bc

El Silencio De Una Vida Correcta

book_age18+
2
SEGUIR
1K
LEER
oscuro
familia
heroína genial
doctor
drama
bxg
serio
brillante
like
intro-logo
Descripción

Eleanor Whitmore tiene la vida que muchos envidian: prestigio, estabilidad, elegancia, un futuro cuidadosamente planeado.Lo que nadie ve es el silencio interior que la acompaña cada día.Cuando un intento fallido de suicidio la lleva a un hospital psiquiátrico en Boston, Eleanor no despierta con ganas de vivir, sino con una pregunta más peligrosa:¿y si nunca eligió su propia vida?Entre diagnósticos, conversaciones incómodas y personas que parecen más rotas pero también más vivas que ella, Eleanor comienza un proceso que no se parece a la sanación tradicional. No hay promesas de felicidad, solo confrontaciones honestas con el miedo, el deseo y la libertad.Esta es una historia sobre el vacío que se esconde detrás del éxito, sobre las decisiones que postergamos por comodidad y sobre lo difícil que resulta vivir cuando ya no quieres huir.Una novela psicológica, profunda y provocadora, para quienes alguna vez sintieron que cumplían con todo… excepto consigo mismas.

chap-preview
Vista previa gratis
1- La noche en que decidí desaparecer
El corrector bajo sus ojos era perfecto. Eleanor Whitmore observó su reflejo unos segundos más de lo necesario. No había rastro de cansancio ni de duda, solo control. Siempre control. El apartamento estaba en silencio, un silencio limpio y ordenado que combinaba con muebles caros y agendas llenas. Caminó descalza hasta la mesa donde el frasco de pastillas ya la esperaba. Lo tomó entre los dedos; pesaba menos de lo que imaginaba. —Siempre supe resolver problemas —murmuró. Giró la tapa. El sonido seco del plástico rompiéndose resonó más fuerte de lo esperado. Las pastillas cayeron sobre la mesa, pequeñas e inofensivas. Mentían. Las alineó con cuidado, como si organizara un proyecto más. Una. Dos. Cinco. Diez. Su teléfono vibró, pero no lo miró. Sabía que sería alguien necesitando algo, como siempre. Hoy no. Hoy nada era urgente. Tomó la primera pastilla. El sabor amargo se extendió por su lengua. La segunda bajó más fácil. La tercera dejó una presión leve detrás de los ojos. El reloj marcaba las 11:43 p.m. Se apoyó en la mesa mientras tragaba otra. —Mañana no tendré que sonreír —susurró. Su corazón comenzó a latir extraño, no rápido, sino irregular. El aire se volvió más denso. Intentó respirar profundo, pero no ayudó. El ascensor sonó en el pasillo. No levantó la mirada. Nadie venía. Nadie nunca venía. Se puso de pie y el mundo se inclinó sin previo aviso. La mesa pareció moverse, o tal vez fue ella. El frasco cayó al suelo con un golpe seco. Intentó agacharse, pero las piernas no respondieron. El aire se volvió pesado, demasiado pesado. Un golpe fuerte en la puerta la hizo fruncir el ceño. —¡Eleanor! No reconocía la voz. El picaporte giró. Un segundo golpe hizo ceder la cerradura. La puerta se abrió y una figura alta entró con rapidez. Oscuro, decidido, demasiado seguro para ser un error. Sus ojos recorrieron la escena: las pastillas, el vaso, la carta. Luego se clavaron en ella. —Mierda… La sostuvo antes de que cayera por completo. Su brazo rodeó su espalda con firmeza y calidez. Eleanor intentó enfocar su rostro. No lo conocía. Pero algo en él no encajaba. No parecía sorprendido. Parecía haber llegado justo a tiempo. —¿Quién estuvo aquí contigo? —preguntó con una voz baja y controlada. Eleanor quiso responder, pero la oscuridad cayó sobre ella antes de poder hacerlo. El sonido llegó primero. Un pitido constante, agudo, persistente. Después la presión en su garganta. Algo invadía su vía aérea, algo que le impedía respirar por sí misma. Eleanor abrió los ojos apenas. La luz blanca del hospital le quemó la visión. Intentó moverse, pero su cuerpo no respondió. Su pecho subía y bajaba con un