La mañana después de la llegada, mientras Pablo se acostumbraba a las calles de la ciudad, Marcos había sido acompañado por su primo a la tumba de su padre, a pie, como solían hacer los judíos del pueblo cuando no poseían o no tenían disponible un asno. Al llegar al cementerio habían visto un hermoso caballo n***o atado por las bridas a un arbolillo. Habían supuesto que se trataba de la cabalgadura de un hombre acomodado de visita a sus difuntos y, al acercarse, había tratado de identificar a la persona, pero no la habían visto, al estar el camino cubierto de prunos y arbustos que podían esconder fácilmente a una persona, aunque estuviera muy próxima. La vegetación cubría también diversos sepulcros y los dos parientes habían esperado encontrar la tumba de Jonatán Pablo en el mismo estado,

