Capítulo 12

4945 Palabras
De inmediato me comuniqué con mi séquito para una reunión urgente. Luego dejé la biblioteca junto a Amelia, previo pedido a Killari y Helmut de que se quedaran acompañando a nuestros invitados y nuevos aliados, ya que iría por mi familia para que formen parte de la reunión que decidí apurar porque el tema así lo ameritaba. Llevar a todos Los Höller hacia la biblioteca de la mansión no fue cosa fácil, ya que empezaron a hacer preguntas. Cuando todos ya estábamos reunidos, le pedí a Killari que deshiciera el hechizo de invisibilidad, dejando que todos vean a Lucian y Laura. Mi bisabuelo Karl y mi abuelo Hugo de inmediato se transformaron y se pusieron en posición de alerta protegiendo a la familia. Lucian dio un paso hacia delante de Laura, para resguardarla. Mi padre me pedía una explicación, así como Marion y Marianne. Mis sobrinas Cassie y Ania estaban muy nerviosas porque reconocieron a Lucian, el vampiro que las inmovilizó y con quien sus predestinados, híbridos de humano y felino, lucharon. – ¡¿Ya pueden hacer silencio?! –elevé la voz para que todos me dejen hablar-. Han sucedido varios hechos importantes en el último par de días a Los Dracul. Bisabuelo y abuelo, por favor, guarden a sus lobos. Lucian y Laura son nuestros nuevos aliados, démosles un trato cordial y educado –lo que dije no era entendido por ninguno de mis familiares. – ¿Aliados? ¡Acaso te has vuelto loco! –dijo mi bisabuelo Karl tras volver a lucir como un humano-. ¡Ese vampiro ha matado a miles de licántropos! – Catalin también lo hizo y hasta hace poco tú y la bisabuela salieron con ella y Thomas a pasear por Lima sin ningún problema –ante lo dicho, mi bisabuelo caminó hacia donde estaba mi bisabuela, quien lo abrazó para tranquilizarlo. – Stefan, por favor, explícanos por qué Lucian está en territorio Höller –pidió más calmado mi abuelo Hugo. – Antes que nada, quiero decirles a todos, pero en especial a ustedes, abuelo Hugo y bisabuelo Karl, que entiendo que ver a Lucian les causa un gran impacto, pero es necesario que sepan la decisión que han tomado Los Dracul, la cual me animó a pactar con ellos una alianza. Por favor, tomen asiento, o acomódense como quieran, y escuchen lo que les tengo que decir. Empecé a narrar los hechos que Killari primero compartió y luego lo que Lucian descubrió al leer los manuscritos que guardaban en la biblioteca de Los Dracul. Tras dejar de contarles lo sucedido, todos empezaron a comentar entre ellos, a dar sus puntos de vista, los cuales no estaban en total acuerdo con la decisión que tomé. – ¿Y quién confirma que lo dicho por Lucian sea cierto? –miré a mi bisabuelo con enojo. – Mi Luna, bisabuelo, la hija de la Madre Luna –respondí usando mi voz de alfa. – Disculpa, Amelia –soltó mi bisabuelo dándose cuenta que no había cabida a la desconfianza, ya que al ser todo confirmado por mi Luna, nos daba la seguridad de que todo era veraz. – Entonces, debemos actuar rápido para ayudar a Los Dracul a contener los ataques de los demás clanes y de las huestes de Satanás –dijo Matthias avanzando entre los reunidos en la biblioteca. Detrás de él caminaban Gonzalo y Patrick. – Exacto, mi estimado Beta. Debemos planificar la estrategia bélica, por si debemos ir a la guerra –luego miré a Gonzalo, y continué hablando-. Como Gamma sabes que liderarás a los mejores guerreros en el avance de la ofensiva, junto a mí –y Gonzalo asintió complacido-. Analiza los números de nuestro ejército en Alemania, por si necesitamos trasladar guerreros desde Perú -luego me dirigí a Patrick-. Requerimos formalizar la alianza con Los Dracul, así que prepara los documentos necesarios. También coordina con el Consejo de Alfas una reunión, ya que necesitamos que el pacto que ahora Los Höller tenemos con Los Dracul se extienda a todas las manadas. – ¡Entendido, Alfa! –respondieron Beta, Gamma y Delta, y salieron de la biblioteca para empezar a ejecutar sus deberes. – He invitado a Lucian y Laura a desayunar, de paso que damos tiempo a Patrick de preparar los documentos en los cuales quedará registrado nuestro pacto –me dirigí a mi familia-. Ellos no solo han venido a pedir ayuda para su clan, también han mostrado arrepentimiento por los malos actos cometidos en el pasado, así que, junto a mi Luna, les hemos otorgado nuestro perdón, al mismo tiempo que Laura también ha aceptado perdonarme –entre la familia había quienes miraban con desconfianza y otros con benevolencia-. Lo único que les pido es que les den una oportunidad –todos se miraban, pero nadie decía nada, hasta que una suave y cantarina voz se escuchó. – No te preocupes, Stefan. Tú eres nuestro Alfa y nosotros seguimos tus órdenes –era Lena, quien había escuchado todo permaneciendo detrás de Kiram. – ¿Quién es ella? –preguntó Lucian con un notorio gesto de curiosidad. – Mi sobrina Lena, la hija menor de mi hermana Marianne y mi cuñado Ravi –respondí a la pregunta del vampiro-. ¿Por qué? – Sé que he visto ese rostro anteriormente, pero no recuerdo dónde –respondió el vampiro tratando de hacer memoria. – Imposible. Siempre lo he tenido en mi cabeza, y nunca he salido de Perú –comentó Lena con una confianza que daba pena, risa y miedo entre los miembros de la familia por la posible reacción que podría tener el Príncipe Dracul. – ¡Ya lo recordé! –soltó Lucian notoriamente conmocionado-. ¡No puede ser! ¡No! – ¿Qué sucede, Lucian? –pregunté preocupado. – ¿Podemos hablar en privado? –pidió el vampiro. Le pedí a la familia retirarse, pero Lucian pidió que Marianne y Ravi se queden, así como Killari y Helmut. Lo que nos reveló sobre Lena no lo podíamos creer, mucho menos mi hermana y mi cuñado. Amelia confirmó lo revelado por el príncipe vampiro, así que no quedó duda. – Un motivo más que nos une a Los Dracul –dije con la intención de dejar en claro que, con la noticia entregada, la alianza se fortalecía. – Pero mi hija aún es una niña –soltó Marianne aún impactada. – No se preocupen, que ese detalle lo tengo muy presente. Aunque no puedo ocultarle este hallazgo a la otra parte –dijo Lucian mostrando calma-. Estén seguros que todo sucederá a su debido tiempo. Durante el desayuno, Lena se mostró muy cercana a Lucian y Laura. Ambos sonreían al escuchar las ocurrencias de mi pequeña sobrina. Al verla compartir tiempo con ellos, recordé haberla visto comportándose de la misma manera con Catalin y Thomas. Mi sobrina no demostraba temor ni desconfianza ante los vampiros, cosa que creí en un primer momento que se debía a su juventud e inocencia, sin saber que en verdad era por su destino. Por la situación que estábamos enfrentando con la familia al tener como aliados a Los Dracul, con Marianne y Ravi acordamos no divulgar lo descubierto a los nuestros hasta que la relación entre licántropos y vampiros se hiciera menos tensa, más cordial y cercana. Lucian y Laura agradecieron por el detalle que tuvimos con ellos, por pactar la alianza siguiendo los protocolos, por la oportunidad que les dábamos al perdonarlos y por la buena nueva para alguien muy importante en el Clan Dracul que se ha pasado más de ciento setenta años esperando que su destino se realice. Ni bien el Príncipe Dracul con su compañera eterna se retiraron de la Mansión Höller acompañados por Killari y Helmut, ya que la bruja de los Andes Peruanos les ayudaría a trasladarse a Teramo, mis sobrinas Cassie y Ania se me acercaron muy emocionadas para darme una buena noticia. – ¡Tío Stefan, Erik y Pietro se han comunicado con nosotras! –dijeron las dos en coro. – ¿Y? Eso no es novedad. Todo el día están hablando, o respondiendo mensajes, o enviando mensajes a esos dos –soltó Kiram con ganas de fastidiar a las adolescentes – Sí, es verdad. Se la pasan pegadas al celular en vez de ocuparse de algo más importante –Elrond siguió el juego de su primo. Desde que sus hermanas menores descubrieron quiénes eran sus predestinados, esos dos no dejaron de fastidiarlas. – Y es así porque ellos son nuestras almas gemelas, nuestros predestinados, nuestros compañeros eternos –respondió Cassie con un tono de regaño que me dejó mudo, ya que ella no solía responder de esa manera a Elrond. – Exacto. No tenemos la culpa de conocer a quienes han nacido para nosotras –soltó Ania buscando fastidiar a Kiram, ya que aún no había encontrado a su alma gemela. – A mí no me afectan tus palabras –respondió Kiram queriendo aparentar desinterés, pero no le salió muy bien porque se notó que le molestó lo dicho por su hermana-. Ella ya llegará –y mi sobrino híbrido dejó la sala para ir a su habitación. – Ania, eso no se hace –le dije a mi sobrina desaprobando su comportamiento. – Perdón, tío Stefan, pero Kiram no ha dejado de fastidiarme desde que nos enteramos que Pietro es mi predestinado. – Y lo mismo este de aquí –dijo Cassie acusando a Elrond. – ¡¿Yo?! –preguntó con fingida inocencia el muy burlón de mi sobrino. – Elrond, si me entero que estás fastidiando a tu hermana y prima, te la vas a ver conmigo –usé mi voz de alfa para sonar amenazante. – Descuida, tío. No lo volveré a hacer –dijo sonriendo nerviosamente para salir corriendo en busca de Caroline, su predestinada. – Imagino que si me cuentan que sus predestinados se han comunicado con ustedes es sobre algo que a mí me interesa, que no es nuestro juego de dodgeball pendiente –dije sonriéndoles a mis queridas sobrinas. – Exacto, tío –dijo Cassie-. Erik y Pietro comunicaron a sus padres tu deseo de poder reunirte con ellos para conocer más sobre los felinos, pero sus madres hicieron llegar tu pedido al Señor Felino, el máximo líder de las colonias. – Que es familiar directo de Pietro –agregó Ania con mucho orgullo. – ¿Pietro es pariente del líder de los felinos? –pregunté para que mi sobrina comparta más información conmigo. – Sí, tío. El Señor Felino es primo de su madre –la alegría en Ania era desbordante al saber que su predestinado era parte de la familia de dónde provenía el máximo líder de esa especie. – Y, ¿ya recibieron respuesta del Señor Felino? –pregunté muy interesado. – Aún están esperando, tío –ambas respondieron en coro con un semblante avergonzado. – Bueno, imagino que es cuestión de días para saber si podemos reunirnos con algún felino y conocer más de ese pueblo –dije justo cuando los celulares de ambas avisaron que recibían un mensaje. – Es Erik. Dice que el Señor Felino ya respondió –dijo Cassie mientras leía el mensaje-. Dice que con gusto se reunirá con el Puro que Aúlla y la hija de la Madre Luna. – Y que llegará en dos días –completó Ania. – Momento complicado para reunirnos, ya que es cuestión de horas para que me presente al Consejo de Alfas –dije al considerar que Lucian y Laura, después de hacer una breve escala en Bran, llegarían a Teramo junto con Leonardo y los guerreros Barone, lo que animaría a que Gianluca refuerce mi pedido de reunión urgente del Consejo de Alfas, para tratar el tema de la alianza con Los Dracul. – Entonces, ¿les decimos que pospongan? –preguntó con duda y lamentó Ania. – No. Quizá el Consejo de Alfas acuerda tener la reunión mañana, así que estaré de regreso para recibir al Señor Felino. Por favor, confirmen que estaremos esperando al máximo líder de las colonias y acompañantes para recibirlos como se merecen. También consulten si requieren que les proporcionemos hospedaje –mis sobrinas estaban haciendo la labor diplomática de Patrick ante los felinos. – De acuerdo, tío. Les escribiremos de inmediato –dijo Cassie, y las dos dejaron la sala para responder los mensajes de sus predestinados. «Paso a paso, todo converge para que la Profecía se haga realidad. Los que escaparon y escondieron para protegerse aparecen y los que siempre fueron nuestros enemigos están cambiando de parecer. Solo falta que los que se fueron para ser eternos regresen, pero aún no han pasado los mil años que la tradición élfica señala como el tiempo que deben vivir en la Tierra Bendecida para que puedan