ritmo que no era suyo. El aire entraba y salía de manera forzada, mecánica. Había un tubo. Lo sintió profundo, incómodo. Intentó tragar, pero no pudo. Sus manos apenas se movieron; estaban aseguradas con suavidad para evitar que se lastimara. El monitor marcaba cada latido. Irregular. Inestable. —Saturación 88… subiendo. —Mantén ventilación asistida. —Presión inestable. Las voces eran rápidas y precisas. Alguien ajustó el ventilador; el flujo de aire cambió, más fuerte, más profundo. Su cuerpo reaccionó por instinto, no por voluntad. El pánico subió como una ola fría. Su mente gritaba, pero su cuerpo no respondía. Una mano tomó la suya. Cálida. Firme. Eleanor movió los ojos con esfuerzo. Era él. Sentado junto a la cama, observándola con una atención que no parecía casual. No sonreía. No parecía aliviado. La estudiaba. Sus dedos apretaron levemente los de ella. —Tranquila… sigue respirando. No sabía cómo hacerlo. El monitor comenzó a marcar una frecuencia más rápida. —Arritmia leve. —Prepárate por si cae. El aire volvió a cambiar. Más presión. Más invasivo. Eleanor cerró los ojos. Así se sentía morir. No era dolor. Era perder el control, ser consciente y no poder hacer nada. Sus dedos se movieron apenas y él lo notó de inmediato. Se inclinó un poco más, demasiado cerca. —No te mueras ahora… no todavía. No era una súplica. Era una orden. El monitor emitió un pitido más agudo. Un segundo. Dos. El ritmo cayó. —¡Presión bajando! —Vasopresor listo. Un medicamento frío recorrió su vena a través de la línea intravenosa. Su cuerpo respondió con un leve espasmo. El monitor volvió a marcar latidos, débiles pero presentes. Seguía viva. Por poco. El tiempo dejó de tener forma. Eleanor no sabía si estaba completamente despierta o aún sedada. El tubo seguía en su garganta, pero la ventilación era más estable. Su cuerpo estaba débil, pesado, como si flotara bajo el agua. Sintió su mano. Él no se había ido. Sus dedos rozaron los de él en un movimiento casi imperceptible. Él reaccionó de inmediato y se inclinó más cerca. Su rostro quedó a poca distancia del suyo. Podía sentir su respiración tibia sobre su piel. —Sigues aquí… Había algo en su voz que no era simple alivio. Algo más profundo, más oscuro. Eleanor no podía hablar, pero podía escuchar. Y pensar. Algo no encajaba. No en la forma en que la encontró. No en la manera en que estaba allí, como si hubiera sabido que debía estar. El monitor seguía marcando un ritmo frágil. Cada pitido era una advertencia. Podía detenerse en cualquier momento. —No fue suficiente… —murmuró él, casi inaudible. Eleanor no entendió la frase, pero su instinto sí. Una sensación incómoda se deslizó por su conciencia debilitada. Esto no había salido como esperaba. Los médicos regresaron para revisar parámetros. Ajustaron el ventilador, comprobaron presión arterial, frecuencia cardíaca, niveles de oxígeno. El tubo seguía asegurado, la línea intravenosa funcionando, los monitores atentos. Pero Eleanor no miraba a los médicos. Miraba a él. Porque algo dentro de ella lo sabía: ese hombre no era una coincidencia. El monitor emitió un sonido irregular, más prolongado. La línea tembló por un instante. Un segundo más y podía desaparecer. Y mientras el equipo médico reaccionaba, mientras las manos trabajaban con precisión sobre su cuerpo frágil, Eleanor comprendió algo que la sostuvo incluso en la oscuridad que volvía a envolverla: Si sobrevivía… nada volvería a estar bajo control.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
58.8K
bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
65.1K
bc

Lecciones de Papi

read
23.4K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
26.7K
bc

La Venganza De La Ex-Luna

read
5.3K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
222.1K
bc

La joven Ceo

read
16.7K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook