Familia feliz

5000 Palabras
A veces contamos historias… Sin tener una sola razón. Grace solía fingir que esto no le afectaba, se demostraba como una persona tan fuerte, con las barreras tan altas que nadie podía cruzarlas. Nunca se evitaba los problemas, los enfrentaba a pesar de que el miedo fuera más grandes que ella, incrustaba sus uñas en las palmas de sus manos hasta sangrar y fingía que el temor no estaba frente a sus ojos. Fingía… Quizá lo que pude confirmar esa tarde, era que una niña temerosa aún se encontraba viviendo en su pecho, la misma niña que había sido adentrada al juego. Detuvo parte de su vida, solo por adelantarse a crecer. Sí, ella tenía el corazón débil. Por ello ella seguía recordando su pasado como el terror en persona, por ello no avanzaba. » Narración en cursiva, Grace H. «. Las historias más escuchadas en la calle en donde vivía eran de los villanos, pero tenía una vecina, que decía que no todos los villanos en realidad lo eran, ella contaba historias, historias que se inventaba en el mismo segundo que hablaba de lo que pudo haber sido la vida si los villanos nunca hubieran llegado, si no se hubieran vuelto villanos, pero… ¿Qué son los villanos? ¿En realidad son malos? O sólo mirábamos la parte de la historia contada por el héroe… Sus puños se cerraron, con demasiada fuerza logrando que viera sus nudillos sobresalir ante la presión, me acerqué a ella, rodeando con mi mano su muñeca, ella se sobresaltó, más no se detuvo. Intenté que lo hiciera, intenté deshacer su puño intentando que dejará de hacerse daño, pero parecía ser un intento tan inútil. Sus ojos aún estaban cerrados, mientras que susurraba entre dientes algo que no lograba entender, parecía que esto era más de lo que ella hubiera pensado que encontraría. Lo que había visto le había causado daño, podía notarlo, como si en realidad le decepcionará, como si en realidad le importará lo que pensará Paulina de ella. Parecía decepcionada de todo lo que ella había causado y de haber caído en la trampa que se le tendió. Liv se le puso enfrente, susurrando lo mismo una y otra vez, “todo va a estar bien”, parecía intentar convencerla o convencerle de que así sería. Pero, ¿Lo estaría? Ella no podía confiar en su madre, porque aparentemente a ella le importaba menos que poco lo que en realidad pudiera sucederle, parecía que se sentía orgullosa de ser la causa principal del daño permanente a Grace, yo no podía sentirme más asqueada, había recibido eso de la persona que se supone que debe de amarte incondicionalmente, la persona que debe de quererte sin importar que, ella era lastimada por la persona que se supone que debía cuidarle. Y eso era más que triste, era demasiado que pensar y asimilar. Kyara me había hablado demasiado de Grace. La chica de los anónimos, quien le entregaba mensajes y cartas sobre el pasado, un pasado que les alcanzaría, sobre todo lo que ellas habían vivido y lo que pudieron haber vivido, todo lo que había pasado y como se supone que las personas que debían de estar ahí no lo estaban. Todo iba detrás de las personas que indirectamente le habían causado daño. Yo conocía su historia de inicio a fin… Y aún no sabía si era la villana, la mala del cuento, o una víctima más. No lo sé, no lo sabría en realidad. “Todos somos villanos en la historia de alguien más”, pensé. El villano que arruino todo para alguien más. Regresé a ella, mirando como su labio temblaba, lo detuvo, pero aún así no demostraba más, parecía convencerse de que no debía de llorar, que no debía de sentirse de ese modo. —No es malo llorar—, solté de repente, pasando mis manos por su rostro—, No reprimas lo que sientes, no está bien. Ella carraspeo y negó, para después sonreírme levemente—Estoy bien. Por un segundo pensé en mí, en como me había sentido todo el día de hoy, aguantando las ganas de llorar por no querer parecer débil, ella estaba haciendo