ser en verdad inmortales. No creo que tengamos que esperar un poco más de cuatrocientos años para ver el retorno de las potestades encarnadas, y recién poder tener a todas las especies sobrenaturales unificadas. Algo debe de estar planeado la Madre Luna», pensaba sentado en uno de los sofás de la sala, cuando Amelia me habló. – Recuerda que no todos los elfos partieron al mismo tiempo. Algunos lo hicieron cientos de años antes de aquellos que lo hicieron a último momento, como ocurrió con la familia de Haldir. Dentro de unos cuantos años, esos que marcharon primero hacia la Tierra Bendecida estarán de retorno –dijo mi Luna. Otra vez había leído mis pensamientos. La miré con suspicacia, reclamándole, pero a la vez bromeando-. Lo siento, amor, pero quería saber dónde estabas, así que activé mi poder divino, y di contigo al escuchar tus pensamientos. – Ya no importa, mi Luna Amelia –le dije estirando los brazos para que ella se acerque a mí. La senté sobre mi regazo y la abracé-. Se avecinan tiempos turbulentos. Después de los años sin enfrentamientos constantes, vamos a volver a los días de guerra porque esta no será solo una trifulca entre una manada y un clan, será todos los aliados y las huestes de Satanás contra el resto de pueblos sobrenaturales para proteger a Los Dracul. – Solo te diré, mi amado Alfa, que los tiempos por venir serán complicados, pero todo sea por que la Profecía se haga realidad –dijo Amelia acomodándose entre mis brazos-. Tras los primeros enfrentamientos contra Satanás, debemos tomar un tiempo para engendrar a nuestro hijo, el híbrido, quien es el verdadero protagonista de la Profecía –lo dicho por ella hizo que despertara en mí el deseo por tenerla desnuda entre mis brazos, pero cuando la vi con los ojos cerrados y una sonrisa inocente adornando su rostro, llegó a mí la ternura junto a una pregunta. – Siempre te refieres a “él” cuando hablas de nuestra cría. ¿Acaso sabes que será un macho? –la miraba disfrutando estar entre mis brazos cuando hice la pregunta. – Así es. El híbrido será un macho, mezcla de licántropo y vampiro –después de oírla confirmar el sexo de nuestro futuro hijo, sin quererlo, me sentí algo desanimado. Amelia captó de inmediato mi sentir, así que abrió los ojos, se sentó derecha y me miró con sus bonitos ojos rojos, los cuales ya empezaban a gustarme. – ¿Por qué tu energía ha caído? –preguntó mi Luna haciendo un esfuerzo por no entrar en mi mente y averiguarlo sin que yo tenga que darle una respuesta. – Amelia, ¿solo tendremos una cría? –con esa pregunta creo que le quedó claro por dónde iba el que me haya desanimado. – Sí –respondió con pena. – Yo quería tener, aunque sea, dos crías: un macho y una hembra –le dije a mi Luna con resignación porque en ese momento ya entendía que no era bueno contradecir al destino. – Stefan, yo solo podré parir una vez porque no va a ser fácil el embarazo que tendré por ser ahora una vampira que llevará en su vientre al hijo de un licántropo. Es por ello que no podremos tener más hijos –sin esperarlo, lágrimas empezaron a humedecer mis ojos y caer por mis mejillas. La aparición de esta expresión de tristeza me tomó por sorpresa, por lo que con un toque de desesperación empecé a secarlas con mis manos. Amelia me detuvo, y con sus labios secó mis lágrimas. Ella dejaba tiernos besos donde una representante de mi dolor tocó mi rostro. Luego tomó mi cabeza entre sus manos, y me habló. – Todo tiene un fin, amor. De seguro te apenas porque tras la pérdida que tuvimos hace algunas semanas atrás esperabas que la mansión donde vivamos se llene de crías, pero eso no será posible. Sin embargo, te aseguro que nuestro pequeño bastará para llenarte de alegría, sentirte bendecido y agradecido por tenerlo. Más allá que él sea el híbrido de la Profecía, él será tu hijo, y cada paso que dé en este mundo, tú estarás detrás de él, cuidándolo, protegiéndolo, aconsejándolo, ayudándole a ser el gran ser que su destino le