastos de manutención, le hicieron palpitar dolorosamente la cabeza. A todo esto se sumaba la tarifa extra del “paseo al acuario” El joven ganaba un justo y digno sueldo en el hospital, pero toda la responsabilidad económica de la casa recaía sobre él. Nacido en una familia acomodada nunca tuvo problemas con el dinero, eso hasta que su papá falleció en un accidente de tránsito cuando él cursaba su segundo año de universidad. Después del trágico suceso, el socio de su padre acaparó toda la empresa que ambos habían construido. Otorgó una reducida compensación a la familia del doliente y se apoderó por completo de la conocida firma de despacho de arquitectos. Con esfuerzo y dedicación lograron salir adelante y el guapo chico pudo culminar sus estudios en medicina. Aun en esos momentos mantuvieron una adecuada calidad de vida. En compañía de su madre se mudaron a un nuevo distrito y a un conjunto residencial más pequeño de donde vivían. A una recién y nueva vivienda construída, sencilla pero estilizada. Invirtiendo el dinero que recibieron de la compensación, establecieron una floristería y ocasionalmente como buen estudiante universitario daba tutorías privadas a estudiantes de secundaria. Allí comenzaron de nuevo retomando un nuevo estilo de vida. Luego de la muerte de su madre, la residencia pasó a ser de él y estuvo desalojada durante un largo tiempo. Al volver a su país, luego de cuatro años, Sebastián se estableció en la misma residencia, la cual ya no podía llamar hogar, pues ya no estaba su mamá allí. No obstante, en compañía de los niños, haría nuevamente de este lugar el cálido sitio que una vez fue. Pero todo es más difícil, no tiene en quien apoyarse y es el sostén de la familia. Al igual que cuando estaba en el extranjero no tiene mucho tiempo para estar con sus hijos, sabe que ellos deben ser lo primero, pero no quiere tener más arrepentimientos, así que continúa persiguiendo a Ana pues nunca se ha olvidado de ella y la sigue amando. Los días son pesados y difíciles, los duros turnos en el hospital lo mantienen exhausto. Incluso cuando vuelve a casa los bebés ya duermen, y es tal el agotamiento que en ocasiones termina durmiendo en el sofá de la sala con la ropa puesta. Se levanta muy temprano para preparar el desayuno, los uniformes y para llevarlos a la escuela. Cuando el dinero alcanza se comunica con la ama de llaves para que le colabore con la limpieza y el lavado de la pegajosa ropa de los infantes, que en su tierna edad es como si revolotearan en los charcos, se van limpios y llegan sucios. Hay meses que el dinero no rinde a sí que el mismo debe encargarse de todo luego del trabajo. Es un padre soltero, muchas cosas son complicadas, Pero al igual que siempre finge estar bien, aunque a veces sus manos tiemblan y sus ojos se tratan de cerrar por no poder dormir adecuadamente. —¡Papá te quiero mucho! Propusieron los infantes, finalizando la llamada. Sebastián sonrió satisfecho; —Sí, yo también los quiero mucho. Buenas noches. Cuando se despierten ya estaré en casa. ... Continuara...
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