lo mismo, exactamente lo mismo. La atraje a mi en un abrazo, esperando poder hacer que ella se sintiera mejor, intenté calmarla, moviendo levemente mi mano, sentí como su pecho temblaba, pero no lloraba. No dejaba que el dolor saliera de su cuerpo. Solo estaba intentando salir a flote, a pesar de no parecer poder lograrlo. Era comprensible que se sintiera de ese modo, a mi me dolería igual descubrir que las cosas eran así, quizá un poco más. Pero ella quería seguir manteniendo ocultó. Era la mismísima y jodida mierda pensar que en las cartas que habló de ella como si siempre supiera que ella estaba destinada a causar daño, como si Paulina, su madre supiera desde el segundo uno que ella era la maldad pura. Sí, bien… Se equivocó en repetidas ocasiones, pero todos merecíamos una segunda oportunidad. No esperar que ella causará dolor y decepción. Noté que esto se acercaría de una velocidad impresionante a nosotros, como si ella así lo esperará. Pase mi mano por su cabello, susurrando que ella era buena, que siempre sería diferente a lo que su mamá pensará de ella, pero creo que terminé por empeorarlo, su reacción fue un poco de enojo. No podía imaginar esto en realidad, ¿Cómo era que ella lo miraría así? ¡No podía si quiera imaginarlo! ¿Cómo es que podía Paulina sentir tanto desprecio por alguien que ella misma le dio la vida? No la conocía, en realidad conocía de ella menos que nada. Y a Grace recién la conocía, pero no era lo que Paulina decía, ella le describía como si fuera el mismo diablo en persona, las lagrimas salieron por fin de sus ojos, mismas que limpió en el segundo que salieron. No hizo sonido alguno, se apartó de mí para soltar el aire de sus pulmones. —Estaré bien. Necesitamos apurarnos, no podemos pasar tanto tiempo aquí—, soltó entre dientes ella—, Por favor. Las personas rotas tienden a romper… —Grace—, llamé. Esperando que me diera atención—, No puedes creer lo que ella dice—, Le recordé haciendo que me mire—, No eres lo que ella dice, nunca lo serás... » Papá solía decirme que debía entender la razón, que debía dejar de pensar en mí cómo una completa víctima, si bien él nunca estuvo para mí, nunca me falto nada. Lo hizo, me falto cariño, atención, me falto que alguien se preocupara por mí lo suficiente para no olvidar una fecha importante, recordar mi alergia a ciertas comidas, me hizo falta alguien que se sentará en el borde de mi cama a escucharme cuando las cosas me salían mal. Me falto alguien que se preocupara por mí, porque era lo único que yo necesitaba. Un poco de cariño. Y a pesar de que se lo dije, el me comentó que simplemente debía de entenderlo, estaba buscando a sus hijas, ¿Pero que había de mí? Me tenía sentada frente a él todas las noches y jamás me preguntó por la escuela. Le daba regalos el día del padre, los cuales metía a su recamara cuatro días después porque los dejaba olvidados en la cocina. ¿Qué había de mí? ¿Por qué nadie seco mis lagrimas cuando caí del columpio y raspé mis rodillas? ¿Por qué nadie me daba un beso de las buenas noches? ¿Por qué no me regaño cuando un recibo de un tatuaje llego en su estado de cuenta, o por perforar mi ombligo sin permiso? ¿Por qué no había nadie que secará mis lagrimas en un día malo? ¿Por qué nadie me decía lo mucho que me amaba? Si la niñez fue difícil, la adolescencia un poco más, seguía insistiendo que alguien estuviera ahí, seguía intentando sobresalir, quemaba mis pestañas en los estudios para que estuviera orgulloso de mi, ¿Por qué nadie decía que se sentía orgulloso de mí? Mi corazón dolía la mayor parte del tiempo, mientras que la otra parte yo intentaba no lucir lo asustada que estaba, a pesar de que era más de lo que yo pudiera llegar a controlar. A pesar de que estaba asustada la mayor parte del tiempo, dolida, adolorida, asustada y jodidamente cansada. Fui una niña que tuvo que hacer todo por su cuenta, mentirle a la