tiene señalado porque todas las opciones que él tenga en su vida lo llevan a ser el unificador de los pueblos sobrenaturales –saber un poco del futuro que me esperaba como padre hizo que recuperara el buen ánimo que minutos antes había perdido. – Seré el mejor padre que pueda haber en La Tierra para nuestro hijo, mi Luna. Ya lo verás. Ya habían pasado varias horas desde que la noche se había apoderado del firmamento cuando Patrick llegó junto a Gaia a la mansión. Junto a Amelia ya me encontraba en nuestra alcoba, pero tuvimos que vestirnos y recibir a nuestros Deltas. Las noticias que tenía Patrick eran muy favorables para nuestros fines. – Mi Alfa, el Consejo de Alfas ha contestado –dijo Patrick ni bien me vio ingresar a la biblioteca. Su alegría desbordaba, por lo que supuse que había más información que compartir. – Dime los detalles, Patrick. – Cuando comunicamos al Consejo de Alfas que hemos pactado una alianza con Los Dracul, de inmediato aceptaron nuestro pedido de citar a una reunión urgente para compartir con las otras manadas y los Alfas más antiguos que conforman el Consejo los hechos ocurridos. Sin embargo, recién se nos ha confirmado la realización de dicho encuentro porque quisieron que primero los líderes de todas las manadas aseguren asistencia a la reunión extraordinaria, la cual se realizará en… ¡cinco horas! –la sorpresa de Patrick también me impactó. Debíamos apresurarnos para llegar puntuales a la importante reunión que fue coordinada ha pedido nuestro. – Entonces, todas las manadas confirmaron asistencia –quería que Patrick ratifique ese dato. – Sí, todas. En unas cuantas horas, los treinta y cinco actuales Alfas más los que conforman el Consejo se reunirán para discutir el tema del pacto con Los Dracul. – ¡Maravilloso! –dije muy positivo y seguro de que todo saldría como lo esperábamos-. Debemos despertar a Ravi para que nos ayude con la teletransportación o la apertura de un portal que nos permita llegar a tiempo. Amelia, como hija de la Madre Luna, debes acompañarnos –mi Luna asintió mostrándome una linda sonrisa que me enamoró más de ella-. Gaia, tú también ven con nosotros. Eres la encargada de los bancos de datos de la manada, así que te necesitamos en esta misión –la hembra Delta asintió y salió tomada de la mano de mi Luna, ya que ambas debían preparar los atuendos que lucirían ante el Consejo de Alfas. La sede del Consejo de Alfas quedaba en la ciudad de Nuuk, capital de Groenlandia. Se eligió dicho lugar porque no existía manada alguna en esas tierras, por lo que era un territorio neutral, además de que el clima frío era del agrado de los licántropos. Con el paso de los siglos se pobló y modernizó la zona, pero nada a tal escala como las grandes capitales del mundo, donde la población supera los millones de habitantes. En Nuuk había un poco más de diecisiete mil habitantes, por lo que era una ciudad propicia para el desarrollo de la vida de los antiguos alfas, quienes no querían tener contacto frecuente con humanos. Tuve que despertar a Ravi para explicarle que debíamos asistirá a la reunión extraordinaria citada con carácter de urgente. Mi cuñado no dudó en dejar la cama y a Marianne para acompañarnos, ya que seguía preocupado por el futuro de Lena. Al caminar por el pasillo me encontré a Haldir, que había ido por un vaso con agua, y al explicarle lo que acontecía, pidió sumarse al grupo. «Que el único elfo en La Tierra esté de tu lado, te conviene», dijo mi cuñado, así que acepté su ofrecimiento. Vestidos apropiadamente, con trajes los machos y con vestido largo las hembras, estábamos listo para presentarnos ante el Consejo de Alfas. Ravi abrió un portal y llegamos a Nuuk. En el hemisferio norte era verano, y la mañana empezaba al ser las 6 am, tres horas adelante del huso horario de Lima, aunque por esos días el sol no se ocultaba por completo por esas tierras muy al norte del planeta. Estábamos a las afueras de la mansión donde los antiguos alfas se