Todo era perfecto.
Era una secretaria promedio, dueña de su propia casa, un sueldo fijo, no alto pero fijo y con grandes aspiraciones para un futuro no tan lejano.
Lo mejor de todo, a mi parecer, no era que podría pagar mis deudas, o ser independiente, para nada, lo mejor era mi novio.
Mi lindo encantador y sexy novio, y con esa descripción me refiero a mi jefe.
Sí, era la historia perfecta de la secretaría que mantiene una relación con su jefe. Los secretillos de pasillo, los susurros en la fotocopiadora, las miradas sugerentes en las reuniones, las horas extras en las que no se trabajaba del todo ... la sensación de que era una relación prohibida, daba sabor a nuestra historia.
Y es que en las historias de princesas era igual. ¿Acaso la princesa Yasmín no tenía una relación prohibida con el ladrón de Aladdin? O en las teleseries ... Por donde se viera, las mejores historias de amor eran prohibidas.
Repito, todo era demasiado perfecto para ser real. Mi historia de amor cumplió con todos los tópicos de las mejores historias de princesas, la chica tímida y el hombre sexy que todas las mujeres deseaban, pero él, por cosas del destino, se encariñaba con la más discreta, es decir, conmigo.
Y por tercera vez, todo era perfecto.
O al menos yo vivía en esa burbuja, en esa pantomima donde todo era una utopía, porque específicamente hoy, en nuestro primer aniversario, el que era mi novio, cortarme.
Y no hubo sutileza en sus palabras cuando me mandó a la mierda bajo el pretexto de que ya no lo complementaba como antes, de que no era lo que pensaba y que ni siquiera lo lamentaba, pero tenía que terminar con nuestra perfecta relación, perfecta al menos para mí, antes de que él se fuera al garete con una mujer tan sobria y sin chiste como yo.
Sus palabras, no mías.
Lo malo de todo esto, es como como soy su secretaria, el muy malditamente hermoso de mi jefe no calculó que requerirá que nos veamos ocho horas diarias, cinco días a la semana, muchas semanas al año y muchas veces más.
Y mi mejor amiga, cuando le conté un moco tendido que me había dado el corte, no encontré mejor idea que sacarme para disfrutar lo que me ofreció una noche de desenfreno estando soltera.
-Tienes que ver lo bueno que están los hombres, no tienes que llorar por esa mala imitación de príncipe azul.- Karen tenía una idea bastante distinta de los hombres. Para ella, hasta que no llegara el hombre indicado, toda persona de sexo masculino servía para pasar un buen rato.
Y ese era el otro problema, pues, pasara lo que pasara, no dejaría de ver a Mariano como el semi Dios que se dignó a bajar su mirada y prestarme algo de atención. Porque había sido ser sincera, yo no era la gran cosa; No era rubia ni tenía curvas de guitarra. Y tampoco resaltaba por mi personalidad. Yo era más bien del tipo castaña clara con ojos claros, piel blanca y si bien no era una tabla, tampoco tenía tantas curvas para lucir. Tampoco me gustaba apantallar, para mi, mientras más desapercibida pasara para la gente, mejor.
Metí la cuchara en el tarro de helado sabor chocolate. Había entrado a internet en busca de diferentes maneras para superar una ruptura, y tomar helado me pareció más accesible para mi, ya que no tenía dinero como para ir a otro país ni hacer actividades extravagantes.
-No. Él era ... él era ...- Sorbí mis fluidos nasales con cero elegancia.- Él era el amor de mi vida y lo perdí.
En cierto punto, eso era un poco falso. No lo había perdido del todo, podría trabajar, esforzarme, cambiar las cosas que él tenía mal en mí, reconquistarlo y seguir en nuestra perfecta burbuja. Teniendo siempre el miedo a que se reventara y el ciclo se repitiera.
-No me vengas con eso, Alicia.- Sus cejas se juntaron, formando una línea.- Vale, quizás Mariano nos simpatizaba pero eso no era excusa para que se comportara como lo hizo. Ya está en mi lista negra y créeme cuando te digo que no va a salir de allí. Así que no hablemos más, te cambias de ropa y vamos de copas.
Lo malo de estar en esta fase de la ruptura, es que lamentablemente no tenía ni voz ni voto en mis acciones. Todo ese poder se lo había delgado a Karen.
Y en consecuencia con lo anterior, me encontraba envuelta en un vestido que pasaba por playera, los labios rojos carmesí y unos tacones que me hacían ver quince centímetros más alta.
De mala gana saqué el dinero de mi bolso de mano y se lo entregué al tipo de la boletería, ganándome un pase al bar discoteca.
El ambiente estaba cargado de humo, lo que hizo que arrugara la nariz en un acto reflejo. Me desagradaba de sobremanera el olor a cigarro. También las bebidas alcohólicas, aunque al parecer no lo recordé esa noche, pues a las dos horas de haber llegado, me encontraba ebria en la barra pidiendo otro trago de lo que sea que haya tomado todo el tiempo.
-¡Le entregué todo al maldito desgraciado!- Solté las palabras al viento, percatándome de la presencia de un desconocido, el cual me miraba de hace bastante rato.