abuela que papá siempre estaba ahí, porque no quería herirla. Como el me hería a mí. Los ojos de ella cayeron en mí, me miraba con demasiada seguridad, burla y un poco de desprecio a la vez. Paulina era igual a ellos, Liv trabajaba en su heladería y cruzaban palabras a diario, se mantenía cerca de ellas, mientras que las miraba con orgullo y emoción, se salía a atenderlas a veces con tal de convivir con ellas. ¿Pero que había de mí? Si siempre que me miraba era con desprecio, con odio y resentimiento, ¿Qué había de malo en mí? ¿Qué tenían las trillizas que yo jamás pude llegar a tener? ¿Por qué yo no era especial como ellas? Bajo su mirada solo podía sentirme sola, patética y humillada a la vez, porque ella ganaba, me había sentirme tan pequeña dentro de este mundo tan grande. Ella siempre parecía sentir que estaba en lo correcto, siempre hacía todo… Mientras que yo como siempre y toda la maldita vida estaba cometiendo un error tras de otro, mientras que a pesar de tener la cabeza llena de información, el corazón se me vaciaba. Paso su dedo índice a mi mentón, para después sujetar mi rostro entre su mano, con aquella sonrisa burlona de oreja a oreja. Intenté salir de esto, aparte la mirada e intenté concentrarme en otra cosa, como el aroma fuerte del café llegando a mis fosas nasales, como mi corazón latiendo al compás del reloj que estaba colgando en lo alto de la pared, en las paredes tapizadas de ese color tan llamativo y los cuadros con pinturas del mar estaban por las paredes, sus dedos se incrustaron en mis mejillas y con un ligero movimiento me obligo a verle. —Podrás intentarlo, pero no cambiarás—, me recordó con tono desafiante—, Aún vistas diferente, si miras el mundo color de rosa o hablas de otro modo, podrás intentar encajar—, sus dedos presionaron con más fuerza, logrando que mis ojos picaran entre la lluvia de lágrimas que se avecinaba—, No importa nada de eso, porque al final del día, algo te traerá de vuelta, al final encontrarás algo que traiga a Grace de nuevo, a la villana. —Yo no soy una villana—, espeté intentando soltarme. Mi voz apenas había sido audible, rompiéndose al final de la oración—, No puedes pararte ahí e intentar que crea que yo fui el problema. O quizá era yo la que no quería dar por hecho eso, había intentado demasiado encajar… Del mismo modo en que lo hacía ahora, hablando más tranquila, bajando el tono de mi voz y vistiendo ropa diferente. Sí, intentaba cambiar porque quería tener una oportunidad, una oportunidad de mostrar que no era tan mala como ellos querían ver, quería demostrar que me esforzaba en hacer que las cosas funcionaran… Pero quizá tenía razón, quizá ella estaba en lo cierto. Las personas como yo nunca cambian, se quedan estancadas en el fondo del océano porque nada pudo llevarlas a la orilla, nada pudo rescatarles. —No puedes pararte ahí y fingir que nada sucede—, se mofa. Soltó mi rostro para encoger los hombros—, Sabes, al final del día sabes lo que eres. Y eres un jodido problema. —Yo... Las personas cometen errores—susurré más para mí que para ella—, Pero... —Tú no eres una persona, eres un problema. Que te quede eso bien claro «. —No le prestes atención a lo que leíste—, le pedí. Ella sacudió su cabeza con confusión—, Ella es así, será así siempre. Ella soltó un resoplido, para terminar por dar un paso hacia atrás, parecía como si estuviera intentando no pensar en esto, en todo. Se alejo un poco de mi para después soltar el aire comprimido en sus pulmones. —Ya. Estoy bien, estoy bien—, Paso sus dedos por las fotografías de la pared. Para después mirar había mi—, Tenemos que segur con esto, Estaré bien. Di por hecho que esta conversación había terminado, ella no dijo nada más, mire a Olivia, quien soltó un suspiro, giró sobre sus talones para seguir buscando. Miré hacía esas cartas nuevamente, se encontraban ahí, con el remitente de nombre “Lisa”, no mentiré, fue un punto bueno para usar en su contra, la historia… Para no poder dar con el verdadero nombre de ella. Una persona que uniera los puntos con claridad y pudiera hacer que la historia se detuviera, era lo único que necesitábamos, puesto que nosotras no habíamos podido cambiar nada, y lo que sabíamos—poco era nada—, no ayudaba… Seguí mirando los papeles, eran demasiados, uno tras otro que no parecía ser importante, hasta que algo llamo mi atención, un acta de nacimiento. La desdoblé para comenzar a leerla, contuve la respiración apenas lo hice, ¡Bingo! ¡Eso era más que mucho! ¡Era una nota importante! Podía explicar tanto. Paulina E. Morgan Estrada… Nacida el 7 de enero de 1980. Madre, Elisa Estrada, su padre… Mauro Morgan. Su padre era… Mi abuelo. Tomé el acta de nacimiento entre mis manos, le doblé y terminé mirando hacía las chicas, ambas me miraban con atención y un toque de confusión, un toque demasiado grande, a decir verdad. Yo no podía creer o que mis ojos acababan de ver. Ellas se miraron entre sí, notando que yo había encontrado algo, los ojos verdosos de Olivia llegaron a mí, para acercarse con las cejas arqueadas y los brazos cruzados sobre el pecho. —Has visto algo—me señala, mientras que mira directamente hacía mí—, ¿Qué has mirado? Miré todo. Mamá no era la única hija que los abuelos tuvieron que no fuera rubia, si no también fue Paulina y si ellas eran hermanas—medio hermanas para ser exactos—, eso significaba que Olivia, Kyara, Grace y Gia… Eran parte de la familia. ¡Eso explicaba porque nunca dudamos de Kyara! Porque al final del día ella era un poco parecida en aspecto en nosotros, relamí mis labios buscando las palabras que decirles, la familia crecía cada vez más y eso era demasiado que procesar, ¿Qué sería lo que Grace sentiría? Creció toda la vida sola… Para al final tener más familia que nada. —Katherine, ¿Qué encontraste? —repitió Grace, mirándome atenta—, Katherine… Salí de mis pensamientos, para después mirar a ambas—Debemos seguir buscando—, me límite a decir. Para girarme sobre mis talones evitando la mirada de ambas. —¡Katherine! —, me llama Olivia—, ¿Qué miraste? Su tono de voz parecía exasperado, como si no creyera el silencio que le regresaba, no sabía como decirles esto. No quería seguir dañando a Grace con noticias. —Debemos seguir buscando—, musite sin mirarle, esperando que dejara de insistir, puesto que no sabría como decirles ahora. No quería ver sus reacciones, no quería que esto se saliera de control nuevamente. Buscamos por largos minutos—en toda la casa—, pero cosas lo suficientemente importantes, no llegamos a encontrar. A excepción del acta de nacimiento que me estaba robando. De ahí en más, si bien… Había cartas, solo era Paulina hablando con Claudia y Anna, sus hermanas. No tenía un tema de interés lo suficientemente grande, claro a excepción también de las cartas que leímos, que fueron lo único interesante que se encontraba en esta casa. Los pasos de Grace se acercaron, venía bajando las escaleras de dos en dos mientras que una mueca marcada estaba plantada en sus labios. —Creo que desperdiciamos nuestra noche. Solo son papeles arrumbados—, Pasa entre sus dedos una carta para después dejarla en la pila de papeles—, seguramente las buenas respuestas no se van a encontrar aquí. No, no se encontrarían aquí. Sino con Anna, Claudia, Paulina, la madre de Gael y de los gemelos. Aquí solo habíamos perdido tiempo valioso—no por completo—, intentando apaciguar algo que no teníamos en un completo control. —Debemos hablar con quienes vivieron la historia—, Finalizó Grace. Era cierto, debíamos ir con ellas, a que nos dijeran la verdadera historia y como todo esto comenzó, porque ellas lo sabrían, nosotras solo estábamos caminando en círculos intentando alcanzar a un fantasma. Era ridículo. —Entonces, saben lo que tenemos que hacer, ¿No es así? —mencionó Liv. Debíamos ir a hablar con ellas. Yo no dije nada, solo noté como Grace marcaba una enorme mueca en sus labios, debatiéndose el ¿Por qué? ¿Por qué estaba haciendo todo eso? Seguramente esperaba ya no tener nada que ver con temas parecidos. Salir del hoyo es un martirio. —Debemos ir con las madres de los chicos quizá—, señaló Grace. Sacando por completo del plano a su madre—, Es una mala idea. —¿Por qué? ¿Por qué no tiene una seguridad completa? —, le interfirió Liv a lo que ella rodó los ojos. —¿Qué nos van a decir? ¡Qué van a saber! —espetó alterada. Pasando sus manos por su rostro—, ¿Qué sus hijos siguieron los pasos de sus padres? ¿Qué son un desastre? Lo más probable es que nadie nos cuente la historia correcta, no nos querrán involucrar. Tenía razón. Seguramente a los ojos de las madres, nos estarían dando el punto de inició para lo que fue el desastre, en las manos equivocadas—como lo fue en el caso del desconocido—, puede ser un arma de doble filo. Así sucedió ya una vez. Seguro ellas sabrían ya la historia, dudaba que estuvieran lo suficientemente alejadas para no saber que es lo que pasa en su entorno, no saber que es lo que se está rompiendo… —Hablaremos con Paulina—, aseguré—, Anna oculta algo, ella sabía de las cosas, lo sé, de la pared y el celular que nos encontramos, sobre el psiquiátrico, ella sabe más cosas de las que nos dice… Sabía que era lo que Olivia quería hacer, y Grace deseaba que no sucediera. Pero no teníamos más alternativas, habíamos llegado hasta aquí, habíamos hecho todo este tipo de cosas, no podía ser tiempo desperdiciado… Además, quería tener un punto a razón al decirles que éramos familia, quizá Paulina lo dijera y yo no tendría que vivir la experiencia incómoda de decirles que todo se salía de nuestras manos entre más investigábamos, no nos acercábamos al final. Abríamos más la puerta, y aquel desconocido se invitaba a pasar. Miré hacía Grace, sus ojos se apartaron de mí, sin decir nada más, para regresar a las fotografías de la pared… Parecía estar analizando como todo había llegado a este punto… Nadie lo sabía. Llorar es para cobardes… Es lo que me repetía a diario esperando no ser yo quien se rompiera cada que las cosas no salían del modo que yo deseaba. No era débil, yo no podía ser débil, porque yo no lloraba, yo no tenía miedo, yo había enfrentado toda mi vida sola. Yo no podía ser débil. —No la conoces—, la mano de Kyara tomo la mía, entrelazándonos, me miro por un par de segundos para después mirar hacía Paulina—Grace no es tú. —¿Te recuerdo quien hizo que quedarás en un hospital? ¿Quién hizo que tuvieras el choque que casi hace que pierdas la vida? —, le recuerda, ese choque yo no lo provoque, su mano me tomo con más fuerza—Tu estúpida moral, es más fuerte que la razón. Creer que ella cambiará será tu perdición. Grace me informó que arriba había un par de cintas viejas, pero no alcanzaba a tomarlas sin hacer un desastre, lo suficientemente arriba para que nadie las viera. Ambas caminamos escaleras arribas, comencé a observar con cuidado la casa que se encontraba cada vez más oscura, aquellos tonos azules de abajo a este punto se estaban volviendo completamente negros, era una casa… Demasiado interesante, a decir verdad. En toda la casa había demasiadas fotografías con los chicos que se encontraban abajo, me detuve por un par de segundos… Nate, el padre de las chicas, Greg, Rogelio… Mamá, Papá y los chicos, chicos y más chicos, Era como si el tiempo se hubiera detenido en esta casa o de un modo es lo que Paulina quisiera sentir. —No podemos llevarnos las cintas—, espeté mirando el televisor, que tenía sobre esta una casetera—, Las mira, quizá a diario… Notará que estamos aquí. Miré una USB, cerca del pie de la cama, me agaché tomando esta entre mis dedos, mirando en dirección de Grace, quien se encogió de hombros, restando atención a lo que sucedía. —Que noche tan interesante—, mencionó con sarcasmo Grace—, ¿Ya es todo lo que querías? Creo que estamos demasiado tiempo ya aquí. Miré la habitación, como esta tenía fotografías de las trillizas en las paredes, más no de Grace, debía de ser demasiado complicado para ella tener que ir lidiando con todo esto día con día, año tras año, debía de ser complicado ser desplazada por tus propios padres día con día. —Sí, creo que deberíamos de irnos—, mencioné. Ambas bajamos las escaleras de dos en dos, para llegar con rapidez junto a Olivia, quien seguía mirando las cartas, miré hacía Grace, evitaba todo el tiempo mi mirada, como si estuviera molesta o le viniera mal todo esto, quizá en realidad lo hacía. Esto seguramente le venía mal de mil maneras posibles. Carraspeo, atrayendo la atención de Olivia, sus ojos verdosos me hacían sentir de cierto modo intimidada, tenía la mirada muy fuerte a pesar de ser la más dulce de las cuatro. —Es hora de irnos—, le señalé, a lo que ella dejo las cartas en la mesa, pero me miro confundida—, Yo encontré esto, junto con su acta de nacimiento. Señalé mostrando las cosas en mis manos para guardarlas de nuevo. —Ya pasamos demasiado tiempo aquí. —¿Planean llevarse eso? —, preguntó ante la mirada de Liv en un par de papeles que tenía Grace, sobresaliendo de sus cosas—, ¡No podemos llevarnos las cosas de aquí! ¡Es un delito! —¡Vaya! ¡Tiene razón! —espetó con sarcasmo acercándose a ella—, Olivia. Estar aquí es un delito. Vámonos. Apenas termino esa oración camino con pasos seguros hacía la ventana, deteniéndose a mirar por ultima vez la casa, seguro esto era algo que podría recordar constantemente. De un pequeño salto su cuerpo ya se encontraba a mitad de la ventana, entro y salió de modo rápido, miré hacía Olivia, intentando esconder aquella sonrisa divertida que jalaba de mis comisuras, le señalé con la mirada la ventana, a lo que ella rodo los ojos con un bufido. —Puedo salir sola. —Adelante—, me burle moviendo mis manos hacía los lados—, Tú puedes. Se acerca a la ventana, para después tomar impulso, el suficiente para poder pasar su cuerpo por ella, mire con diversión para después ser yo quien saliera, caminamos un par de pasos hacía donde se encontraba el auto, para subir todas. —Ya puedes decir que fue lo que encontraste—reitera Olivia—, Parecía como si hubieras visto un fantasma… —Quizá lo vi—, musite. Cuando crecí me di cuenta que yo era todo lo que ellos no querían, una pequeña descripción de lo que era Paulina, comencé a investigar lo que sucedía, comencé a investigar lo que era ella. La chica que había causado estragos, la misma chica que había dejado a su familia en diferentes lugares sin tener si quiera un toque de remordimiento, no parecía estar arrepentida en ningún solo minuto acerca de todo lo que sucedió. La enfrente, esperando que algo cambiará, pero nunca lo hizo. Solo obtuve más razones para saber porque jamás había sido yo lo que ellos querían. Quizá pase demasiados cumpleaños siendo olvidada, quizá después de un tiempo solo me felicitaban Amanda y la abuela… Hasta que fui a ese bar, a las afueras de la ciudad con Amanda, un chico que conocí ahí me gustaba, yo tenía 15 cuando nos besamos por primera vez, él… Recién cumplía los 18, eso creo recordar que dijo… No fue cuestión de tiempo, fue cuestión de pensamientos. Los míos eran un desastre, solo quería crear una historia lo suficientemente alejada a Paulina, y al final del día… Me estaba convirtiendo en ella. Son lentos los momentos que no eres capaz de percibir, lentas las horas que pasan por tu cabeza cuando los dolores no caen por si solos, los villanos tienen una historia, la mía… Quizá no tenía detalles de cosas radiactivas o monstruos que me llevaran al borde de la locura, quizá no había sido torturada por un par de verdugos que me llevaran al punto de muerte, pero… Había llegado a mi máximo, el corazón se rompe y a pesar de