reúnen dos veces al año con los actuales, así como en otras oportunidades, como la que nos llevó apresuradamente en esa oportunidad. Tocamos el timbre, y el Guardián de la Mansión nos abrió. Aswad era el nombre de ese enorme licántropo que por poco igualaba mi tamaño después de haber recibido la bendición de la Madre Luna. Proveniente de la Manada Tarek de Egipto, dejó a los suyos junto a su compañera eterna cuando el Alfa Kontar le pidió acompañarlo a Groenlandia porque sería uno de los miembros del Consejo de Alfas, esto hace cuatrocientos años atrás, así que, aunque Aswad no haya sido un Alfa, inspiraba respeto entre los actuales líderes de las manadas. Junto a Isis, su compañera eterna, eran el mayordomo y la ama de llaves de la mansión, los encargados de la supervisión de los demás licántropos que trabajaban en el servicio doméstico y la seguridad de la propiedad. – Manada Höller, bienvenidos –escuchamos decir a Aswad con una poderosa y grave voz-. Alfa Stefan, Luna Amelia, es para nosotros un honor tener al Puro que Aúlla y a la hija de la Madre Luna con nosotros –y el Guardián de la Mansión nos ofreció una reverencia-. Los antiguos Alfas los esperan. Caminamos detrás de Aswad hasta llegar a un salón cerrado por una enorme puerta de dos hojas. Era el salón donde los Alfas se reúnen y junto a los antiguos, que alguna vez fueron los líderes de las manadas, tomaban las decisiones que involucraban a todos los miembros de la especie de los licántropos. Los lugares para cada manada estaban designados en los asientos escalonados, mientras que los antiguos se ubicaban en los de la zona de abajo, enfrente de los restantes. Por manada se permitía la asistencia de diez miembros como máximo, y al ser treinta y cinco, se estimaba como máximo trescientos cincuenta invitados, además de los antiguos, que son doce. Si pensaron que había un antiguo por manada, se equivocaron. Cuando ellos decidieron formar parte del Consejo de Alfas, dejaron sus manadas, volviéndose una especie de conciliadores o jueces, dependiendo de los temas que se lleven ante ellos. Cuando ingresamos al salón, éramos los primeros en llegar. Los doce antiguos nos esperaban. El mayor de todos, el Alfa Sten, que tenía más de tres mil años, y alguna vez fue el líder de la Manada Jensen de Dinamarca -claro que cuando él estaba al mando aún Dinamarca no existía como tal- fue quien habló en representación de los antiguos. – Stefan Höller, nos alegra tenerte entre nosotros por primera vez, así como a los que te acompañan –el Alfa Sten superaba el 1.90 m y su cuerpo lucía fuerte y definido, aunque el color blanco de su cabello y barba delataba su longevidad-. Hija de la Madre Luna, es un honor conocerte. Los doce antiguos reconocemos tu procedencia divina y nos postramos ante ti –los antiguos se hincaron ante Amelia, agachando la cabeza. – Gracias por la bienvenida y haber aceptado mi solicitud de reunirnos extraordinariamente –dije y miré a Amelia, quien con una sonrisa me hizo ver que ella quería ofrecerles unas palabras al Consejo de Alfas. – Antiguos Alfas, agradezco la bienvenida y el respeto que me ofrecen –Amelia tocó el hombro de Sten, pidiéndole con un gesto benevolente que deje la reverencia. El mayor de los antiguos se irguió, y los demás siguieron su ejemplo-. En sus manos está dar el primer paso para la unificación de los pueblos sobrenaturales. Con esas palabras dichas por mi Luna, las únicas que mencionó durante nuestra visita al Consejo de Alfas, los doce antiguos entendieron que era necesario para que la Profecía se cumpla que todas las manadas pactemos con Los Dracul la alianza que unía a los licántropos con los vampiros. Al llegar los líderes de todas las manadas, la reunión extraordinaria dio inicio. El Alfa Sten me pidió narrar los hechos que me llevaron a pactar una alianza con Los Dracul, y tras terminar, todos los Alfas alzaron sus voces, indicando que irían a la guerra de ser necesario por proteger al clan