El trago llegó y cuando tuve el cristal en mi mano, lo alcé, inclinando la cabeza hacia aquel hombre a modo de brindis.
No tardó en llegar a mi lado en apenas tres zancadas, o pudieron haber sido más... Mi estado etílico era tan penoso que no podía contar.
-¿Estás sola?
¿Es que acaso no había oído mis palabras sobre mi hermoso ex novio y Adonis al que le entregué todo?
-Aprende a escuchar maldito c*****o. Me han cortado.- Probablemente si estuviese sobria me hubiese avergonzado. Odiaba decir palabrotas. Escucharlas era gracioso, pero decirlas... Nunca había escuchado a una princesa decir groserías.
Las facciones duras de aquel hombre se relajaron un poco. No se si fue el el alcohol, pero juraría haber visto una media sonrisa.
-Entonces puedo invitarte a una copa.
-Mientras la pagues tú, está bien, porque no se donde esta mi bolso ni la que se hace llamar mi mejor amiga. ¡Karen!- Grité a todo pulmón en medio de la música.- Ven aquí chiquilla del demonio, que por tu culpa estoy así.- Miré a mi alrededor y la vi en una esquina con un baboso devorándole los labios.- ¡Eres peor que una cría hormonal!- Seguí gritando aunque sabía que ella no me escuchaba. Tomé el vaso y lo balanceé en su dirección.- ¡Perfecto! ¡Yo también puedo ligar!- Me volví hacia el desconocido y le hablé.- ¡Tú! ¿Quieres ligar conmigo?
Ahora si podía asegurar haber visto una risa en sus facciones. ¿Qué le causaba gracia? ¿Mi penoso estado etílico?
-Eso estaba intentando hacer desde que te vi y hasta que le gritaste a tu amiga.
-¿Me estás regañando? Eres un idiota. Igual que todos los hombres. ¿Te dije que mi novio me dejó? En nuestro aniversario. De todas formas debí haber previsto que esto iba a pasar. Era demasiada maravilla junta, además de que las cosas en la cama no estaban funcionando...- Me calle cuando me di cuenta de la información que estaba entregando. ¿Bueno y qué más daba? Si el me había humillado yo también podía hacerlo un poco.- Su amigo no me respondía ¿Sabes? Creo que descubrí una caja de pastillas azules en su velador, pero ya no me acuerdo ¡Porque estoy ebria!- Solté una carcajada.
-Deberíamos estar ligando. Yo debería tener mi boca sobre la tuya en estos instantes.
Corté mi risa.
-Vale, vale tienes razón.- Lo tomé de las puntas de su camisa y lo acerqué a mi. Quería besarlo. No. Necesitaba besarlo. No sabia por qué, quizás para demostrarme a mi misma que no era una perdedora, como me hizo sentir Mariano. Quería atribuir mis ganas de besarlo a eso, en lugar de a lo guapo y deseable que era aquel hombre. Nuestros labios quedaron a un centímetro de distancia, podía sentir incluso su aliento con olor a whisky y algo de menta, y fue justo cuando cerré mis ojos para dar el movimiento final, que me acordé de algo...- ¡Los mejores años de mi vida! ¡Le di los mejores años de mi vida! ¡Se los di en bandeja!
Solté una carcajada más fuerte aún.
-¿En serio?- Preguntó el hombre con sus manos en mi cintura y con las pupilas dilatadas. Supe que no se refería a lo que me había acordado, sino a lo que había interrumpido, pero aun así continué.
-Te lo prometo. Los mejores. Era joven, recién había empezado a trabajar... Quería comerme el mundo...
-Y yo te quiero comer a ti...
No sé si fue el alcohol que me volvía mas osada, pero no me ruboricé, sino que me mordí el labio, guardando el suspiro placentero que amenazó con salir.
-¡Es cierto! Nos estábamos liando.- El hombre apretó su agarre en mi, pero una de sus manos se dirigió a mi nuca para acercarme al aroma mentolado de sus labios, el cual me parecía apetecible. Volvimos a quedar cerca, más que hace un rato. Era demasiado tentador sentir su aliento en mis labios, pero...- ¿Puedes creer que hayamos roto en nuestro aniversario? O sea, él me cortó a mi. Fue cruel... Es como si hubiese esperado ese día para tratarme pésimo... ¿Tu lo harías?- Al ver su mirada de impaciencia preferí no preguntar más.- Vale, lo siento, lo siento... Si ya voy a besarte...
-No, nena... El que va a besarte seré yo.- Me daba igual, el resultado iba a ser el mismo.
Pero antes de que alcanzáramos a estar cerca, sentí cómo mi estómago se revolvía y de mi boca salía todo el alcohol bebido en la velada, en forma de vómito y cayendo directamente en su pantalón de marca, el cual supuse, costaba más de lo que ganaba en un mes.
Levanté la mirada hacia él. Tenía los ojos cerrados, la mandíbula apretada y apostaría que la vena de su frente se hinchó un poco. Fue cuando abrió sus ojos y me miró, que realmente lamenté la situación en la que me encontraba.