quererlo unir, hay fragmentos que no lograras encontrar de nuevo. Mi papá se casó, no tuvo más hijos que a mí, o eso siempre había creído hasta que un mensaje comenzó a animarme a meterme al despacho de mi padre, una adolescente de 14 años… La curiosidad me gano y encontré el motivo por el cual mi padre había sido tan seco conmigo durante tanto tiempo, tres razones, bebés que quería más que a mí. Después de esforzarme todos esos años compitiendo por ser la mejor, encontré mensajes de Rogelio y Nate, mi padre, sobre que habían encontrado a dos de las bebés, confirmando, recibí un mensaje, las tres niñas. Tres pequeñas niñas que no eran tan similares… Pero que habían nacido del amor incondicional que siempre tuvo mi padre con Paulina, leí cientos de cartas y el siempre lo único que buscaba era el bienestar de Paulina… Cuando creyó que las cosas estaban saliendo a la perfección, le pregunto a ella si creía que podrían formar una familia, como la que estaban formando sus amigas, Laura, Anna y Claudia. Ella, quien siempre había sido apegada al trío de hermanas Morgan, queriendo la misma experiencia que ellas, se embarazo de las trillizas en una fecha acercada al embarazo de Laura, vivieron esa etapa juntas, cada momento, esperando que en algún día ellas fueran amigas, mejores amigas. Pero, el amor es un arma de doble filo y cuando las cosas parecían ir a colores pastel y colores brillantes, todo se cayó hacía abajo, el plan de Paulina cambió, llena de deseo por más y más dinero, tal como el que tenían sus hermanas, fingió demencia, le pidió dinero con tal de no hacerles daño, dejando a estas con una prima de Claudia, quien aceptó, por el cariño que sabía que le tenía a su familia. Las cosas empeoraron y ella ya no supo como salir del lío que se había metido, y con el único interés de que su fuente de ingresos no le dejará de dar, volvió. En una noche de platicas, bebida, tuvieron un encuentro s****l, así fue como fui engendrada. El arma de amor, fue de doble filo para papá, porque el habría hecho lo que fuera por Paulina, fuera dinero, fuera amor, fuera lo que fuera, él habría hecho cualquier cosa por mantenerla feliz, y de preferencia, cerca. Pero, el amor fue lo que destruyó a papá. No tuvo a Paulina, nunca la tuvo, solo una imagen semejante a la de ella, la misma imagen que solo buscaba ser iguales a sus amigas. La decepción que papá se llevo fue demasiado grande, puesto que... Él no era del tipo de persona que creía en las almas gemelas, el amor a primera vista o un gran amor, no fue hasta que Paulina llego... Él suele decir que no le guarda rencor, una vez que pude tener una conversación con el acerca de mis hermanas, él juro que no le guardaba rencor, puesto que al final del día era la persona que había traido a la vida a cuatro personitas las cuales amaba... Pero hubiera deseado que las cosas fueran diferentes. Después de Paulina, el no volvió a enamorarse, no quería volver a sentir una decepción como cuando Paulina se fue... sin embargo, juró amarnos, a las cuatro. Esa fue una de las pocas veces que escuché a papá decir que el en realidad me amaba... Pero en fin, las cosas no salieron como se tenían esperadas, puesto que... Su más grande amor, no me incluía nunca. Papá había querido más a tres niñas que nunca había podido tener, que, a mí, creciendo en su casa durante tantos años, empecé a investigar, creyendo que podríamos ser una familia feliz, primer error. Ellas ya eran amigas con anterioridad, separadas por Rogelio, con intenciones de que llegaran a la verdad, Gia tenía el mismo carácter que mamá, la mismísima reina roja. Ahí, comencé a investigar, la tercera hija, crecida con modelos, Kyara Morgan. Todas tenían ya a su familia feliz, mi padre buscaba su propia familia feliz, no encajaría por ningún lugar, todos tenían su familia feliz, excepto yo.
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