vampírico. – La Manada Barone de Italia apoyamos la alianza que Los Höller han pactado con Los Dracul, y queremos sumarnos a ella. Si vamos a ir a la guerra que Satanás empiece con el propósito de retener a Los Dracul como sus aliados, debemos formar parte de esa alianza –dijo Gianluca, invitando a todos los Alfas a que se unan al pacto. – La Manada Foster de Alaska, la única que lleva siglos compartiendo territorio con vampiros que decidieron dejar sus clanes porque no compartían el estilo de vida que siguen, firmaremos la alianza con Los Dracul. Somos conscientes de que los hijos de las tinieblas no son diferentes a nosotros, que el pacto con Satanás es injusto y la fuente de los vicios que mantiene a los vampiros alejados de los otros pueblos sobrenaturales, por lo que defenderemos a aquellos que quieren romperlo –dijo el Alfa Lester, y con ello se reforzó aún más la idea de ayudar a Los Dracul a defender su derecho de dejar sin efecto el pacto con Satanás, uno que no estaban obligados a seguir. – La Manada Baranov de Rusia Occidental firmará la alianza –dijo mi primo Iván. – La Manada Evans de Inglaterra también se une a la alianza –dijo William. Cada Alfa empezó a tomar la palabra y manifestar el deseo de que sus manadas formen parte de La Nueva Alianza, como llamamos al pacto que unió a los licántropos con Los Dracul. – Tras haber manifestado las treinta y cuatro manadas restantes su deseo de ser incluidas en la alianza que Los Höller han firmado con Los Dracul, el Consejo de Alfas concluye que el acuerdo de colaboración que nos hace aliados con el clan vampírico sube de rango, siendo La Nueva Alianza un pacto entre licántropos y vampiros, a la cual, cualquier otro clan o grupo de hijos de las tinieblas renegados se podrá unir tras abandonar el pacto con Satanás –dijo Sten con voz de alfa, sellando así lo acordado por las treinta y cinco manadas-. Alfa Stefan, el Consejo de Alfas lo faculta a ir ante el pueblo de los brujos, hadas y felinos, si logra encontrar a estos últimos, en representación de los licántropos para conseguir más aliados –Sten miró a Haldir, quien estaba detrás de mí-. Haldir, el elfo, al ser el único de tu pueblo entre nosotros, será tu palabra la que determine si tu pueblo formará parte de La Nueva Alianza –Haldir dio un paso adelante, y enfrente de todas las manadas, manifestó su sentir. – Con casi mil años de vida, no soy tan antiguo como tú, Sten Jensen, Gran Alfa de Dinamarca –empezó así a hablar Haldir-, sin embargo, al ser un elfo, al nacer lo hago con todo el conocimiento que comparte mi pueblo tras milenios de existencia en La Tierra. Los míos provienen de aquellos cercanos al Dios Supremo que decidieron encarnar para proteger su creación, por lo que sabemos muy bien de lo que es capaz Satanás con tal de alcanzar sus fines –Haldir hizo silencio por unos breves segundos, tiempo en que con la mirada barrió todo el salón-. Licántropos y sobrenaturales que forman parte de alguna manada por predestinación, no duden que cuando el pueblo de los elfos regrese a este mundo apoyará la lucha por unificar a los pueblos sobrenaturales en una gran nación. Nosotros llegaremos cuando El Híbrido se manifieste, no obstante, hoy firmaré en representación de los míos La Nueva Alianza, ya que yo, como único elfo, iré a la guerra junto a mis hijos, híbridos de elfo y licántropa, para defender el derecho de Los Dracul de decidir cómo quieren vivir. Ante lo dicho por mi cuñado elfo, todos en el salón del Consejo de Alfas alzaron vítores, ya que era el primer pueblo sobrenatural, además de licántropos y vampiros, que se unía a La Nueva Alianza. «Este día es el primero en el cual se empieza a escribir la nueva historia de los pueblos sobrenaturales», me dijo mi Luna, y yo la cargué en mis brazos al sentirme feliz, por primera vez, de formar parte de la Profecía y hacer todo lo necesario para que esta se haga realidad.
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