Capitulo 19: Recuerdos

1030 Palabras
Una suave y fresca brisa envolvía la noche, eran las doce y quince, cuando el joven médico de aspecto atrayente salió de la ducha, con tan solo una pequeña toalla que envolvía la parte inferior de su cuerpo, e ingresó a su habitación y tomó ágilmente su celular. Lejos de allí en una acaudalada residencia, la enigmática empresaria permanecía recostada sobre la cama, sin lograr conciliar el sueño. ¡Biip! ¡Biip! Ana percibió enseguida la ligera luz que iluminaba el cuarto oscuro, giró su cuerpo y sostuvo con molestia el teléfono —Puede que no estés despierta, pero sé que verás este mensaje más adelante, lo escribo ahora porque probablemente en la caótica mañana no alcanzaré a hacerlo. “Todos estos días han sido bastante agitados en el hospital, pero pensar en ti y en nuestra segunda cita, me han llenado de fuerza y me han mantenido sinceramente emocionado, porque cada vez que recuerdo que volveré a reunirme contigo mi corazón se agita de alegría. La verificación de que el mensaje había sido leído sorprendió al hombre que sentado en la cama seguía sin vestirse. Por costumbre la presidenta de la gran corporación, habría dado clic directamente para revisar la nota tan pronto como esta llegó a la bandeja de notificación, sin percatarse de quien era el remitente, pues al ser tan tarde su mente consideró que se trataba de un asunto urgente de la compañía. Finalmente, al ver de qué y de quien se trataba exclamó enojada —¡Ridículo! Por otra parte, el traumatólogo se sintió animado al interpretar que la muchacha seguía despierta y continúo con la correspondencia —“Es temporada de lluvias, abrígate bien” Así comenzaron las comunicaciones que se extendieron durante media hora, dónde desde un lado escribían estimulantemente y en el otro solo leían sin responder a nada. —Para nuestro próximo encuentro, por favor ven cómoda, como esta vez me toca elegir a mí… iremos a bailar… ¿Lo recuerdas? Cuando recién comenzábamos a salir te lo prometí. Supongo que es algo tarde, pero quiero cumplir esta vieja pero latente promesa. Al principio la profesional de la salud oprimió el botón de la parte superior de su teléfono, dejando a oscuras la pantalla, pero este siguió vibrando por un tiempo, así que sintiendo curiosidad por lo que tanto escribían, lo recogió de nuevo y exploro cada párrafo largo y cada corta frase. Mirando lo tarde que era y sabiendo que debía madrugar el doctor dejó un último mensaje, de hecho, este persistió redactando al visualizar el signo de leído en los textos. —Tal vez me he pasado, he mirado la hora y, ahora sí que me he asustado. Ana, ni mi memoria ni mi corazón, han olvidado cada momento que viví contigo, incluso aquel evento en el que fuimos perseguidos por un paciente en el área de psiquiatría. ¿Lo recuerdas? Corríamos gritando, pidiendo ayuda, y muchos de los enfermeros que llevaban años trabajando allí se reunieron en grupo y comenzaron a reírse, sin siquiera tomarse la amabilidad de socorrernos. Pff jajaja bueno, no había nada de lo que debieran salvarnos, nosotros con nuestros prejuicios nos dejamos llevar, aquel señor solo quería darnos una muestra de las pulseras que el mismo tejió. Ana evocó aquel momento de bochorno de manera tan vivida que el bello de sus manos se erizó, comenzó a reír a carcajadas y se cubrió el rostro con las manos —oh, pff jajjaja, ¿Qué es esto? Siento calor en mi cara de solo rememorar. Fue una locura pensé que no podría volver al hospital por la vergüenza. Sin saberlo ambos compartieron sonrisas desde la distancia mientras sostenían el aparato electrónico que los comunicaba, el facultativo de la salud no paraba de contraerse de la risa mientras terminada de acomodarse el pijama. La arrogante chica por su parte revoloteaba de un lado a otro en su cama con alegría. . . . Segunda cita Era una tarde fría producto de la fuerte lluvia que había ocurrido en las horas de la mañana, Ana se sentía disgustada por el hecho de tener que invertir parte de su día libre en una salida con su ex molesto novio. Cuando ingresó al establecimiento que parecía ser un restaurante encontró enseguida al encantador muchacho, el sitio era mucho más de lo que solo se podía conocer desde la fachada exterior. Era inusualmente grande y al aire libre, con espacios muy naturales, además al estar cerca del aeropuerto servía como un mirador espléndido, donde se lograba visualizar a la perfección cada vez que un avión despegaba. El local estaba dividido en distintas áreas, una para comer donde el ambiente era tranquilo y se presentaban cantantes en vivo, las canciones eran relajantes, tranquilas, suaves y románticas. Por él a la izquierda se encontraba la zona de baile, y en el otro lado, el área de tragos, que estaba cerca al mirador donde se ubicaban una serie de sillas colgantes de burbujas y otros muebles cómodos para mejorar la experiencia. —¿Cómo es que he vivido en esta ciudad desde hace años y no conocía este lugar? Pensó la presidenta del conglomerado, pero lo mantuvo para sus adentros, pues no quiso mostrarse sorprendida y darle el gusto a la persona que estaba junto a ella. —¿no es hermoso? Lo descubrí navegando por internet. Preguntó Sebastián con cierta expectativa — Ya lo conocía, nada del otro mundo. En mi viaje a París visité espacios mucho mejores. Respondió la empresaria con su particular muro de orgullo, con el que siempre buscaba protegerse. Avergonzado el doctor se frotó el cuello un par de veces: —Entonces, comamos primero y luego bailemos un poco y al finalizar tomemos una copa y vayamos a contemplar aquella espléndida vista. —de acuerdo. Expresó con sequedad la bella mujer. Pero por dentro una serie de inexplicables sentimientos y pensamientos la abordaban. No era diferente para el traumatólogo que podía sentir como su respiración se elevaba y sus manos sudaban con inquietud. Tump! Tump! Tump! El órgano palpitante en sus pechos latía con descontrol y ambos sintieron miedo de que el otro lo pudiera escuchar. … Continuara…
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